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miércoles, 21 de septiembre de 2011

Llegada a Santiago, casa del Primer Testigo.

Tras la quema de la casa de sus padres Marina se movió por su Villa intentando averiguar que iban a hace ante la próxima guerra. El pueblo se reunió en la iglesia del pueblo y deciden que se quedan allí y si tienen que luchar lo harán. Allí aparece un enmascarado, llamado Andrés, dispuesto a reclutar gente hábil y astuta para la Resistencia de los Terreros en Santiago, formada por unos pocos espadachines, ladrones y espías. A Marina le gusta la idea y decide ir a Santiago a ayudar a que su pueblo no sea quemado por las llamas de la guerra y así poder salvar a sus padres que parecen que están allí. El Barón decide que su hijo está ablandado por su título y lo alista en la resistencia del pueblo para que se haga un hombre. Cintia tiene un empleo de herrera en Santiago, así que marchará con ellos. Todos, Ramiro León, Castellanos, Alonso (que se va con una mercenaria eisena) se marchan hacia Santiago, menos Marina y Cintia que deciden ir más tarde, no tienen ni caballo, ni casa ni dinero, pero hay que empezar a buscarse la vida. Roban un caballo blanco precioso que hay en las cuadras del Barón (para poder marcharse) con la ayuda de Josué, Blas y Clara (los niños huérfanos del pueblo)Marina le ofrece frutade forma casi reverencial a un digno caballo blanco y éste sale como si de un señor noble se tratara. A partir de aquí huyen a caballo robado por toda la Villa mientras los guardias intentan cerrar las puertas de la empalizada. De forma frenética y triunfal, Cintia y Marina dejan el hogar del que nunca han salido y al que no parece que vayan a volver dentro de poco. Marina recoge a su amigo goblin (que por lo visto tenía una deuda con su padre y se dedicaba a espantar los cuervos de su campo desde siempre) Su aventura les espera. Ha llegado su momento.

Cabalgan por el camino y se meten por la Sierra del Testigo para llegar a Santiago donde están los padres de Marina. De repente el suelo tiembla. "Esto no me gusta nada" se dicen. De repente se encuentran con una veintena de jinetes emplumados. Marina y Cintia descubren que están en territorio enemigo, de Montainge y que portan muchas, armas. El viejo capitán Sebastien del 7º de húsares del Rey Sol las trata como lo que son, enemigas, y las maltrata un poco y las lleva después de un forcejeo hacia el cuartel de los Gascones del Teniente Félix Marangio. Sebastien y Félix discuten sobre que hacer con las prisioneras, pero Félix parece estar harto de aquella guerra. Félix le dice a Sebastien que ésa es su jurisdicción y que él decidirá si se las ejecuta o no. Sebastien con odio accede y se marcha, pero decide que el goblin y el caballo de la chica podría ser un gran arma política de fe en Montaigne para contentar al Rey Sol y a sus allegados que dudan de él en esta guerra. Félix asiente. Después félix habla con las dos chicas, y ellas descubren que realmente están ante un hombre obligado a servir en la guerra contra su voluntad. Félix no cree que esas dos muchachas sean soldados ni espías, así que decide tener un duelo con Marina Oliván rodeados de los soldados. Ella perdió el duelo, como era de esperar. "Éste es mi juicio- dice Félix- no hay ni espía ni soldado, tan solo dos muchachas que van por su antigua tierra, armadas solo por poder defenderse". Dijo que les conseguiría sacar a través de trabajos forzados destinados a las mujeres castellanas, pero de momento se tenían que quedar en las celdas. En las celdas se encuentran a un carcelero enorme (y algo subnormal) y a Antonio Cortés el Patillas, un bandolero torturado. Tras una estrategia dirigida por Marina Oliván con la indiscutible ayuda de su goblin (y su uso del Glamour y bueno, porque es blandito y algo viscoso), consiguen salir de las celdas en silencio con Antonio Cortés durante los fusilamientos de los otros presos. Ya fuera Cintia se corta el pelo y le corta por obligación el pelo a Marina, para no ser tan descaradas. Los tres, las dos campesinas y el bandolero, se esconden en los campos de prácticas de tiros para idear un plan para llegar hasta el caballo blanco que ellas tienen. Marina tras recuperar sus armas haciéndose pasar por prisionera que sirve vino, intenta trajinarse a un soldado borracho y le lleva a las cuadras para tener un poco de intimidad. Ya allí lo deja inconsciente y lo mete en la paja. El resto...imaginaoslo. Salida de todos los caballos de la cuadra a toda velocidad, un campamento en pie de guerra, Félix luchando en un duelo a muerte con Marina Oliván y un bandolero pegando trabucazos por doquier. Aventuras y cafradas al puro estilo de 7º Mar. Tras una enorme persecución en el que Marina Olvián hace gala de su uso de la pistola-gancho saltando a lo alto de la muralla y abriendo las puertas, son emboscados por Sebastien y el 7º de húsares los cuales empiezan una peligrosa persecución por los barrancos de la Sierra, donde cayeron muchos húsares. Sebastien es emboscado por Alonso Lara, su mercenaria eisena Galianna y la cuadrilla del Patillas. Sebastien es capturado pero mata a sus hombres que huyen. Marina cae inconsciente tras tantas heridas sufridas y emociones. Cuando despierta se encuentra con los bandolers y mantiene una conversación con Alonso. El caballo blanco por lo visto era suyo, pero nunca lo domó, porque es un caballo pura sangre castellano, y a éstos tienes que tratarlo como un señor...Marina le ofreció de forma reverencial fruta fresca a ese caballo, por lo que se ganó su privilegio de cabalgar sobre Ventisca...su precioso y único caballo blanco. También descubrió que Alonso nunca quiso casarse con ella, sino por compromiso de hacer feliz a su padre, cuyo deseo es verle casado antes de fallecer. Marina y los demás se reúnen y deciden atar a Sebastien a caballo y lo mandan de vuelta a su cuartel, de forma indigna. Sebastien dice que Félix lo lamentará. Antonio Cortés el Patillas, Sancho el Navajas y Carlitos el Niño les agradece a Marina su libertad y que si una vez necesita de bandoleros, no duden en llamarlos. Tras una despedida Marina, Cintia, Alonso y Galiana retoman su camino.

Marina llega a la ciudad de Santiago en busca de sus padres capturados por su malvado tío (del cuál desconoce sus intenciones y sus motivo). Se colaron en la ciudad limando los barrotes (con paciencia...mucha paciencia) de los canales del foso de la muralla que lindaban con el castillo del Marqués. Allí dentro empiezan a vagabundear por la noche de la ciudad castellana ocupada por la guardia nacional de Montaigne. Marina, Cintia y Alonso empiezan a esquivar a los guardias...pero al no conocer las rondas y rutas de éstos, acaban arrinconados en una calle. Cada uno corre en una dirección pero se dan cuenta de que han metido en un serio a un pobre niño que estaba escondido en esa misma calle. Marina en un ataque de altruismo decide volver a rescatar al chaval y acaba encañonada por la guardia de Montaigne. Éstos no muy amablemente les piden los papeles del ejército que les otorga derecho de deambular por las calles de noche...evidentemente, ni Marina ni el chico, el pequeño Joselito, tienen tales documentos. Justo cuando van a ser arrestados, una veloz y oscura sombra ensarta a los guardias entre espadazos, acompañado de una mujer de totalmente de negro, como una viuda, que porta unas hebras en sus guantes. El espadachín oscuro y la urraca negra (por llamarla de alguna manera) salvan a los indefensos castellanos. Tienen acento vodacciano...pero no parece que se sepa sus nombres. El vodacciano se para y mira a unos indefensos Marina Oliván y Joselito, que no saben si agradecerles a estos personajes oscuros que los hayan liberados...porque los que venían tampoco tenían pinta de buenas personas. La viuda negra empieza a hablar con el espadachín oscuro y llegan a decir que la muerte de dos jóvenes y de 4 guardias en la misma calle podría provocar que la guerra entre Montaigne y Castilla se recrudecería... y eso les gustaba. "Porque...-le dijo el espadachín oscuro con acento vodacciano antes de querer dispararla- la guerra y el odio son monedas en las arcas de los Villanova" Tras esto apareció un enmascarado en disputa desde los tejados y tras un combate espectacular entre el espadachín vodacciano y el enmascarado y Marina Oliván con la viuda negra (con el resultado de que ésta le arrancó un mechón de pelo, a saber para qué le puede servir) los vodaccianos escapan porque la guardia vuelve por su ronda. El enmascarado ayuda a Marina y a Joselito y se los lleva al tejado de la casa más próxima. Allí en los tejados se presentan. El enmascarado dice que es uno de los miembros de la Registencia de los Terreros y que sus enemigos le llaman Mala Hierba, puesto que por muchas veces que creen arrancarlo, éste sigue vivo. Y Joselito parece que es un huérfano que trabaja para la misma resistencia. Marina descubre, hablando con Mala Hierba y con los documentos mountaignere que la red de espías de Joselito han conseguido, que sus padres han sido encerrados en el castillo de Santiago (ahora del Mariscal) por un caballero de la Rosa y la Cruz llamado curiosamente igual que su tío. ¡Su tío es un Caballero de la Rosa y la Cruz! Los mayores héroes espadachines de la historia... Por lo visto el Mariscal Charles Dupont (el general mountaignés que ha conquistado el castillo de Santiago) dio beneplácito a ofrecer las celdas de su castillo debido a que estaba firmada por el Maestre de la Rosa y la Cruz Sices du Sices (alguien muy importante) También se enteró por parte del enmascarado que a su padre se le acusaba de traición a la Rosa y la Cruz y a su madre de conspirar contra la corona castellana (wtf?) Marina pregunta por la Registencia, pero parece que la única manera de encontrarla es...siendo astuto. Así es como se gana uno el derecho de pertenecer a ella.

En fin...la aventura sigue. Y cada vez es más emocionante.

sábado, 2 de julio de 2011

Resumen de partida: El principio de algo nuevo...otra vez (Sesión introductoria)

Aquí empieza la vida tranquila de Marina Oliván, un campesina de 17 años de la villa de Santa Elena cuya mayor preocupación es recoger lo sembrado en el campo, hacer trabajar el molino de su familia y preguntarse cuánto les va a durar ese pollino que está ya para el arrastre.
Su aventura comienza como un día cualquiera cuando amanece en la campiña castellana. Marina, arrastrada por la mala influencia de su amiga Cintia Ruiz, espera al amanecer para robar unas frescas y jugosas sandías en el campo de Mauricio el Roñoso, su vecino. Mientras corren con el preciado tesoro, su vecino alza su hoz por encima de la hierba y las persigue entre las plantaciones, intentando identificar a los ladronzuelos que le roban. Para ello, con gran maldad, Mauricio suelta a Napoleón y a Salchichitas para que cace a los ladrones, pero el bulldog francés y el pequeño caniche no imponen demasiado, eso le pasa por creer que los perros del extranjero son mejores, a los roñosos son los fáciles de timar.
Tras su pequeña travesura, Marina y Cintia se reunen en la vieja granja abandonada, que hace las veces de granero alguna vez. La granja siempre ha estado así y no parece que nadie la quiera reparar. Marina y Cintia, amigas de la infancia, discuten sobre sandías y melones. Mientras mira intensamente las frutícolas, a Cintia le llega una duda existencial de sobre por qué algunos hombres llaman a los senos femeninos "melones". Tras una conversación amena entre chicas, la campana del pueblo suena, y la villa comienza a despertar. Cintia, con la excusa de que ahora trabaja para el herrero del pueblo Julián Montalbán, le da el resto de las sandias a Marina y se va hacia la villa. Marina, por otro lado, aun sospechando de las extrañas buenas intenciones de su amiga, acepta llevarse la fruta.
Marina llega a casa y se encuentra con que su vecino Mauricio el Roñoso está pidiendo explicaciones de quién le roba las sandías. Su padres, Tomás y Beatriz, pagan el coste de lo robado, sabiendo que su hija ha vuelto a hacer de las suyas bajo la mala influencia de la huérfana Cintia. Beatriz, queriendo ser educada (sólo, educada) le invita a tomar algo a su vecino como disculpa, pero Mauricio en vez de tomar la mano que se le tiende, toma todo el brazo y se queda a desayunar. Marina intenta entrar en casa con la sandía por el patio gallinero, y hace gala de una buena maña para no despertar a esas locas gallinas. Cuando entra en casa Mauricio no tiene más remedio que acabar enterándose que la que roba las sandías es Marina, sólo ella, pues entró en casa con las pruebas del crimen. Por otro lado, Cintia, mientras va hacia la forja del pueblo, se ríe malvadamente pues sospecha que su plan ha salido a la perfección y está libre de sospecha de robar sandías.
Tras el desayuno, el pueblo se viste para acudir a misa, y la familia Oliván no son menos. Allá en la villa, la misa se hace interminable, pues aparte de que son largas de por sí, más lo son si el cura es tartamudo. El pobre Padre Merino tiene problemas para hablar en público. De hecho, hay misa porque una de las monjas le empuja hacia el altar para que hable. La misa se hace interminable y las mujeres se abanican con aburrimiento. Llega el momento de consagrarse y las familias van hacia el pater para tomar la consagración. Marina y Beatriz van, mientras su padre las espera en el banco. Marina le pregunta a su madre por qué nunca va su padre a tomar la consagración, y ella le responde que su padre "no cree que el cuerpo de los profetas esté en una galleta". Algunas feligresas que chochean ya se escandalizan ante tal comentario en la iglesia, pero a los 5 minutos se olvidan y siguen abanicándose casi con furia. El primero en consagrarse es el Barón Lara y su hijo, Alonso Lara, el picha brava (o eso quisiera) de la villa. Tras tomar la comunión saluda a Marina en la cola de la misa, y la saluda como un caballero, tomándola de la mano y besándosela (todo un escándalo en una iglesia). Al retirar la mano, Marina ve como le ha dejado un papel donde le ha dejado escrito Alonso Lara que se encontraran después de la misa en la vieja granja abandonada, ellos solos. Las viejas vuelven a chismorrear escandalizadas, llamando a Marina de todo menos bonita, que si es una pelandrusca que hace que los hombres hagan cosas blasfemas en la iglesia, que las muchachas de hoy en día eran unas frescas y bla bla bla. Otra cosa que avivó los comentarios hacia Marina en el pueblo, era que se levantara para acercarse al altar para darle la paz del Señor al padre Merino, cuando éste siempre se muestra aparte en este tipo de cuestiones. Ni qué decir que se podía freír un huevo en la cara del pater, mientras la monja se reía inocentemente ante la situación, mientras los comentarios negativos hacia las hijas de los Oliván crecían por las chismosas: " va a por todos los varones, incluso se le insinua al cura, qué buscona" siguen diciendo más o menos las viejas. Al fin y al cabo, es un pueblo. Sus padres por el contrario les da igual, incluso aprueban que su hija lleve contraria a la gente (más que nada porque ellos eran igual a su edad)
Más tarde, Marina se reune en la granja abandonada con el futuro barón, el señorito Alonso Lara. Le esperaba tras la puerta, encerrándola justo cuando ella entrara. Allí declaró su amor (de forma muy patética) haciendo símiles de su persona con una estrella y chorradas varias y otros comentarios hirientes y pomposos como "deja tu burro y cásate conmigo", le dice mostrándole un anillo con el nombre de su amada Marina grabado (de todos los anillos que tenía acertó con el que correspondía). Marina, viendo que no había por donde huir, pues él estaba bloqueando la salida astutamente, se le abraza emocionada (para poder alcanzar el pomo del portón) mientras él no paraba de preguntar emocionado "¿eso es un sí?". Marina lo sigue abrazando y le da la vuelta, estando ahora ella cercana a la puerta, se separa de él y le responde "eso es un...¡tengo prisa!" dice locamente mientras cierra de un portazo la granja abandonada y sale corriendo como alma que lleva el diablo. Lo que nadie había previsto es que fue tal el portazo que pegó Marina que la granja se derrumbó parcialmente encima del hijo el barón. Cuando Marina vió que el hijo del barón estaba ileso mientras sacaba una mano entre las vigas con el anillo, todavía pidiéndola en matrimonio, salió corriendo hacia su casa.
Allá en casa lo primero que hacen sus padres es mirar la mano de su hija, y al ver que seguía desnuda respiraron con alivio. Con esto salió el tema de las pedidas de mano y su hija Marina pregunta cómo fue la suya, la de sus padres. Éstos se miran y misteriosamente cambian de tema con gran descaro, lo cuál le toca un poco la moral a su hija.
Tras preparar Marina las últimas piezas de alfarería, se dispone a secarlas y llevarlas a la feria del pueblo con su gran pollino valiente. Su padre Tomás sugiere vender el pollino pues ya está para el arrastre, pero su hija Marina se niega rotúndamente ¿le habrá cogido cariño al burro?
Allá en el pueblo hay un heraldo hablando encima del pozo, contando las nuevas, sobre cómo los cardenales han decidido disolver el Tercio Viejo de San Juan y que hay que racionar la comida porque Mountaigne está bloqueando los puertos castellanos. Marina se mete en la feria y consigue vender algunos botijos de barro cocido de forma extraña, pero curiosa. Allí se encuentra un puesto de metales forjados, donde está su amiga Cintia vendiendo materiales de la forja del pueblo. Se quedan charlando y Marina se da cuenta del poco arte y paciencia que tiene su amiga para vender productos. Al final acaban hablando del hijo del barón y Marina le cuenta que acababa de pedirla en matrimonio en el viejo granero. En ese momento Marina descubre que a Cintia también intentó "conquistarla" el susodicho, pero que ella no le dió bola porque esperaba a que lo hiciera de nuevo de manera menos cutre. También se dió cuenta de que Cintia está un poco encoñada de Alonso Lara, por lo que empezó a tirar de los pelos a su amiga por envidia en mitad de la feria. Al final de la conversación, Cintia le acaba vendiendo una daga que no corta, pero al desprenderse la hoja de la empuñadura, Marina decide quitarle una lima sin que se diera cuenta para compensar el timo.
Josué, Blas y Clara, los huérfanos del pueblo, le robaron la lima en la feria y persiguiéndolos conoció a Ramiro, maestro de escuela, aunque solo sabe impartir historia. Allí hablaron sobre el Tercio de San Juan, y Ramiro le pidió si veía a alguien del Tercio que le dijera que Ramiro León estaba allí.
Marina volvió a casa con el dinero y una lima, pero sus padres no se encontraban allí, así que decidió darse una vuelta. Allí en la posada "las castañuelas alegres" vió que estaba plagado de mercenarios, la mayoría eisenos imponentes. Allí había otro hombre enorme y barbudo, el Capitán Barceló, que se encontraba reclutando gente sobre un papel donde ponían precio a su cabeza por deserción. Marina estuvo hablando mucho tiempo (o más bien escuchándo a ese fantoche) sobre sus estúpidos planes de hacerse pirata para volver a la Armada Castellana y conseguir una patente de corso, el problema es que solo cuenta con un bote y una tripulación de 4 piratas...toodos locos. Mientras, su criado no hacía más que darle la razón o tocar el violín cuando Barceló se ponía dramático. Allí juntos llegaron a la conclusión de que su tierra podría ser liberada por mar, y con ésta idea fue a sus padres a contarselo. Pero sus padres no estaban en casa.
Más tarde tuvo otra travesura con Cintia, escalar el campanario y dar cinco campanadas, siendo las tres de la tarde, lo que confundió a todo el pueblo. El padre Merino las persiguió por el pueblo infructuosamente. Con el "cambio de hora" improvisado, aprovecharon para coger unos melones a Mauricio el Roñoso, para no ir perdiendo la costumbre. Volvieron a la granja abandonada y alli escucharon entrechocar de espadas. Los padres de Marina se estaban batiendo en duelo y rememorando viejos tiempos (¿qué tiempos? ¿acaso no eran campesinos?). Marina, escondida, descubrió que su padre es realmente avalonés y que no son precisamente unos campesinos muy normales. El duelo quedó en empate "como siempre" dice Tomás a su esposa Beatriz. Ya en el suelo de la granja, se echan un rato mirando desconcertadamente como un melón rueda por una de las vigas caidas hacia ellos.
Ya en casa Marina deja claro que se ha enterado del pequeño secreto de sus padres y su afición por matarse con floretes en el granero abandonado, así que le cuentan parte de su historia. Marina muestra intenciones de alistarse algún día al ejército o a la marina, lo cual no le hace mucha gracia a sus padres. Su padre le regala un crucifijo con una piedra de singular belleza, como regalo para que su hija no hiciera ninguna estupidez de alistarse en un ejército. Sus padres quieren asegurarse que su hija no van acabar en ninguna guerra absurda muriendo por un rey al que ni siquiera conocen. En cualquier caso, dejaron bastante claro que no querían a su hija en la guerra, de hecho hablaron de mudarse, pero...¿a dónde?
Al final pasa lo inevitable, la guerra alcanza la Villa. Durante la cena, la familia Oliván nota como sus platos vibran y forman olas en su sopa. No es una tormenta. Bueno sí, la de la guerra. Los cañones se escuchan a escasos kilómetros. Están asaltando la ciudad de Santiago al norte de la villa.
Durante la noche comienzan a llegar los primeros refugiados. Soldados del Tercio que se han retirado...pues dicen que hubo alguien de dentro que les ha habierto la puerta a los enemigos. No podían combatir con un traidor entre sus filas. Marina les dice a los soldados del Tercio, Castellanos, Mariano y Bianca que Ramiro se encuentra en el pueblo. Todos se reunen a la esperda de decidir si van a retomar la ciudad de Santiago, si hacer frente a los gabachos en Santa Elena o replegarse en el fuerte de San Teodoro. En cualquier caso, la participación del pueblo es decisivo.

Y así acaba un día relativamente normal para Marina Oliván. A la noche siguiente, todo cambiaría.

Su tío, Harold Owen, un espadachín con parche en el ojo ha reaparecido en sus vidas después de muchos años. No parecía conocer la existencia de su sobrina Marina, y no le importaba demasiado. Harold Owen iba con la intención perdonar a su hermano, después de que perdiera el ojo (y a una persona) por culpa de su hermano...aparte de que lo odiaba por haberse casado con la única mujer a la que había amado, Beatriz. Les propuso unirse a ellos en una nueva cruzada, como los viejos tiempos, pero esta vez...una más decisiva. Unirse a una organización con verdadero poder, no como los Rosacruces, dice. Poder real, poder controlar el mundo, acabar con las guerras, provocarlas...podrían aceptar a ser una de esas pocas personas que pueden cambiar el mundo. Harold había cambiado mucho en estos 24 años, hasta el pundo de ser irreconocible. Está consumido, agotado, nervioso, pedía constantemente un artefacto que guardaba su hermano y Beatriz. Thomas, al rechazar la oferta de su hermano hizo enfurecer a su hermano, sobre todo porque le miraban como si hubiera enloquecido. ¡Detestaba que le prejuzgaran! Claro...ellos eran felices en su pueblucho con su hija...con la mujer que él había amado. Le sacó de sus casillas. Pero estaba preparado ante la negativa de su hermano, había tomado una decisión y sus hombres estaban dispuestos a actuar.

Marina Oliván volvió a casa después de otro día de duro trabajo trabajo. Todo empieza a ir mal cuando se encuentra a Salchichas, el perro del vecino, degollado. Mariano, por su parte, solo estaba amordazado. Marina ve su casa en llamas y ve paisanos armados llevando a sus `padres fuera de casa hacia un carruaje celda para llevárselos. Harold les está dando órdenes. Escucha las voces de los soldados, de donde distingue acento mountaignés... ¿por qué hay mountaigneses al servicio de su cruel tío? ¿Qué demonios busca Harold con tanto ahínco?
Harold se toma un momento para aprovechar que Beatriz está presa para abusar de ella delante de su hija, mientras Thomas está insconciente en el carruaje prisión. No llega a abusar del todo de ella, pues su hija no hace más que tocarle las narices tirándole una piedra. Harold decide que la diversión a acabado. Se lleva a los prisioneros hasta conseguir lo que quiere de ellos. En cuanto a su sobrina, le ha dejado un hermoso corte de despedida en la clavícula, para el próximo encuentro. Cuando se marchan, encuentra una carta abierto, cuyo remitente es un tal Walter Ericson y va dirigida a su padre. Parece dar una pista que no parece tener mucho sentido...


¿Qué vas a hacer, Marina Oliván?

A partir de ahora tu camino lo haces tú. Hay miles de caminos y ningún hogar al que volver.

Cadenas por corona

Los grilletes se cerraron sobre las muñecas de Leandro Vázquez de Gallegos. El Alguacil cerró las esposas duramente y apretando con malicia,...