martes, 27 de septiembre de 2011

La sangre de dos héroes (I)

Beatriz se encontraba sentada en la mecedora de madera en el salón de su casa rústica afuera de la Villa de Santa Elena. Ella cantaba en el salón, observada por las espadas roperas cruzadas encima de la chimenea cuyo fuego ardía lentamente. Mientras, cosía y se balanceaba entre los crujidos del suelo ante su vaivén a la par que mecía una cuna, donde un bebé intentaba combatir con uñas y dientes (los pocos que tenía por entonces) contra su prisión de barrotes que tenía su lecho. Lo que Beatriz más amaba en el mundo estaba ahí, lloriqueando y forcejeando. Desde que nació siempre había tenido mucha energía y muchas ganas de ver el exterior. A ambos les había sorprendido la rapidez con la que había abierto los ojos de recién nacida.

Marina se llama ese bebé, en honor a la madre océano que había unido a sus padres durante tantos años. Además... era tan impetuosa y enérgica como los mares, su llanto era de tormenta y su paz sosegada. Era un nombre que le venía muy bien.

En ese momento específico, Marina lloraba como nunca y se deshacía en mares de lágrimas. El canto de su madre no la apaciguaba. Así que Beatríz optó por contarle uno de los cuentos castellanos que tanto le gustaban. En la que una mujer de las tierras de la Media Luna de origen humilde acababa siendo rescatada de innumerables peligros por un hombre apuesto que al final resultaba ser un príncipe. La mujer al final era rescatada de hechiceros y dragones y su héroe al final le proponía matrimonio. La protagonista aceptaba y eran felices y comían perdices, como se suele decir.

-Y entonces, después de derrotar al malvado hechicero y su dragón maléfico, el príncipe llevó a su amada Azhara en volandas a la torre abandonada donde se conocieron y le pidió que unieran sus destinos en un compromiso de amor eterno que trascendería sus cuerpos y haciendo eco durante siglos...

Thomas Owen, esposo de Beatriz y padre de Marina escuchaba siempre desde el otro lado de la habitación y negaba con la cabeza cuando escuchaba ese tipo de cuentos. Marina no parecía muy convencida con el final del cuento y sollozaba aún un poco. Beatriz, que no quería mimarla demasiado, dejó que llorara, pues acababa de darle el pecho. Al final cayó rendida con la aguja y el dedal en la mano, siendo vigía y centinela de su tesoro, su niña.

Thomas, que observaba desde la puerta toda la escena sin ser visto, se acercó a la cuna...

"Ah...sigue despierta" pensó. "No me extraña que el cuento la haya dejado disgustada con semejante final."

Marina lo miraba con ojos expectantes y enormes, totalmente interesada por el recién llegado.

Él sonrió, notaba el vínculo invisible que tenía con ella. La alzó de la cuna y la puso entre sus brazos y entonces, continuó el cuento.

-Pero Azhara descubrió que realmente su encantador príncipe era un tirano que sometía a sus vasallos a trabajar de sol a sol en los campo, los azotaba como si fueran animales de carga y torturaba a los campesinos para minar su voluntad y usarlos como ganado. Azhara, que ahora era princesa, se dio cuenta de esto y dejó de ser la princesa para ser una enmascarada que ayudaba al pueblo. Su amado príncipe que resultó ser sapo la descubrió y la condenó a galeras, pero ella, con gran astucia, acabó escapando de allí junto a sus nuevos amigos, gracias a que u navío pirata los sacó de allí. Viajó por todo el mundo, aprendió de los mejores espadachines, aprendió a leer y a escribir aunque su antiguo esposo le dijera que eso es solo cosas de hombres. Descubrió la amistad y el amor verdadero, sólo el verdadero. El malvado príncipe se enteró de la huída de su traicionera mujer y mandó sicarios en su busca ya que por su culpa el pueblo ya no se le sometía, incluso preferían morir antes que servirle, después de lo que hizo Azhara por ellos. Por todo el mundo, Azhara fue perseguida: sufrió cicatrices, heridas emocionales...y muchos, muchos amigos murieron por el camino. Pero por cada tajo que ella pegaba, todos sus amigos perdidos golpeaban con ella. Por cada espadazo que daba, hacía justicia. Por cada finta que realizaba, descubría que esa era ella de verdad... y no una mujer que pretendía engañarse siendo una princesa y pretendiendo creer que amaba a ese príncipe encantador que no era más que una fachada. Ella comenzó a luchar por lo que creía...

Marina empezaba a sonreír con los pocos dientes que le estaban saliendo. Parecía que la historia le animaba. Thomas concluía la historia.

-Azhara la enmascarada se encontraba en el palacio del príncipe tirano con el que se iba a casar tiempo atrás. Estaba allí porque había descubierto que el malvado príncipe quería asesinar a su padre para quedarse con la corona y tenía que impedirlo. Estaba en el salón de baile y se enfrentaba ella sola a docenas de guardias. Con rápidas florituras Azhara respondía a cada tajo con elocuencia, su espada era rápida como el viento y letal como una tormenta. El príncipe acabó atrapándola. "Ahora averiguaremos quién es este maldito enmascarado"...¡Y que gran sorpresa al ver que era su prometida tiempo atrás! "¡Tú! Es imposible...¡solo eres una mujer!" Ella se levantó y tirando la máscara dijo. "Soy más que eso...soy una heroína" Y entonces le dejó una cicatriz en la cara, para que él recordara para siempre que era una persona malvada cada vez que se mirara en su presumido espejo...

Marina quedó dormida después de estar sonriendo durante toda la historia. No podía entender nada, solo era un bebé. Quizás se enteraba de algo, quizás le hacía gracia que su padre se entusiasmara tanto. Quizás le alegraba escuchar su voz de barítono. Quizás...solo quizás, algo de sus palabras calaran en ella.

Besó en la frente a una Beatriz dormida. Estaban envejeciendo, pero ella seguía siendo terriblemente y peligrosamente hermosa. Le acarició el pelo azabache y después le rozó la cabeza a su bebé.

-Algún día tú tendrás su precioso y abundante pelo azabache, como una noche orlada de estrellas de rocío.

Dejó a Marina en la cuna frente a las ascuas de la chimenea. Marina parecía ahora satisfecha con el cuento. A pesar de que Beatriz era tan aventurera y había participado en guerras como él, habían acordado colgar las espadas y no tentar a su hija que siguiera los mismos pasos que ellos. Pues el camino de la espada es muy peligroso... y se pierden muchos en el camino. Habían acordado que tendría una vida larga y normal. Todo lo contrario a lo que había tenido él, un caballero de la Rosa y la Cruz y ella, un enmascarada de la Liga del Vagabundo, protectores del Rey y de los indefensos.

Y sin embargo, Thomas no podía evitar tener la esperanza de que su hija al final les desobedeciera y saliera a conocer mundo... y buscar su destino. No podía imaginar que la vida de su hija pasara alrededor de un molino y de un burro agonioso. En el fondo, él quería que le desobedeciera. Miró a la niña de sus ojos en la cuna y le acarició mientras veía como dormía.

-Tienes la sangre de dos héroes Marina Oliván...aprovéchala.


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Villa de Santa Elena. Un año después del nacimiento de Marina Oliván.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Llegada a Santiago, casa del Primer Testigo.

Tras la quema de la casa de sus padres Marina se movió por su Villa intentando averiguar que iban a hace ante la próxima guerra. El pueblo se reunió en la iglesia del pueblo y deciden que se quedan allí y si tienen que luchar lo harán. Allí aparece un enmascarado, llamado Andrés, dispuesto a reclutar gente hábil y astuta para la Resistencia de los Terreros en Santiago, formada por unos pocos espadachines, ladrones y espías. A Marina le gusta la idea y decide ir a Santiago a ayudar a que su pueblo no sea quemado por las llamas de la guerra y así poder salvar a sus padres que parecen que están allí. El Barón decide que su hijo está ablandado por su título y lo alista en la resistencia del pueblo para que se haga un hombre. Cintia tiene un empleo de herrera en Santiago, así que marchará con ellos. Todos, Ramiro León, Castellanos, Alonso (que se va con una mercenaria eisena) se marchan hacia Santiago, menos Marina y Cintia que deciden ir más tarde, no tienen ni caballo, ni casa ni dinero, pero hay que empezar a buscarse la vida. Roban un caballo blanco precioso que hay en las cuadras del Barón (para poder marcharse) con la ayuda de Josué, Blas y Clara (los niños huérfanos del pueblo)Marina le ofrece frutade forma casi reverencial a un digno caballo blanco y éste sale como si de un señor noble se tratara. A partir de aquí huyen a caballo robado por toda la Villa mientras los guardias intentan cerrar las puertas de la empalizada. De forma frenética y triunfal, Cintia y Marina dejan el hogar del que nunca han salido y al que no parece que vayan a volver dentro de poco. Marina recoge a su amigo goblin (que por lo visto tenía una deuda con su padre y se dedicaba a espantar los cuervos de su campo desde siempre) Su aventura les espera. Ha llegado su momento.

Cabalgan por el camino y se meten por la Sierra del Testigo para llegar a Santiago donde están los padres de Marina. De repente el suelo tiembla. "Esto no me gusta nada" se dicen. De repente se encuentran con una veintena de jinetes emplumados. Marina y Cintia descubren que están en territorio enemigo, de Montainge y que portan muchas, armas. El viejo capitán Sebastien del 7º de húsares del Rey Sol las trata como lo que son, enemigas, y las maltrata un poco y las lleva después de un forcejeo hacia el cuartel de los Gascones del Teniente Félix Marangio. Sebastien y Félix discuten sobre que hacer con las prisioneras, pero Félix parece estar harto de aquella guerra. Félix le dice a Sebastien que ésa es su jurisdicción y que él decidirá si se las ejecuta o no. Sebastien con odio accede y se marcha, pero decide que el goblin y el caballo de la chica podría ser un gran arma política de fe en Montaigne para contentar al Rey Sol y a sus allegados que dudan de él en esta guerra. Félix asiente. Después félix habla con las dos chicas, y ellas descubren que realmente están ante un hombre obligado a servir en la guerra contra su voluntad. Félix no cree que esas dos muchachas sean soldados ni espías, así que decide tener un duelo con Marina Oliván rodeados de los soldados. Ella perdió el duelo, como era de esperar. "Éste es mi juicio- dice Félix- no hay ni espía ni soldado, tan solo dos muchachas que van por su antigua tierra, armadas solo por poder defenderse". Dijo que les conseguiría sacar a través de trabajos forzados destinados a las mujeres castellanas, pero de momento se tenían que quedar en las celdas. En las celdas se encuentran a un carcelero enorme (y algo subnormal) y a Antonio Cortés el Patillas, un bandolero torturado. Tras una estrategia dirigida por Marina Oliván con la indiscutible ayuda de su goblin (y su uso del Glamour y bueno, porque es blandito y algo viscoso), consiguen salir de las celdas en silencio con Antonio Cortés durante los fusilamientos de los otros presos. Ya fuera Cintia se corta el pelo y le corta por obligación el pelo a Marina, para no ser tan descaradas. Los tres, las dos campesinas y el bandolero, se esconden en los campos de prácticas de tiros para idear un plan para llegar hasta el caballo blanco que ellas tienen. Marina tras recuperar sus armas haciéndose pasar por prisionera que sirve vino, intenta trajinarse a un soldado borracho y le lleva a las cuadras para tener un poco de intimidad. Ya allí lo deja inconsciente y lo mete en la paja. El resto...imaginaoslo. Salida de todos los caballos de la cuadra a toda velocidad, un campamento en pie de guerra, Félix luchando en un duelo a muerte con Marina Oliván y un bandolero pegando trabucazos por doquier. Aventuras y cafradas al puro estilo de 7º Mar. Tras una enorme persecución en el que Marina Olvián hace gala de su uso de la pistola-gancho saltando a lo alto de la muralla y abriendo las puertas, son emboscados por Sebastien y el 7º de húsares los cuales empiezan una peligrosa persecución por los barrancos de la Sierra, donde cayeron muchos húsares. Sebastien es emboscado por Alonso Lara, su mercenaria eisena Galianna y la cuadrilla del Patillas. Sebastien es capturado pero mata a sus hombres que huyen. Marina cae inconsciente tras tantas heridas sufridas y emociones. Cuando despierta se encuentra con los bandolers y mantiene una conversación con Alonso. El caballo blanco por lo visto era suyo, pero nunca lo domó, porque es un caballo pura sangre castellano, y a éstos tienes que tratarlo como un señor...Marina le ofreció de forma reverencial fruta fresca a ese caballo, por lo que se ganó su privilegio de cabalgar sobre Ventisca...su precioso y único caballo blanco. También descubrió que Alonso nunca quiso casarse con ella, sino por compromiso de hacer feliz a su padre, cuyo deseo es verle casado antes de fallecer. Marina y los demás se reúnen y deciden atar a Sebastien a caballo y lo mandan de vuelta a su cuartel, de forma indigna. Sebastien dice que Félix lo lamentará. Antonio Cortés el Patillas, Sancho el Navajas y Carlitos el Niño les agradece a Marina su libertad y que si una vez necesita de bandoleros, no duden en llamarlos. Tras una despedida Marina, Cintia, Alonso y Galiana retoman su camino.

Marina llega a la ciudad de Santiago en busca de sus padres capturados por su malvado tío (del cuál desconoce sus intenciones y sus motivo). Se colaron en la ciudad limando los barrotes (con paciencia...mucha paciencia) de los canales del foso de la muralla que lindaban con el castillo del Marqués. Allí dentro empiezan a vagabundear por la noche de la ciudad castellana ocupada por la guardia nacional de Montaigne. Marina, Cintia y Alonso empiezan a esquivar a los guardias...pero al no conocer las rondas y rutas de éstos, acaban arrinconados en una calle. Cada uno corre en una dirección pero se dan cuenta de que han metido en un serio a un pobre niño que estaba escondido en esa misma calle. Marina en un ataque de altruismo decide volver a rescatar al chaval y acaba encañonada por la guardia de Montaigne. Éstos no muy amablemente les piden los papeles del ejército que les otorga derecho de deambular por las calles de noche...evidentemente, ni Marina ni el chico, el pequeño Joselito, tienen tales documentos. Justo cuando van a ser arrestados, una veloz y oscura sombra ensarta a los guardias entre espadazos, acompañado de una mujer de totalmente de negro, como una viuda, que porta unas hebras en sus guantes. El espadachín oscuro y la urraca negra (por llamarla de alguna manera) salvan a los indefensos castellanos. Tienen acento vodacciano...pero no parece que se sepa sus nombres. El vodacciano se para y mira a unos indefensos Marina Oliván y Joselito, que no saben si agradecerles a estos personajes oscuros que los hayan liberados...porque los que venían tampoco tenían pinta de buenas personas. La viuda negra empieza a hablar con el espadachín oscuro y llegan a decir que la muerte de dos jóvenes y de 4 guardias en la misma calle podría provocar que la guerra entre Montaigne y Castilla se recrudecería... y eso les gustaba. "Porque...-le dijo el espadachín oscuro con acento vodacciano antes de querer dispararla- la guerra y el odio son monedas en las arcas de los Villanova" Tras esto apareció un enmascarado en disputa desde los tejados y tras un combate espectacular entre el espadachín vodacciano y el enmascarado y Marina Oliván con la viuda negra (con el resultado de que ésta le arrancó un mechón de pelo, a saber para qué le puede servir) los vodaccianos escapan porque la guardia vuelve por su ronda. El enmascarado ayuda a Marina y a Joselito y se los lleva al tejado de la casa más próxima. Allí en los tejados se presentan. El enmascarado dice que es uno de los miembros de la Registencia de los Terreros y que sus enemigos le llaman Mala Hierba, puesto que por muchas veces que creen arrancarlo, éste sigue vivo. Y Joselito parece que es un huérfano que trabaja para la misma resistencia. Marina descubre, hablando con Mala Hierba y con los documentos mountaignere que la red de espías de Joselito han conseguido, que sus padres han sido encerrados en el castillo de Santiago (ahora del Mariscal) por un caballero de la Rosa y la Cruz llamado curiosamente igual que su tío. ¡Su tío es un Caballero de la Rosa y la Cruz! Los mayores héroes espadachines de la historia... Por lo visto el Mariscal Charles Dupont (el general mountaignés que ha conquistado el castillo de Santiago) dio beneplácito a ofrecer las celdas de su castillo debido a que estaba firmada por el Maestre de la Rosa y la Cruz Sices du Sices (alguien muy importante) También se enteró por parte del enmascarado que a su padre se le acusaba de traición a la Rosa y la Cruz y a su madre de conspirar contra la corona castellana (wtf?) Marina pregunta por la Registencia, pero parece que la única manera de encontrarla es...siendo astuto. Así es como se gana uno el derecho de pertenecer a ella.

En fin...la aventura sigue. Y cada vez es más emocionante.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Se prepara la revuelta...

El salón del castillo del Marqués de Santiago estaba en silencio. Sólo se escuchaban los pasos del Mariscal y Duque consorte Charles Dupont dando vueltas alrededor de la mesa con un plano de la ciudad. Uno de sus oficiales de los fussilieur de línea le estaba explicando cómo el pueblo castellano se había movilizado desde la masacre durante las ejecuciones (abortadas por la Registencia de los Terreros) de la plaza de la Sala Consistorial de Santiago.

-Los insurrectos han intentado hacerse fuertes en toda la ciudad.- explicaba el capitán Jean Ettienne Bernard du Roman, subordinado del Mariscal Dubois marcando con su dedo índice las zonas claves-. Sin embargo, mis fusileros han masacrado cualquier intento de resistir en la zona rica de la ciudad y estamos a punto de limpiar los barrios medios.

-¿Dónde se esconden esas ratas, capitán?- preguntó el Mariscal desdeñoso.

- Aquí, mi señor.-respondió este señalando los barrios pobres y de construcción irregular-. Barrios pobres y suburbios. Los habíamos cerrado para que los miserables e inútiles no molestaran a la gente de bien. Pero resulta que ahora son demasiados y están montando barricadas.

-Hacedlos salir.

-Me temo que es imposible señor. Están bien atrincherados. Esperamos a que les falte la comida y...

-Colgad delante de esas ratas a todos los prisioneros que hayamos hecho en las revueltas- le interrumpió el Charles Dupont-. ¡Tienen que salir ya! Dales un ultimátum. O salen, o ejecutamos al resto.

-Mi señor.- comenzó a decir rasposamente Fernand Lemoin, una figura encorvada y envuelta en una gabardina gris de botones dorados. Se encontraba apartada, junto con los demás consejeros de guerra, pero no parecía un oficial del ejército-. Esos prisioneros, aunque criminales y ratas rebeldes deben ser sometidas a juicio. No puede acabar con vidas de gente por un capricho y saltarse nuestro espléndido sistema judicial y legal. Estoy convencido de que esos desgraciados son culpables pero no podemos saltarnos a la ligera nuestro deber moral de que venimos a traer la gloria de Montaigne a estos campesi...

-Gendarme Fernand Lemoin.- interrumpió hostilmente su mayor superior-. No creo que tenga ni voz ni voto a partir de ahora con este asunto. ¡Se suponía que su plan era perfecto! Tendimos la trampa a la resistencia castellana para que se mostraran y para atraparlos de uno en uno. ¡Y cual fue el resultado de su plan! Los rebeldes escaparon y se llevaron a los prisioneros. ¡Los gritos de los que tenían que haber sido ahorcados han provocado las revueltas! ¿Resultado final de su plan? ¡La rebelión del pueblo!- gritó iracundo.

El Gendarme ni siquiera pestañeó. Carraspeó y respondió.

-Señor, mi plan era perfecto. No podía suponer que los enmascarados actuarían antes de la cuenta, antes de fusilar a Rodrigo Salvador. Yo cumplí mi deber de tender el anzuelo y debo decir que los criminales enmascarados lo mordieron de lleno. Y creo que hice un buen uso y despliegue de los Mosqueteros del Rey al que vuestra señoría cedió de buen grado. No creo que fuera culpa mía que Harold Owen, vuestro querido caballero de la Rosa y la Cruz, ayudara a los criminales a huir. Y bueno, eso y la incompetencia de los fussilieurs y los Mosqueteros para atrapar a los enmascarados. En cuanto al chico prisionero, Alonso Lara, el que grito al pueblo que se alzara, reconozco que fue error mío y que fue él el que prendió la llama de la rebelión. La paz iba a ser inminente para todos pero ellos prefieren luchar. Me encargaré personalmente de él y de nuestros amigos los criminales esta noche por hacer que la sangre de los inocentes corra por Santiago.

-¿Esta noche?- preguntó el capitán, confuso.

Lemoin ni se inmutó.

-Sé dónde se esconden esos criminales.

-Es una resistencia, no son simples criminales, señor Gendarme.- le aclaró el capitán.

-Si su causa fuera justa no ocultarían sus rostros tras un antifaz, capitán.- prosiguió Fernand Lemoin-. Su cuartel general se encuentra en un burdel de mala muerte en los suburbios, llamado el Entre Cantos de Sirenas.

El Mariscal mostró sorpresa abriendo ligeramente los ojos.

-¿Cómo lo sabe?

-Por mucho que se arranque la Mala Hierba, ésta nunca muere, como bien dice el refrán. Sin embargo, si la arrancas muchas veces y de una manera metódicamente adecuada y estdiada...- Fernand sonrió- hace que cante hasta un mudo. Es un as que guardaba en la manga por si fallaba la captura de los Terreros.

- Ya entiendo, por eso no queríais fusilar de verdad a ese traidor.- reconoció el Mariscal-. Veo que en ese aspecto habéis sido muy astuto. Bien, tendrás una última oportunidad de sofocar ésta rebelión, para eso os mandó personalmente el Rey desde Montaigne.

-He sofocado las peores revueltas en Charouse y Paix. Los insurrectos saben que conmigo se puede llegar a un acuerdo...pero si se resisten, no podrán aplacar la justa ira de la justicia. Esos desgraciados no crean ningún bien a la sociedad, solo saqueos, muertes y destrucción. Hay que pararles los pies.

- Pero yo no quiero que dialogue con rebeldes. No son de los nuestros, son ratas extranjeras. Os encargaréis de apagar la revuelta con fuego.- continuó el Mariscal-. Capitán Bernar, necesitaremos reservas en el ejército para sustituir las bajas. Haced llamar al Teniente Félix Marangio y que traiga a los gascones que tiene en el cuartel prisión de la Sierra...

-Mi señor. Debo informarle de que Félix Marangio mostró su incompetencia dejando escapar a dos prisioneras y al líder de los ladrones de la Sierra, Antonio el Patillas. Una de las prisioneras era Marina Olvián, una chica muy problemática que según los guardias de la ciudad dicen que se encuentra por nuestras calles creando algún que otro problema, como destrozar todo el mercado pobre de los barrios bajos. Así por no mencionar que también Félix dejó escapar a esta chica con los preciados bienes que iban a ser entregados a nuestro amado Rey Sol. Decidí sobre juicio militar degradarle de rango de Teniente a soldado raso de los gascones. Ahora no es Teniente.

-Me da lo mismo capitán, hágase con los gascones y de la mayoría de los fussilieurs y rodeen la Catedral de Santiago, la necesitaremos. Lemoin se encargará de quemar ese burdel pecaminoso.

-Será un juego de niños, señor. -sentenció el capitán Jean Ettiene.

Fernand Lemoin dió un taconazo a modo de saludo y se marchó tras una inclinación. Mientras el Gendarme se marchaba el Mariscal vio como apretaba los puños enguantados en cuero y susurraba ásperamente:

-Ya sois mios...

Los oficiales del Mariscal saludaron militarmente y se marcharon. Solo una figura quedaba en la sombra. Un hombre mayor, vestido totalmente de negro, sin muchas riquezas. Tenía el pelo cano y un bigote espeso casi colorido.

-Nuestro plan para mantener la paz se nos está yendo de las manos. -dijo en perfecto castellano.

-Tranquilizaos, Marqués. Os prometo que vos os mantendréis en el poder y la ciudad pertenecerá al Rey Sol. Simplemente tenemos que cambiar nuestra táctica. Ya no tenemos que fingir que Castilla y Montaigne están dialogando...sino que tenemos que adelantar el enlace entre mi hija Jeannete y vos. Así yo podré marcharme tranquilo hacia el sur con mis tropas y conquistar el fuerte de San Teodoro...

"Pero necesito la maldita Piedra Acuario, la piedra de esa maldita niña, Marina Oliván. ¿Por qué me traicionaría Harold Owen y hasta que punto está implicado con el caso de las Lágrimas de la Madre océano?"

-Entonces el pueblo se calmará cuando todos los montaigneres nos vayamos.- prosiguió el Mariscal-. Creerán que vos gobernáis la ciudad y os mantendréis en el poder como deseáis. Y no tendremos que sofocar más revueltas. Acabaremos con esas ratas esta noche y os casaréis en la catedral de Santiago. El obispo os lo permitirá si sois el Marqués de la ciudad. Nadie sospechará que realmente Santiago pertenezca al Rey Sol.

-Es un plan brillante, debo reconocer.- dijo el Marqués.- Y además, vuestra hija es preciosa.

-Preciosa pero inútil. La verdad es que esperaba un momento como éste para usarla. Ahora agradezco tener una hija. Es una gran arma política.

-Me alegro de que mi ciudad pueda convertirse en Montaignesa. Vuestra civilización es hermosa y vuestra sociedad avanzada. No como nosotros, que tenemos viejos cardenales fanáticos gobernando y a un rey de 16 años que no sabe ni lo que es gobernar...

-¿Lo ve, mi amigo? Todos salimos ganando.

-Menos vuestra hija Jeannete.- reconoció el Marqués castellano.

-Eso es lo de menos. - rió el Mariscal Charles Dupont mientras brindaba con su amigo.

La puerta del Salón del castillo del Marqués de Santiago se cerró de una embestida. Los hombres se giraron y no vieron nada. No sospechaban que Jeannete Dupont había estado escuchando toda la conversación y había salido huyendo por los pasillos del castillo...como un mar de lágrimas.

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Castillo de Santiago. Justo después de los fallidos ahorcamientos de los presos en la plaza de la Sala Consistorial. Dos horas antes de que Marina Oliván se pusiera al frente de una de las barricadas.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Gracias

Aún no sabría explicar este cúmulo de sentimientos que afligen y alivian mi corazón. Pero sí sé cómo expresar uno de ellos que en estos días es tan necesitado. Gracias, Marina Oliván. Gracias por abrirme los ojos ante ese ángel caído a la tierra. Gracias por ayudarme a conocer ese amor que no creía estar hecho para mí. Sin ti, ni siquiera la habría visto y habría pasado de mi vida como una hoja arrancada al viento. Doy gracias a tus ojos por ver lo que yo no vi. Doy gracias por tu decisión de preguntarme quién era ella... y yo aún me lo pregunto y a la misma vez me da igual quien sea. La quiero...¿qué más da?

Estoy paseando con Jeannete a través de los jardines de la Universidad de Santiago y creo que voy a morir del amor. Ella es increíble, casi no parece de este mundo. Sonríe por cualquier cosa. Es... es... No tengo palabras. Sólo gracias, Marina Oliván. Ojalá sientas alguna vez lo que yo y ojalá fuera gracias a mi y así equilibrar mi balanza de deuda.

Fernando Galán, el "marquesito"
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Carta llegada a Marina Oliván justo antes de marchar a las ejecuciones de la plaza de Santiago.

martes, 6 de septiembre de 2011

NOVUS ORDO SECLORUM

Hay preguntas que son difíciles de contestar para las gentes de Théat del siglo XVII. Una de ellas es...¿Quién mueve el mundo? Si a un Mountaignés le preguntaran le respondería orgulloso "nuestro Rey Sol el emperador". Si le preguntáis a un Castellano, os dirá humildemente "Dios y nuestros hermanos, sin duda". Un vodacciano, por el contrario, os respondería "nuestras brujas, nuestras familias y nuestras fortunas". En Ávalon, la tierra mística, os dirían "los Shide, nuestras hadas y nuestras ninfas". Si nos vamos al norte, a Vendel, os afirmarán: "los gremios y el comercio". En Eisen, la destruida tierra de los dragones, pregonarían que el mundo lo mueve "la fuerza, el noble valor y el arrojo en combate". Y en la fría Ussura, se frotarían las manos susurrando "Matushka, nuestra Madre tierra y nuestra abuela Invierno"

Puede que tengan razón, puede que no.

Realmente, quien mueve el mundo es la avaricia, el poder, la fuerza, el odio, la conspiración... Otros, lo mueven por el honor, la bondad, el altruismo y el amor. Pero la realidad es realmente gris.


Muchos, movidos por estos impulsos, se han reunido a lo largo de los siglos para cambiar los destinos del mundo y de sus habitantes.

Hoy, una vez más, lo han hecho.

En las profundas cavernas de un imponente castillo, en Dios sabe dónde, Trece personas se reúnen como han ido haciendo durante siglos, desde la fundación de la Antigua República hasta nuestros días...en las sombras.

Los Trece, se encuentran de pie, embozados de pies a cabezas. Se muestran en círculos alrededor de una enorme mesa de piedra de madera. Y su sello precede la reunión, un globo terráqueo atravesado por sus sables, marcada por la pirámide del ojo que todo lo ve. En modesto relieve, está el mapa del mundo conocido moldeado en la mesa...

De los trece solo se ven sus ojos, que parecen zafirinos a la luz de las antorchas del oscuro salón subterráneo.

-Nos NOVUS ORDO SECLORUM- susurran ceremonialmente a la vez.

Las trece figuras oscuras se sientan entre las sombras. Y empiezan a nombrarse uno a uno.

- Espada.-dice uno.

- Soga. -responde otro

-Moneda.

-Cruz.

-Academia.

-Corona.

-Báculo.

-Ojo.

-Piedra.

-Fuego.

-Sombra.

-Palabra.

-Cerbero.

-Bien, se inicia la reunión.- dice uno de los encapuchados.- Hoy, un día más, el Concilio de los Trece se reúne. Los trece, nosotros, los que desde las sombras traeremos la paz y el orden bajo nuestro mandato único y anónimo. Empecemos con los informes. ¿Espada?

Un enorme hombre encapuchado y embozado, como todos, se levanta. Se ven sus guanteletes, y bajo ellos, se vislumbra sin querer unas escamas.

-Eisen está al borde del levantamiento, no hacen más que cultivar barro. En Ávalon mis hombres han confirmado que los Perros Marinos actúan en nombre de la reina Elaine y los casacas rojas de su Majestad hicieron movimientos en las islas del Glamour. La invasión de Castilla por parte de Mountaigne se ha estancado por nuestros movimientos para que dividiera sus fuerzas hacia Ussura. El general Montegue no ha conseguido tomar el río helado Rurik que conduce a la capital de Ussura. Por el otro lado del frente, el Mariscal Charles Dupont le sustituye en Castilla, disponiéndose a asediar Santiago y a bloquear los puertos castellanos. Lo que le quedaría para tomar la costa occidental sería una villa de campesinos sin oposición ninguna y el fuerte de San Teorodo, donde se espera resistencia. Espada.

-¿Soga?

Una figura delgada se levanta, a través de su capucha se pueden ver sus finos rizos rubios y unos ojos claros encantadores. Su voz suena claramente delicada y femenina.

-El Rey Sol de Mountaigne ha ejecutado a tres de sus consejeros por dar una orden que dio él mismo: repartir la comida podrida que no ha enviado a sus ejércitos. También se rumorea que la esposa del Empereur va a ser ejecutada por traición, aunque realmente el motivo es que no le da un heredero al rey. Su verdadero sucesor sigue encerrado en nuestra prisión de donde aún no saldrá. El Buen Rey Sandoval, por otra parte, está en el punto de mira, pues podríamos aprovechar que solo es un muchacho de 16 años para quitárnoslo de en medio y conseguir parte de nuestros intereses. Soga.

-¿Moneda?

-Estúpidas reuniones, ¡venimos aquí y no avanzamos nada en nuestros planes! ¡Porca misseria!- dice una delgada pero atlética figura con fuerte acento vodacciano- ¿Cuándo vamos a actuar de verdad? Esos Príncipes Mercantes no hacen más que fanfarronear del poder que me pertenece por derecho, Vodacce lo necesita. ¡Me necesita! Un único Rey Mercader... -dijo con avaricia.

-Los príncipes te temen, amigo mío. Sigue con tus intrigas, lo estás haciendo bien. Informa.

-Figlio di putana... de acuerdo.- recapacitó- Las guerras entre Castilla y Mountaigne aumentarán nuestras arcas. Sin embargo mis mercaderes preveen que tengamos pérdidas por el frente Usuro. El mercado de divisas nos hace ganar más, pero con el gremial perdemos beneficios. Hay que ganar esa guerra mercantil contra la nueva moneda vendelia. Moneda.

-¿Ojo?

Un muchacho delgado se levantó, sus ojos grises, lo único que se veía, estaban serenos.

-Nuestros ojos ven muchas cosas, hermano, pero lo más importante es que los Caballeros de la Rosa y la Cruz no sospechan de nuestra existencia y no es de extrañar. Nadie sabe de nuestra existencia, excepto en nuestra vida pública normal y corriente, por separado. Tampoco meterán las narices en nuestros planes. Ojo.

-¿Sombra?

-En las sombras de los barrios bajos de todo el mundo se habla de Revolución, pero donde más es en Mountaigne. Los campesinos están hartos de su nobleza decadente y derrochadora. Esperan al momento adecuado, o a la persona adecuada para que comiencen a rodar cabezas nobles, aquí sugiero que pueda encargarse nuestra hermana Soga de ejecutar a los que nos interesen quitar de en medio y salvar mediante un juicio sobornado a los que nos importa mantener vivos de momento. Por otra parte, en las Tierras Altas y la Isla Esmeralda se oye también de levantamiento por parte de los separatistas, pero solo son simples murmullos sin poder. Sombra.

-Fuego.

Un hombre encapuchado y embozado se levanta trabajosamente. Solo se ven sus ojos oscuros tras unas lentes convexas. Su voz suena templada y experimentada, mayor.

-Un avance que les pueda interesar a los que solo les interesa la guerra- dice con desprecio con fuerte acento castellano sureño- es la creación de una gran bombarda en las tierras de las arenas ardientes. También el mortero, con el cuál podremos traficar como material de guerra y sacar una sustanciosa suma a Montaigne, lo que avanzaría la guerra. Si a alguien le interesa otras cosas verdaderamente interesantes, les interesará que hemos descubierto planetas nuevos, así como que sus giros son elípticos. También estamos a punto de crear una piedra filosofal...mediante métodos que quizás no pueda explicar detalladamente, pues no entenderíais ni la mitad de todo mi saber. Fuego.

-¿Corona?

-Nada nuevo, los reyes solo son unos títeres cuyas cabezas rodarán cuando sea el momento. Nada más relevante. Corona.

- Palabra.

Una mujer madura se levantó delicadamente. Solo se veían sus ojos, como a todos.

-Me parece interesante la observación de que la palabra se esté usando para levantar al pueblo castellano. Aún no sabemos quién publica esos poemas tan altivos y candentes que motivan a la lucha, pero sea quien sea tiene una lectora. Por otro lado, los textos de las hijas de Sophía han aumentado en la parte occidental de Castilla, seguramente porque la Inquisición ha perdido influencia allí por la invasión de Mountaigne. Quizás los textos considerados heréticos se expandan en Castilla, lo cuál ni nos daña ni nos alegra. Palabra.

-¿Academia?

-Sí, eh...están los preparativos para buscar los códices Syrne en las catacumbas de Mountaigne, así como los de la biblioteca capital de Vendel. Eso es todo. Academia.

-Bien. ¿Báculo?- valora el intermediador de la reunión dando paso al siguiente.

Un hombre se levanta trabajosamente con las manos totalmente quemadas, apoyado por un bastón.

-Los hechiceros están a punto de culminar el estudio de una ceremonia que podría volver a darnos nuevos pactos para conseguir sangre hechicera como la nigromancia. Avisaré con nuevos avances. Báculo.

-¿Cerbero?...- hubo un silencio largo.- ¡Cerbero!-gritó al ver que no respondía.

Cerbero, una figura enorme igualmente encapuchada, se levanta con una manada de lobos enormes tras su asiento.


-Éstas reuniones son una mierrda- dice con desprecio, recalcando las "r" como un buen ussuro.- Somos como vulgares políticos decidiendo que vamos a hacer dentro de cinco minutos. Quiero que el Gaius que mató a mi padre acabe su cabeza en la nieve y su corona en mi cabeza. Aún espero que me ayuden los miembros de la sociedad de exploradores que solicité para...

-Sí, estamos al tanto, te llegarán dentro de una semana en la corte de Ussura.

-De acuerdo, inútiles pomposos. Cerbero se sienta ya.

- Y por último...¿Cruz?

Una risa oscura salió por respuesta de la profunda capucha del aludido.

-¡Cruz!

Pero el aludido seguía riéndose tenebrosamente.

-¡Es vuestro turno maldita sea! ¿Qué es lo que le hace tanta gracia?

-Nada, nada. Simplemente que mientras vosotros habláis de cosas mundanas, yo he hecho un descubrimiento de lo más...inusual. Algo que implicaría cambiar la balanza a nuestro favor. La señal de poder que todos esperábamos, espiritual y carnal. La señal que llevaba esperando estas reuniones desde hace más de mil años.

Los miembros del concilio comenzaron a murmurar entre ellos.

-¡Explicaos!- exigió el moderador.

-¿Qué acontecimiento se va a dar 4 veces en la historia de la humanidad?

-¿Qué...? ¿Qué queréis decir, Cruz?- dijeron asustados.

-Cuatro veces...

- No puede ser...

-¡Exacto, lo que estáis pensando, las venidas de los Profetas se han daron 4 veces en la historia de la humanidad!- dijo oscuramente aquél al que llamaban Cruz.

-Estáis alucinando. El cuarto nunca ha llegado, y no creo que lo haga nunca, son cuentos para niños y...-decía el hombre rodeado de lobos, hasta que fue interrumpido.

-Vuestra falta de fe, resulta molesta. El cuarto está en la Tierra, entre nosotros, en esta mesa. Y os está oyendo. ¡Pone a prueba vuestra fe maldita sea!

-¿Qué decís? ¡Estáis loco!

-¡Contemplad al cuarto profeta, malditos infieles!

Una bola de humo y una explosión atronadora se hizo encima de la mesa, y de ella apareció un encapuchado del cuál solo se veía una frondosa barba con una espada flamígera. El aura de poder que desprendía el profeta era inmensa...oscura y aterradora. Era imposible mirarle a la cara y menos aún a los ojos.

-Por todos los dioses...-dijeron los presentes evitando la mirada del recién llegado.- ¡Es él! ¡El cuarto profeta!

-El cuarto profeta nos ha elegido para traer sus predicciones. El cuarto profeta está con nosotros. El primero habló contra los pecadores. El segundo habló de éxodo. El tercero habló de separación. Y el cuarto está aquí, y habla en el mismo lenguaje que nosotros, el de la nueva unión, el del Fin del mundo que conocemos y nosotros somos los elegidos para moldear su nuevo orden. El primer Profeta que nos arrebató el poder, el cuarto nos lo dará. Nuestro camino llega a su fin.

Los presentes siguieron discutiendo.

-Hermanos...éste es el momento que esperábamos. El momento de actuar, de cambiar lo conocido y moldearlo a nuestra manera. Por lo que veo, ésta podría ser la señal que esperaban nuestros padres a lo largo de los siglos. Las sagradas escrituras están de nuestro lado, pues el Cuarto Profeta, aquí presente, es un hechicero...como nosotros. Nadie podrá oponerse a nuestros designios. Nadie...-concluía Cruz.

-¡Es el momento de actuar, pero con cuidado! ¡Es la hora! ¡Podremos vengarnos y tomar lo que es nuestro después de un milenio.-decían desde el fondo de sus capuchas.

Los trece miembros miraron al profeta que se encontraba encima de la mesa de piedra, imponente mientra los miraba impasible y como si fueran hormigas.

"Es la hora"

Los trece sonrieron como tiburones y dijeron al unísono mirando a la figura que portaba la espada flamígera sobre la mesa de piedra.

-Somos la paz, somos el orden, somos la justicia, somos la determinación, somos la fuerza, somos los intocables, somos la pureza de la sangre, somos la evolución, somos el progreso, somos los sabios, somos el poder, somos el mandato, somos lo divino. Somos trece y somos uno. Somos la nueva era. ¿Quién estaría tan loco, como para oponerse a nosotros?

Sus sombrías carcajadas dieron fin a la reunión y cada uno de los trece volvió a su cargo público, civil o militar, normal, corriente...e insospechado.

El mundo tal y como lo conocemos va a cambiar. A menos que alguien lo impida...


Héroes. Es lo que el mundo necesita en estos tiempos de incertidumbre y necesidad.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Héroes y villanos (I)

Dado que las aventuras (hasta ahora desventuras) de Marina Oliván parecen que ha arrancado, me parece importante hacer un resumen de las dramaties personnae que ha ido conociendo hasta ahora. Obviamente, no pondré nada más que lo que sabe el personaje protagonista de nuestra historia. Nota: en esta recopilación de reparto sólo aparecen los datos que más o menos conoce la PJ Marina Oliván, así que hay información oculta.

Ésta chica (bueno...ejem) es Cintia Ruíz. Es una huérfana castellana de la Villa de Santa Elena, el pacífico pero orgulloso pueblo de las ciudades libres del sur.

Castiza, apasionada, alegre, caradura y activa. Se ha iniciado en la profesión de la herrería en el pueblo (acabando con la poca feminidad que tenía) y ya ha alcanzado un nivel en el que no puede aprender más, a no ser que salga de la ciudad. Tiene un futuro prometedor en su profesión, pero su enorme amistad infantil con Marina Oliván le ha distraído siempre de sus funciones. Y ella ha distraído a Marina arrastrándola en aventuras como la captura de melones y sandías en los cultivos del vecino o tirarle piedras al espantapájaros gabacho. Aunque se distraen ambas dos de sus funciones, se lo pasa mejor que pegarle a un yunque, dice ella. Parece bastante encoñada del hijo del Barón Lara, pero no se sabe realmente de qué va la cosa. Sospecha que Marina Oliván quiere quitárselo. De hecho, ha comenzado su venganza de dejar calva a su amiga cada vez que ella cree que su amiga tontea con el hijo del Barón, Alonso Lara. Parece uno de los pocos personajes que no tiene mucho que ocultar. ¿O sí? Quién sabe.

Aquí está el chico por el que cualquier campesina de pueblo soñaría. Alonso Lara. Guapo, joven, elegante, culto, amante de los caballos y gran jinete. Y además, viene con futuro título nobiliario de barón. Es ideal para cualquier campesina de pueblo menos para una: Marina Oliván, que rechazó su propuesta de matrimonio tirándole una granja en la cabeza. Sería casi perfecto si no fuera tan creído, sobrado y mujeriego, pero sobre todo, su peor defecto es que es malísimo a la hora de la dialéctica amorosa (y se sabe que pretendía a muchas, con las que nunca llegaba a nada serio). Parece que Marina ha descubierto que sus patéticas maneras de intentar contraer matrimonio es realmente porque quiere hacer feliz a su anciano padre, el Barón Lara, el cuál quiere que antes de morir él, su hijo haya encontrado esposa. Él quiere hacer feliz a su padre de forma desesperada...pero lo cierto es que no tiene ninguna gana de casarse. Eso podría explicar muchas cosas. También le regaló a Marina el que iba a ser su futuro caballo, Ventisca (aunque ella se adelantó y lo tomó por su mano, jeje.) Parece bastante seguro que después de muchas aventuras con Marina Oliván, ellos dos se casarán
en dos años y tendrán tres hijos. Así lo vaticinó y así se lo hizo saber a Marina el día en que ella despertó de la gran aventura contra el 7º de húsares y los hombres de Félix Marangio. ¿Será que podría estar empezando a sentir algo? ¿O es la inercia de su actitud durante toda su vida?
Ahora se encuentra como guerrillero en las barricadas de Santiago...¿cómo habrá llegado hasta eso?
En cualquier caso, parece que a Marina Oliván no le desagrada tener conversaciones con él de noche mientras las barricadas están en silencio (aunque los gabachos disparen para hacerlos callar) y acompañados de la guitarra de Joselito. Buenos roleos asegurados entre Marina y Alonso. ¿Será que hay feeling? ¿Será que la guerra les ha unido? Lo sabremos más adelante.


Este gran hombre (literalmente) es el Capitán Barceló. Bueno, ex-capitán Barceló. Antiguo oficial de la Gran Armada Castellana que tenía bajo su mando directo su amado barco de línea el Quijote, custodiado por las fragatas Dulcinea y el Sancho. Perdió su reputación con la pérdida de toda la flota a su mando contra los Perros Marinos de Ávalon en el Gran Canal. El Rex Castillium (rey de Castilla) Aldana, el padre del nuevo rey, se enfureció con Barceló al enterarse de que había mandado a su mayor flota bajo el mar y descubrir de que éste fue el único que sobrevivió. Barceló parece excusarse ante todos alegando de que un Kraken fue el que hundió la flota y que no había nada que hacer...nadie parece creerle mucho. El Rey puso precio a su cabeza ante tal agravio contra Castilla, acusado de desacato, huida, cobardía y por no morir defendiendo la causa castellana. Este hecho hizo que el Capitán Barceló pasara a trabajar a la clandestinidad. Tropezó con los piratas de las Islas de las Especias y sobre todo de Bucca, la sede de la Fraternidad de los Piratas. A partir de aquí decidió que si iban a poner precio a su cabeza que fuera porque él se lo hubiera ganado. Salió con un viejo barco cabalgando libremente sobre los mares de la Boca del Cielo y saqueó con la bandera pirata tantos barcos de vodaccianos, castellanos y sobre todo mountaigneres, convirtiéndose en toda una leyenda para todos los marinos (criminales o no), simbolizando lo que significaba la libertad para los piratas. Claro que esto hizo que su cabeza aumentara de precio y Barceló se sintió por primera vez halagado por ésto. El caso es que se ganó un gran enemigo, los Caligari. ¿Por qué? Ahh...secreto. Digamos que Barceló le tocó soberanamente las narices a un Príncipe Mercader de Vodacce y éste quiso hundir su asqueroso barco. Y digamos que lo consiguió. Barceló se lamenta diciendo que con el Quijote esto no le habría pasado. Tras naufragar un tiempo y casi morir por culpa de las sirenas acabó en San Teodoro (Sur de Castilla occidental), corriendo una serie de aventuras y acabando en la Villa de Santa Elena, dónde decide empezar más o menos de cero y de una vez por todas recuperar su barco y sus fragatas. Allí conoce a una campesina, Marina Oliván, que parece que lo único que le ofrece es una conversación en la que él se hincha de hablar sobre él mismo con la supervisión de su criado Bartolomé. Le dice a Marina que desearía dar un golpe a Mountaigne y desbloquear los puertos. Parece que quiere redimirse ante Castilla y ganarse el perdón. A Marina parece que le gusta la idea de enrolarse en un barco y liberar los puertos castellanos que tanto tienen preocupado a los campesinos. El caso es que solo es una campesina. Ella volvió a su casa con los pájaros que tenía metido en la cabeza y se lo planteó a sus padres... a ninguno de los dos le gustó la idea. Marina Oliván bajó de la nube. Barceló sigue sus aventuras y va de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, haciendo de las suyas, jodiendo al personal. Llega a Santiago con un gran golpe en su mano y descubre que la única persona que se ha apuntado en su misión es sorprendentemente...¡Marina Oliván! Barceló estaba más mosqueado que un pavo en navidad. Esa chica era una campesina cuando la conoció, y cuando la vuelve a ver es una de las personas que más le ha tocado las narices al Rey Sol de Montaigne, casi igualando los precios de sus cabezas. Pero para Barceló él sigue por encima (a él le buscan en 3 reinos y sigue valiendo más) A partir de aquí se asocian en la aventura por recuperar el oro del Rey en el muelle de Santiago a manos de los mountaigneres. Resultado de la aventura, hostias y soplamocos sobre un barco amarrado. ¿Final de la aventura? Marina Oliván vuela medio muelle al disparar con los cañones del barco justo en el polvorín de la armería del puesto de guardia mountaignés. Fue sin querer, todo hay que decirlo (cosas de los dados) Barceló parece satisfecho con la suerte de Marina Oliván y se va con el barco cargado de oro, y le sugiere que algún día, si deja la resistencia del pueblo castellano, se enrole con él como pirata. Lo cierto es que la chica de 17 años y este hombretón enorme de levita roja hacen una extraña, pero curiosa, pareja.

Más adelante seguiré con 3 pnjs más.

sábado, 2 de julio de 2011

Resumen de partida: El principio de algo nuevo...otra vez (Sesión introductoria)

Aquí empieza la vida tranquila de Marina Oliván, un campesina de 17 años de la villa de Santa Elena cuya mayor preocupación es recoger lo sembrado en el campo, hacer trabajar el molino de su familia y preguntarse cuánto les va a durar ese pollino que está ya para el arrastre.
Su aventura comienza como un día cualquiera cuando amanece en la campiña castellana. Marina, arrastrada por la mala influencia de su amiga Cintia Ruiz, espera al amanecer para robar unas frescas y jugosas sandías en el campo de Mauricio el Roñoso, su vecino. Mientras corren con el preciado tesoro, su vecino alza su hoz por encima de la hierba y las persigue entre las plantaciones, intentando identificar a los ladronzuelos que le roban. Para ello, con gran maldad, Mauricio suelta a Napoleón y a Salchichitas para que cace a los ladrones, pero el bulldog francés y el pequeño caniche no imponen demasiado, eso le pasa por creer que los perros del extranjero son mejores, a los roñosos son los fáciles de timar.
Tras su pequeña travesura, Marina y Cintia se reunen en la vieja granja abandonada, que hace las veces de granero alguna vez. La granja siempre ha estado así y no parece que nadie la quiera reparar. Marina y Cintia, amigas de la infancia, discuten sobre sandías y melones. Mientras mira intensamente las frutícolas, a Cintia le llega una duda existencial de sobre por qué algunos hombres llaman a los senos femeninos "melones". Tras una conversación amena entre chicas, la campana del pueblo suena, y la villa comienza a despertar. Cintia, con la excusa de que ahora trabaja para el herrero del pueblo Julián Montalbán, le da el resto de las sandias a Marina y se va hacia la villa. Marina, por otro lado, aun sospechando de las extrañas buenas intenciones de su amiga, acepta llevarse la fruta.
Marina llega a casa y se encuentra con que su vecino Mauricio el Roñoso está pidiendo explicaciones de quién le roba las sandías. Su padres, Tomás y Beatriz, pagan el coste de lo robado, sabiendo que su hija ha vuelto a hacer de las suyas bajo la mala influencia de la huérfana Cintia. Beatriz, queriendo ser educada (sólo, educada) le invita a tomar algo a su vecino como disculpa, pero Mauricio en vez de tomar la mano que se le tiende, toma todo el brazo y se queda a desayunar. Marina intenta entrar en casa con la sandía por el patio gallinero, y hace gala de una buena maña para no despertar a esas locas gallinas. Cuando entra en casa Mauricio no tiene más remedio que acabar enterándose que la que roba las sandías es Marina, sólo ella, pues entró en casa con las pruebas del crimen. Por otro lado, Cintia, mientras va hacia la forja del pueblo, se ríe malvadamente pues sospecha que su plan ha salido a la perfección y está libre de sospecha de robar sandías.
Tras el desayuno, el pueblo se viste para acudir a misa, y la familia Oliván no son menos. Allá en la villa, la misa se hace interminable, pues aparte de que son largas de por sí, más lo son si el cura es tartamudo. El pobre Padre Merino tiene problemas para hablar en público. De hecho, hay misa porque una de las monjas le empuja hacia el altar para que hable. La misa se hace interminable y las mujeres se abanican con aburrimiento. Llega el momento de consagrarse y las familias van hacia el pater para tomar la consagración. Marina y Beatriz van, mientras su padre las espera en el banco. Marina le pregunta a su madre por qué nunca va su padre a tomar la consagración, y ella le responde que su padre "no cree que el cuerpo de los profetas esté en una galleta". Algunas feligresas que chochean ya se escandalizan ante tal comentario en la iglesia, pero a los 5 minutos se olvidan y siguen abanicándose casi con furia. El primero en consagrarse es el Barón Lara y su hijo, Alonso Lara, el picha brava (o eso quisiera) de la villa. Tras tomar la comunión saluda a Marina en la cola de la misa, y la saluda como un caballero, tomándola de la mano y besándosela (todo un escándalo en una iglesia). Al retirar la mano, Marina ve como le ha dejado un papel donde le ha dejado escrito Alonso Lara que se encontraran después de la misa en la vieja granja abandonada, ellos solos. Las viejas vuelven a chismorrear escandalizadas, llamando a Marina de todo menos bonita, que si es una pelandrusca que hace que los hombres hagan cosas blasfemas en la iglesia, que las muchachas de hoy en día eran unas frescas y bla bla bla. Otra cosa que avivó los comentarios hacia Marina en el pueblo, era que se levantara para acercarse al altar para darle la paz del Señor al padre Merino, cuando éste siempre se muestra aparte en este tipo de cuestiones. Ni qué decir que se podía freír un huevo en la cara del pater, mientras la monja se reía inocentemente ante la situación, mientras los comentarios negativos hacia las hijas de los Oliván crecían por las chismosas: " va a por todos los varones, incluso se le insinua al cura, qué buscona" siguen diciendo más o menos las viejas. Al fin y al cabo, es un pueblo. Sus padres por el contrario les da igual, incluso aprueban que su hija lleve contraria a la gente (más que nada porque ellos eran igual a su edad)
Más tarde, Marina se reune en la granja abandonada con el futuro barón, el señorito Alonso Lara. Le esperaba tras la puerta, encerrándola justo cuando ella entrara. Allí declaró su amor (de forma muy patética) haciendo símiles de su persona con una estrella y chorradas varias y otros comentarios hirientes y pomposos como "deja tu burro y cásate conmigo", le dice mostrándole un anillo con el nombre de su amada Marina grabado (de todos los anillos que tenía acertó con el que correspondía). Marina, viendo que no había por donde huir, pues él estaba bloqueando la salida astutamente, se le abraza emocionada (para poder alcanzar el pomo del portón) mientras él no paraba de preguntar emocionado "¿eso es un sí?". Marina lo sigue abrazando y le da la vuelta, estando ahora ella cercana a la puerta, se separa de él y le responde "eso es un...¡tengo prisa!" dice locamente mientras cierra de un portazo la granja abandonada y sale corriendo como alma que lleva el diablo. Lo que nadie había previsto es que fue tal el portazo que pegó Marina que la granja se derrumbó parcialmente encima del hijo el barón. Cuando Marina vió que el hijo del barón estaba ileso mientras sacaba una mano entre las vigas con el anillo, todavía pidiéndola en matrimonio, salió corriendo hacia su casa.
Allá en casa lo primero que hacen sus padres es mirar la mano de su hija, y al ver que seguía desnuda respiraron con alivio. Con esto salió el tema de las pedidas de mano y su hija Marina pregunta cómo fue la suya, la de sus padres. Éstos se miran y misteriosamente cambian de tema con gran descaro, lo cuál le toca un poco la moral a su hija.
Tras preparar Marina las últimas piezas de alfarería, se dispone a secarlas y llevarlas a la feria del pueblo con su gran pollino valiente. Su padre Tomás sugiere vender el pollino pues ya está para el arrastre, pero su hija Marina se niega rotúndamente ¿le habrá cogido cariño al burro?
Allá en el pueblo hay un heraldo hablando encima del pozo, contando las nuevas, sobre cómo los cardenales han decidido disolver el Tercio Viejo de San Juan y que hay que racionar la comida porque Mountaigne está bloqueando los puertos castellanos. Marina se mete en la feria y consigue vender algunos botijos de barro cocido de forma extraña, pero curiosa. Allí se encuentra un puesto de metales forjados, donde está su amiga Cintia vendiendo materiales de la forja del pueblo. Se quedan charlando y Marina se da cuenta del poco arte y paciencia que tiene su amiga para vender productos. Al final acaban hablando del hijo del barón y Marina le cuenta que acababa de pedirla en matrimonio en el viejo granero. En ese momento Marina descubre que a Cintia también intentó "conquistarla" el susodicho, pero que ella no le dió bola porque esperaba a que lo hiciera de nuevo de manera menos cutre. También se dió cuenta de que Cintia está un poco encoñada de Alonso Lara, por lo que empezó a tirar de los pelos a su amiga por envidia en mitad de la feria. Al final de la conversación, Cintia le acaba vendiendo una daga que no corta, pero al desprenderse la hoja de la empuñadura, Marina decide quitarle una lima sin que se diera cuenta para compensar el timo.
Josué, Blas y Clara, los huérfanos del pueblo, le robaron la lima en la feria y persiguiéndolos conoció a Ramiro, maestro de escuela, aunque solo sabe impartir historia. Allí hablaron sobre el Tercio de San Juan, y Ramiro le pidió si veía a alguien del Tercio que le dijera que Ramiro León estaba allí.
Marina volvió a casa con el dinero y una lima, pero sus padres no se encontraban allí, así que decidió darse una vuelta. Allí en la posada "las castañuelas alegres" vió que estaba plagado de mercenarios, la mayoría eisenos imponentes. Allí había otro hombre enorme y barbudo, el Capitán Barceló, que se encontraba reclutando gente sobre un papel donde ponían precio a su cabeza por deserción. Marina estuvo hablando mucho tiempo (o más bien escuchándo a ese fantoche) sobre sus estúpidos planes de hacerse pirata para volver a la Armada Castellana y conseguir una patente de corso, el problema es que solo cuenta con un bote y una tripulación de 4 piratas...toodos locos. Mientras, su criado no hacía más que darle la razón o tocar el violín cuando Barceló se ponía dramático. Allí juntos llegaron a la conclusión de que su tierra podría ser liberada por mar, y con ésta idea fue a sus padres a contarselo. Pero sus padres no estaban en casa.
Más tarde tuvo otra travesura con Cintia, escalar el campanario y dar cinco campanadas, siendo las tres de la tarde, lo que confundió a todo el pueblo. El padre Merino las persiguió por el pueblo infructuosamente. Con el "cambio de hora" improvisado, aprovecharon para coger unos melones a Mauricio el Roñoso, para no ir perdiendo la costumbre. Volvieron a la granja abandonada y alli escucharon entrechocar de espadas. Los padres de Marina se estaban batiendo en duelo y rememorando viejos tiempos (¿qué tiempos? ¿acaso no eran campesinos?). Marina, escondida, descubrió que su padre es realmente avalonés y que no son precisamente unos campesinos muy normales. El duelo quedó en empate "como siempre" dice Tomás a su esposa Beatriz. Ya en el suelo de la granja, se echan un rato mirando desconcertadamente como un melón rueda por una de las vigas caidas hacia ellos.
Ya en casa Marina deja claro que se ha enterado del pequeño secreto de sus padres y su afición por matarse con floretes en el granero abandonado, así que le cuentan parte de su historia. Marina muestra intenciones de alistarse algún día al ejército o a la marina, lo cual no le hace mucha gracia a sus padres. Su padre le regala un crucifijo con una piedra de singular belleza, como regalo para que su hija no hiciera ninguna estupidez de alistarse en un ejército. Sus padres quieren asegurarse que su hija no van acabar en ninguna guerra absurda muriendo por un rey al que ni siquiera conocen. En cualquier caso, dejaron bastante claro que no querían a su hija en la guerra, de hecho hablaron de mudarse, pero...¿a dónde?
Al final pasa lo inevitable, la guerra alcanza la Villa. Durante la cena, la familia Oliván nota como sus platos vibran y forman olas en su sopa. No es una tormenta. Bueno sí, la de la guerra. Los cañones se escuchan a escasos kilómetros. Están asaltando la ciudad de Santiago al norte de la villa.
Durante la noche comienzan a llegar los primeros refugiados. Soldados del Tercio que se han retirado...pues dicen que hubo alguien de dentro que les ha habierto la puerta a los enemigos. No podían combatir con un traidor entre sus filas. Marina les dice a los soldados del Tercio, Castellanos, Mariano y Bianca que Ramiro se encuentra en el pueblo. Todos se reunen a la esperda de decidir si van a retomar la ciudad de Santiago, si hacer frente a los gabachos en Santa Elena o replegarse en el fuerte de San Teodoro. En cualquier caso, la participación del pueblo es decisivo.

Y así acaba un día relativamente normal para Marina Oliván. A la noche siguiente, todo cambiaría.

Su tío, Harold Owen, un espadachín con parche en el ojo ha reaparecido en sus vidas después de muchos años. No parecía conocer la existencia de su sobrina Marina, y no le importaba demasiado. Harold Owen iba con la intención perdonar a su hermano, después de que perdiera el ojo (y a una persona) por culpa de su hermano...aparte de que lo odiaba por haberse casado con la única mujer a la que había amado, Beatriz. Les propuso unirse a ellos en una nueva cruzada, como los viejos tiempos, pero esta vez...una más decisiva. Unirse a una organización con verdadero poder, no como los Rosacruces, dice. Poder real, poder controlar el mundo, acabar con las guerras, provocarlas...podrían aceptar a ser una de esas pocas personas que pueden cambiar el mundo. Harold había cambiado mucho en estos 24 años, hasta el pundo de ser irreconocible. Está consumido, agotado, nervioso, pedía constantemente un artefacto que guardaba su hermano y Beatriz. Thomas, al rechazar la oferta de su hermano hizo enfurecer a su hermano, sobre todo porque le miraban como si hubiera enloquecido. ¡Detestaba que le prejuzgaran! Claro...ellos eran felices en su pueblucho con su hija...con la mujer que él había amado. Le sacó de sus casillas. Pero estaba preparado ante la negativa de su hermano, había tomado una decisión y sus hombres estaban dispuestos a actuar.

Marina Oliván volvió a casa después de otro día de duro trabajo trabajo. Todo empieza a ir mal cuando se encuentra a Salchichas, el perro del vecino, degollado. Mariano, por su parte, solo estaba amordazado. Marina ve su casa en llamas y ve paisanos armados llevando a sus `padres fuera de casa hacia un carruaje celda para llevárselos. Harold les está dando órdenes. Escucha las voces de los soldados, de donde distingue acento mountaignés... ¿por qué hay mountaigneses al servicio de su cruel tío? ¿Qué demonios busca Harold con tanto ahínco?
Harold se toma un momento para aprovechar que Beatriz está presa para abusar de ella delante de su hija, mientras Thomas está insconciente en el carruaje prisión. No llega a abusar del todo de ella, pues su hija no hace más que tocarle las narices tirándole una piedra. Harold decide que la diversión a acabado. Se lleva a los prisioneros hasta conseguir lo que quiere de ellos. En cuanto a su sobrina, le ha dejado un hermoso corte de despedida en la clavícula, para el próximo encuentro. Cuando se marchan, encuentra una carta abierto, cuyo remitente es un tal Walter Ericson y va dirigida a su padre. Parece dar una pista que no parece tener mucho sentido...


¿Qué vas a hacer, Marina Oliván?

A partir de ahora tu camino lo haces tú. Hay miles de caminos y ningún hogar al que volver.

Cadenas por corona

Los grilletes se cerraron sobre las muñecas de Leandro Vázquez de Gallegos. El Alguacil cerró las esposas duramente y apretando con malicia,...