domingo, 26 de agosto de 2012

Héroes y Villanos (IV)

Aquí van más Héroes y Villanos de la partida de 7º Mar. En este caso, vamos con algunos Secuaces (Ni villanos ni Héroes)


Julius:
Un hombre que se está haciendo de oro gracias a sus enormes habilidades de espía y un gran sentido de la discreción. Aún así, lo
que hace que los servicios de este espía sean tan atractivos es que por sus venas corre una sangre muy pura de la hechicería noble de Montaigne: el Porté. Pudiendo abrir varios portales por toda Théah (siempre con un límite), Julius ha ido vendiéndose como espía y como saltador...solo tiene una norma, si alguien le paga el doble de lo que ya gana por sus servicios, ha sido contratado nuevamente. Esto hace que muchos nobles disputen y pujen por él. Sin embargo, su identidad sigue siendo un misterio ¿De dónde proviene esa pura sangre hechicera? ¿Actúa Julius solo por avaricia? ¿O tiene un objetivo mayor para todo ese dinero que está ganando?


Constanzio di Rossi:
El temido espadachín y duelista de la señorita la Conttesa di Veronnia Paola Ulberti. Se dice que se hizo un nombre combatiendo en la Guerra de la Cruz, como mercenario al servicio de la corona de Castilla. Su estilo de guerra era frío, nocturno y altamente eficiente, entrando en las encamisadas castellanas más peligrosas. Desapareció en el asalto al castillo del Loco Imperator (batalla donde Thomas, Beatriz y el grupo de Héroes de antaño acabaron con la guerra apresando al mayor genocida de Théah, hace unos 18 años), pero volvió a aparecer después de muchos años en las cortes de Vodacce como espadachín de la Conttesa Paola Ulberti. Sólo ha tolerado a un único aprendiz de esgrima: a Dorian di Estéffano, valentón de la familia Villanova.



Domingo Villaverde:
El más temido investigador caballero de la Inquisición. Le llaman la espada del Verdugo, pues por muchos es sabido la cercanía que tiene Domingo con el Sumo Inquisidor Esteban Verdugo. Nadie sabe nada de su infancia, solo que apareció recién nacido en una cesta en las puertas de la Iglesia de Santo Domingo con unas extrañas marcas en su piel. Ha ido creciendo bajo la tutela de la Iglesia, y sobre todo de Esteban Verdugo, desde pequeño y entrenado en las artes marciales religiosas de la Inquisición. Pronto se convirtió en el cazador de brujas y de artefactos heréticos más afamado de todo el Vaticano. Llegaba a las aldeas y no solo acababa con los falsos conversos, sino que además atrapaba a licántropos y brujas. Su especialidad es la investigación y la documentación, aunque la caza de brujas con su lanzallamas Syrneth (un artefacto herético, pero los caminos del Señor son inescrutables) no se le da demasiado mal tampoco. Persiguió al anciano Diego Núñez de Ávila por una rumoreada relación sodomita con un noble castellano, aunque Marina Oliván se interpuso para defender a su único maestro de esgrima. No es un espadachín agresivo: deja que las personas a las que persiguen se delaten a si mismas comenzando sus ataques...porque si realmente fueran inocentes, se dejarían juzgar libremente ante la Inquisición y los ojos del Señor. Domingo nunca desenvaina primero...prefiere ver antes cuál es la verdadera naturaleza agresiva, herética y decadente de la pieza de caza que persigue. Porque a veces, solo a veces, algunos suelen ser inocentes y se dejan juzgar (aunque no por ello después sean declarados inocentes). Actualmente se encargaba de perseguir al arquitecto vaticano Bernini, al que no encontraron...aunque sí una extraña mancha de sangre en su local con signos de hechicería. Los duelos de Domingo con Marina Oliván a lo largo de la partida han sido altamente épicos y satisfactorios (el Duelo bajo la lluvia de Santiago, escrito en este blog desde el punto de vista de Domingo y otro desde el punto de vista de Marina; y otro duelo en la Cámara los 5 Sabios de la Atlántida, donde los dos espadachines coincidían a la vez con sus movimientos de una forma épica y vertiginosa)

miércoles, 22 de agosto de 2012

Aquello por lo que muero

Tras viajar día y noche, al fin di con vos, Harold. ¡Se suponía que nos reuniríamos para acabar con todo esto juntos! ¿Por qué os fuisteis dejándome atrás? Para colmo vuestra reacción al verme fue golpearme, como siempre habíais hecho cada vez que nos encontrábamos antaño.

- ¿Por qué quieres combatirlos cuando sabes que no tienes nada que hacer contra ellos? ¡Ni siquiera yo!

- ¿Y por qué queréis combatirlos vos entonces? – pregunté sin comprender la diferencia.

- Ellos mataron a todo lo que yo amaba, me usaron… ¿Por qué luchas tú? ¿Por qué vas a tirar por tierra toda tu vida? ¿Por qué vas a hacer sufrir a tu madre y a todos los que quieres? A mí no me queda nada y por eso te quiero dejar aparte. Dime, Marina, ¿por qué quieres luchar?

Reconozco que me ofendió esa pregunta. ¿Creía que era el único al que le habían arrebatado algo que amaba?

Comencé entonces a recordar lo último de lo que me habían despojado, hacía apenas unos días:
Estaba a punto de rozar lo que llevaba meses buscando, de recorrer de nuevo aquel lugar que conocía como la palma de mi mano. A punto de ver caras más que conocidas, de sentirme como en casa...A punto de estarlo.
Mis ojos se iluminaron, ¡ya se veía la Villa de Santa Elena! Por fin podría pisar la hierba sobre la que había caminado tanto tiempo, en definitiva, el lugar donde había crecido. Deseé que mi caballo fuese aún más rápido. “Paciencia, Marina”, me dije. “Ya falta poco”. Pero mi mirada se apagó al llegar a la campiña. “¿Pensabas acaso que se había acabado? ¡Al contrario! Ahora son más si cabe, y no me gusta. ¿Qué querrían ahora? Malditos cuervos.” Entré en mi casa lo más rápido que pude, tenía que saber que mi madre y Francesco estaban bien…mas era mi vida la que corría peligro.

- Por el Nuevo Orden Mundial – dijo uno de los tres hombres embozados que me sacaron a la fuerza de casa. – Estás apresada.

¿Y qué iba a hacer yo? Me encontraba cerca de todo lo que más quería: mi hogar, mis amigos, mi madre...Así que hui. Querían acabar conmigo, y no estaba dispuesta a que fuese junto a algo que pudiesen destruir después. Si esto era el final, lo sería solo para mí. Me anunciaron mi muerte, no sin antes mostrarme lo que habían estado preparando todo este tiempo: el principio del fin. El comienzo de un nuevo mundo más justo y equitativo a sus ojos, no obstante, aún quedaba convencer de ello a miles de personas. Esa era la tarea del Padre Morales. Infundía temor y caos y afirmaba que Dios caminaba ahora sobre la Tierra…¿Para qué queremos reyes, naciones y diferentes banderas si podemos ser todos iguales? Todo ello por un precio: someterse al Nuevo Orden o morir en el intento de conseguir una salvación que solo el nuevo Dios podía otorgar.
Una auténtica locura, mas eran muchos los ciegos que se unían a ellos por miedo. ¿Hasta dónde pretendían llegar? O, ¿hasta dónde habían llegado ya en este tiempo? Fuera cual fuese la respuesta, esto no podía seguir adelante, pero lo más probable era que Marina Oliván no estuviese esta vez para impedirlo. Ya me conducían a mi muerte aquellos hombres embozados.
Todo pasó muy deprisa. Aún no sé cómo conseguí evitar ese disparo y escapar trepando por los tejados de ese callejón para más tarde encontrarme con Alonso en las puertas de la Villa. “Este lugar ya no es seguro”, acordamos ambos. Habría que marcharse una vez más.
Algo interrumpió nuestra conversación: era el revoloteo de unas alas, no precisamente un par. Sabía que no me dejarían ir tan fácilmente, no iban a permitir que la luz de Atlante escapase. Empujé a Alonso antes de verme envuelta en una nube de cuervos que deseaban picotearme los ojos. No…yo no sería una ciega más. Intenté zafarme de los cortes que me provocaban las acuchilladas alas de los pájaros cuando alguien más intervino. “No, Alonso, tú no…No tienes ni idea de qué significa todo esto” pensaba. Comenzamos a rodar, sin decidirnos quien protegería a quién de los numerosos y afilados ataques. “Bastantes problemas nos has causado ya a los dos como para que encima te metas en esto y mueras. ¿Se puede saber qué haría yo después? ¿Qué hago yo si tú mueres?” Mis pensamientos de detuvieron un momento. “Marina, ¿de qué hablas? ¡Haz algo!” me dije antes de levantarme del suelo, aprovechando el cesar de los ataques.
“¡Basta! Si me queréis, aquí estoy. No nos haré esperar más a ninguno de los dos, Ojo.” Dirigí la mirada al centenar que cuervos, que al unirse, tomó aspecto humano. Ya lo había visto antes, pero nunca me había enfrentado a él, a uno de los Trece.
Tal y como pensé, no se andaría con rodeos. Comenzamos a lanzar ataques, a recibir heridas, sobre todo yo, para qué mentir, ya estaba maltrecha de antes y además no tenía mucho que hacer contra él. De pronto, agitó las afiladas alas, conseguí agacharme a tiempo y supe que era mi oportunidad para acertarle un fondo. Dolor. Trató de desvanecerse en cuervos, pero esta vez sería yo la que no le dejaría escapar y, aprovechando que seguía clavado en mi espada, asesté otro golpe. Ojo cayó al suelo, ya no podía moverse más…pero sí hablar lo suficiente como para ordenar a los guardias que me matasen.

- ¡Bajad las armas! – les grité mientras apuntaba con la pistola a mi principal oponente. – Os dejaré que os vayáis con él. – Me preguntaba por qué estaba diciendo eso, ¿dejarlos marchar después de ir tanto tiempo tras ellos? Sí…si se iban de la Villa, no le daría a Ojo un final. – Os dejaré ir si…

- No lo hagáis… - Interrumpió casi sin fuerzas el miembro de los Trece.

- ¡Matadla! – exclamaron los guardias.

Todos disparamos a la par. Ya no habría más cuervos extraños rondando a nuestro alrededor, el NOM no podría observar ya lo que ocurría al otro lado del continente. Yo tampoco veía nada…mi mundo se oscureció al recibir tal avalancha de disparos.

Entreabrí los ojos despacio, me pesaban tanto como las heridas. Alonso fue la primera persona que vi. “Está despierta”, dijo mirando a su lado. Mi madre y Francesco estaban allí, a caballo. Alrededor, la Sierra que conducía a Santiago. De nuevo, dejamos nuestro hogar atrás, esta vez iluminado por el fuego de cientos de antorchas que se podían ver desde donde estábamos.
Finalmente nos separamos. Mi madre fue a avisar a Allende de lo ocurrido, Francesco se quedó en Santiago, y Alonso y yo, tras alertar al Marqués, partimos hacia San Cristóbal. Allí debía contárselo todo al rey, y además Harold se dirigía a la ciudad, tenía que encontrarle. Tenía que saber qué había pasado y, como acordamos, juntos hacer frente al Nuevo Orden Mundial…

“¿Por qué luchas tú?” Preguntasteis de nuevo, sacándome de mis pensamientos. Ahora lo tenía aún más claro…
Lucho por Santa Elena, mi hogar, el que me fue arrebatado dos veces. Cada rincón de la Villa me trae recuerdos…El campanario, donde jugaba a confundir a los vecinos con Cintia tocando las campanas. La iglesia, asistía allí con mis padres todos los domingos para escuchar la misa del tartamudo Padre Merino. La granja abandonada, en la que me hicieron la pedida de mano más patética jamás vista. Mi casa, vecina a la de Mauricio “El Roñoso”, donde siempre había vivido. Fue lo último que perdí.
Lucho por Beatriz, mi madre, quien intentó protegerme con todas sus fuerzas del mismo camino que ella siguió hace años. Y es por ella más que por nadie, por quien he de seguir viviendo cuando esto acabe. Prometo que volveremos a estar juntas en casa, no volverá a sentirse sola.
Lucho por Harold, a quien perdonaría eternamente a pesar de haber causado de una de mis mayores heridas. Él sigue siendo mi familia, por la que me desvivo día a día. Sé por lo que ha pasado, y aunque no sea de mucha ayuda, me quedaré a su lado.
Lucho por Thomas, mi padre, a quien me arrebataron cruelmente. Es sobre todo por él por quien arriesgo hoy la vida. Terminaré lo que él empezó, cumpliré su última voluntad. Lo juro.

Por las cosas que destruyeron tiempo atrás y que yo amaba. Por los que a día de hoy, y después de todo, siguen apostando por mí. Por cambiar el sombrío futuro del mundo. ¿Seguís pensando que no tengo motivos por los que combatir, Harold? Mi razón sois todos a los que amo…y por vosotros muero.


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Pensamientos de Marina Oliván al encontrar a su tío junto a los Rosacruz en un caserón frente al frente Castilla-Montaigne, justo después de la anunciación del Cuarto Profeta sobre Théah, declararse el fin del mundo conocido y la llegada de una nueva vida...tal y como anunciaban las sagradas escrituras. Aunque nadie imaginaba un reino del terror...¿no? Solo los Héroes podrán impedirlo, pero ¿dónde están los Héroes?

PD: escrito por Sara (Aleera), mi jugadora de 7º Mar. Una vez mas, gracias por tus interesantes escritos y por crear una buena profundidad al personaje de Marina Oliván. Así da gusto narrar ^^

sábado, 4 de agosto de 2012

Tirando la vida por la borda

¿Qué estoy haciendo?

¿Por qué estoy tirando mi vida por la borda? ¿Por ella? No lo sé...pero esto es estúpido. ¿Quien me habría imaginado escapándome de mis obligaciones, de mi casa, de mi hogar, en busca de alguien que probablemente no me recuerde...? He viajado por los peligrosos mares infestados de monstruos y corsarios, lleno de criaturas malignas, selvas horribles plagadas de mosquitos enormes, fiebre, hambre y sed... ¿y todo por qué? Por Marina...¡es ridículo! ¡Igual que ella!

Ridículo, pero mi corazón aún ansía saber qué demonios significó ese beso...y qué significó para ella.

Ese estúpido beso que ha cambiado toda mi vida. ¡Maldito el día en que jugué en robarle su primer beso! Jugué con fuego y puede que ahora me vaya a quemar...y ni siquiera sé si me da igual. ¡¿Por qué es todo tan difícil?!

¡Por el amor de Dios he abandonado mi hogar un día antes del día señalado para mi pedida de mano a Alicia! Los Orsini y los Lara deben estar ahora reunidos, preguntándose donde está el futuro Barón prometido...

Alonso eres idiota...¿cómo se te ocurre dejar a tu futura prometida plantada? Ese casamiento nos iba a permitir pagar los impuestos de la Villa...¿Pero qué digo? La culpa no es solo mía.

¿Acaso te crees con derecho a besarme, hacerme sentir algo que no comprendo y desaparecer dos meses, Marina? Pues se acabó la espera, me niego a mandarte ayuda otra vez como en San Cristóbal, me niego a velar por ti en la distancia una vez más. Voy a patearme los siete mares, voy a preguntar en todas las tabernas de mala muerte, voy a atravesar todos las junglas extrañas y encontrarme con todas las tribus caníbales del Archipiélago de la Medianoche. Esta vez voy yo en persona a buscarte, no puedo esperar una noche más en vela intentando deshacer este ovillo de sentimientos. Te voy a encontrar maldita sea. Puede que en tu mirada encuentre las respuestas que busco...y saber por qué me he fugado de casa humillando a los Orsini.


Un mes viajando... mi mirada se ha apagado ligeramente, tengo ojeras, ¡hasta me ha crecido la barba porque ni siquiera tengo ganas de afeitarme! No entiendo nada...hasta ahora todo era un juego ¿no? hasta que ella comenzó a jugar también a lo mismo que yo. Y entonces surgió una chispa. ¿Pero qué?

Por eso tengo que encontrarla...y cuando la vea, cuando mis ojos se encuentren con los suyos, sabré si esa chispa que nació en mi interior arde con el fuego de la pasión o todo volverá a ser como antes. Tengo que encontrarla...

- ¡Marinero! ¡Se te están escapando las amarras de la vela mayor! Cuidado con esos cabos, ¿Quieres perder una pierna? ¡¿En qué demonios estás pensando, grumete?!

Despierto de repente y me encuentro en mitad de la cubierta. Es de noche, está lloviendo a mares, una vez más, me ha pillado una tormenta tropical brutal y El Mercante zozobra. Maldita niña... mira lo que hago por ti, más te vale que estés en peligro. Intento concentrarme en la tarea, pero el huracán me arranca las cuerdas y la vela mayor se desata dejando escapar un pico y azotándonos con los aparejos de hierro.

-¡Por la Madre Océano, chico! ¡Lárgate de aquí y encárgate del trinquete! Con un poco de suerte las sirenas reclamarán tu pellejo inútil.

Voy tambaleándome por la cubierta. Tropiezo con todo tipo de gente y se quejan de mi torpeza al caminar sobre un barco, me clavo una astilla en mis pies descalzos y llego al trinquete. Me aferro al bauprés como si no hubiera mañana, mientras con un cuchillo deshago el nudo que ha hecho el dios Éolo y que está partiendo el mástil. Me ato al bauprés y cuelgo sobre el océano...me han mandado al sitio más peligroso del barco. Maldigo para ahogar el vértigo mientras cuelgo sobre un cabo bastante precario. Procuro no mirar abajo mientras hago la tarea.

-Maldita Marina...¡Estúpida! ¡Idiota! ¡Imprevisible! ¡Cazurra! ¡Loca! ¡Testaruda! ¡Temeraria! ¡Mentirosa! ¡Me dijiste que ibas a la Islas de las Especias! ¡DOS MESES!- una ola se alza sobre la quilla y me cala hasta los huesos. El cabo atado como un arnés sobre mi cintura me salva la vida- ¡Cuando te encuentre te vas a enterar!

Entonces veo como bajo mis pies un torbellino de agua sale de los oscuros mares. No es un torbellino...es...escamoso y grande.

-¡Un Leviatán!- trepo mientras escupo agua salada y subo a cubierta.

-¡Todos a las armas!-gritan en general- ¡Repartid mosquetes y arpones!

El capitán del Mercante miró con incredulidad.

-¡Malditos locos! ¡La pólvora está mojada y húmeda, no tenemos posibilidad contra el Rey de los Mares! ¡Soltad lastre y nos marchamos por estribor! ¡Volvemos a la Isla de las Especias!

Nadie discutió la orden. Excepto yo.

-¡Mi capitán, tengo que llegar al Puerto Real! ¡Debemos continuar, debemos llevar el cargamento!- digo sin ninguna convicción, el cargamento de especias realmente no me importa. El capitán me mira incrédulo.

-¡Muchacho, no sé si estás loco o simplemente quieres suicidarte! Pero si no vivimos para contarlo, estas especias se perderán igualmente.

-¡Debemos continuar! ¡No podemos deshacer camino ahora! No ahora que estamos tan cerca de Puerto Real...- aferro con mis manos la casaca del capitán, quizás con demasiada desesperación. Uno de los marineros me guantea la cara por agarrar y contradecir al capitán. Pero es la última pista que tengo de ella. Los piratas decían que la Temeraria Marina Oliván estaba reclutando valientes hombres para marchar al Oeste, allá donde acaba los océanos y la tierra...

Caigo sobre la madera y una enorme ola nos visita en la cubierta y se lleva a varios marineros. El capitán se mete en el camarote del castillo de popa y yo por los pelos me aferro al agarradero del mástil más próximo. Una vez más, esquivo la muerte.

No podíamos volver ahora atrás...sí volvíamos ahora sí que no tenía ninguna posibilidad de encontrarla a ella. A la estúpida y temeraria Marina. Se acabó...

De pronto, un barco ballenero empotró con nosotros en mitad de la tormenta. Se escucha un disparo y un garfio se engancha en las cuerdas de El Mercante. Estupendo, no era suficiente con un Leviatán rondando y tentando nuestra muerte como para que nos abordaran los vikingos Vesten.

-¡Nos abordan!- grito mientras estoy seguro de que voy a morir en cuanto llegue el primero de los asaltantes.

Y efectivamente, alguien aborda nuestro barco y muero...pero muero de alivio y esperanza.

-¡Alonso!

La figura que viene balanceándose en el cabo de abordaje es Marina. Tiene mal aspecto, huele a pescado y tiene el pelo horrible por la humedad. Pero al fin y al cabo es mi Marina. Me da un vuelco el corazón. No sé como interpretarlo.

El Leviatán se levanta sobre nuestro barco...nos ha alcanzado. A Marina le ponen una espada sobre el cuello uno de los marineros de El Mercante. Ella ni se inmuta de la amenaza y busca mi mirada a través de la intensa lluvia. Nuestras miradas se encuentran y nos quedamos callados. Nos miramos, los dos estamos confusos... nadie dice nada.

¿Es que no piensas decir nada? ¡Idiota!


Nos seguimos mirando a los ojos...no entiendo nada. No se ha aclarado nada en mi corazón. Ese mismo sentimiento que no sé si es algo más que amistad o el mayor fuego que nadie ha sentido jamás en este mundo. Decido picarme con ella y cantarle las cuarenta en mitad del mayor combate en alta mar que he visto en mucho tiempo...luchamos espalda con espalda... mientras le reprocho todo lo que llevaba acumulado...

Te odiaré porque aún no sé cómo amarte...

domingo, 29 de julio de 2012

La otra parte de mí...

Aún era difícil acostumbrarse a aquella sensación de inseguridad,temor, dolor y lo que era peor, aquél sentimiento tan vacío como su corazón.Pero claro, qué clase de alma fragmentada podía descansar cuando aún le faltaba una mitad vagando por la tierra...
Ninguna.
Seguía vagando por el Lago de la Luna, bañándose en el reflejo de la luna llena. No había nada que pudiera hacer. De pronto sintió una vorágine de sensaciones...algo le pasaba a su cuerpo condenado a no morir. De pronto sintió vértigo y vio millones de estrellas fugaces alrededor. Su alma fragmentada voló a toda velocidad desde diferentes partes del averno y se encontraron en la nada. De pronto, las brumas se apartaron...supo que tenía otra visión, supo que las dos partes de su alma se reclamaban.

¿Sería aquella la última vez?

Se veía desde fuera combatiendo a bordo de un navío de línea en llamas. Su otra mitad, la odiosa mitad de Harold, estaba combatiendo a Marina Oliván, su...¿sobrina? Dios...¿cómo era posible que nunca hubiera sabido de la existencia de tal regalo del cielo? No era hija suya, pero era hija de Beatriz, y eso le hacía amarla hasta la muerte, pues era un regalo de vida de la mujer de la que siempre estaría enamorado...incluso desde el más allá. El navío zozobraba, pero los guerreros combatían roperas en mano. Su otra parte combatía con maldad por culpa de la Runa de Odio, mientras que Marina luchaba con poco estilo pero con gallardía y experiencia, empuñando una mirada de piedad en sus ojos. Era esa mirada la que había hecho que viajara hasta allí, su alma reclamaba su otra mitad...y allí estaba, consumido por el odio. Estaba destrozando vilmente a Marina sobre la escalera del castillo de popa.

-¡Pataleas como mi hermano, como una sucia nena!-gritaba Harold con odio- ¡¿Acaso no te queda nada de valor en tí?!

-Pues siempre ha sido mejor que tú, como pataleabas tú entonces...- respondió Marina destrozada por los golpes.

Ante la respuesta el demonio interior de Harold se revolvió, bombeando ira con un grito exaltado y le rompió la nariz a la espadachina. Marina se libró de su presa y llevó el combate a la superficie del barco entre las llamas, mientras todos los mares se iban a pique.

-Tú eres mi último obstáculo, Marina- dijo su cuerpo ásperamente, su espíritu intentó penetrar en Harold, pero aún había mucho odio en él.

-Pero soy un obstáculo.

-Una vez temate... no habrá nada que me detenga.

-¿Sabéis que en realidad estáis muerto?
Él paró en seco en mitad de la cruel batalla, expectante.

-No sabéis nada sobre vuestra maldición, sobre esa cosa que tenéis en el ojo y que devora vuestro corazón...

Él la estampó contra el mástil de la vela mayor con furia.

-¡¿Que no sé de mi maldición?!- gritó sarcástico por encima del griterío del baño de sangre.

-Lo sabéis porquelo sentís. ¿Pero os han dicho por qué?

-¿De qué estáis hablando?

- No entendéis nada, verdad?

- Claro que sé de mi maldición.

- ¿Qué sabéis?

- No puedo sentir nada...

- Nada bueno-interrumpió la castellana.

- No. La comida sabe a ceniza, no puedo disfrutar de ningún placer, no puedo morir...

-¡No! vuestra alma está rota en dos.

La Runa de Odio se activó y la parte malvada de Harold apretó el cuello de Marina,ahogando sus advertencias en un gorgoteo.

-No quiero escuchar ninguna de tus mentiras...no tenéis ni idea de lo que he sufrido. No tenéis ni idea de mi maldición. El Gran Maestre me librará de ella cuando cumpla con mi cometido...tú, morirás... y yo seré libre.

La otra mitad de su alma observaba la escena, en espera de calmar ese odio que tanto hacía sufrir su cuerpo condenado.

-Eltanin solo piensa que vuestro cometido aquí es morir, así que vuestra maldición nunca va aser liberada.

-Eltanin no tiene nada que ver con todo esto...

-¡Eltanin es elputo Gran Maestre!

-El Gran Maestre es la única persona que me ha ayudado.

-No. Te rescató de la muerte. Bueno..."rescatado". ¿Habéis pasado por el Lago de laLuna y habéis hablado con vuestro otro...yo?

El otro yo de Harold se encontraba allí... su cuerpo se tambaleó ante la tremebunda revelación de Marina. Comenzó a vomitar una bilis negra y amarga, estaba expulsando parte de su mal. De pronto, sabía que podría volver a su cuerpo.

El cuerpo deHarold se tambaleó, por una vez en mucho tiempo...con su alma completa.

-¡Marina!-gritó un Harold desconocido, suplicante y reconciliado.

La Runa demoníaca comenzó a activarse para lo que fue creada y, con exalación dolorosa, expulsó el alma de Harold de su cuerpo unavez más. Eltanin lo había planeado bien, tenía a un descendiente de los Hijos de la Mar sirviéndole, prácticamente inmortal...aunque para comprar su lealtad antes debía acabar con su sentido de la justicia, con su bondad y con sus sentimientos; por ello le convenía retener su gran odio, pero expulsar su parte honorable.

-¡¡TE ODIO!!- gritó el demonio desde su interior con una furia reavivada con el fuego de los siete infiernos.

El combate se reanudó con un combate feroz alrededor de un maremoto donde se veía la isla hundida de los Syrneth. Harold movía su hoja de forma casi imperceptible y letal, a lo que Marina no sabía cómo actuar. De pronto Marina lanzó un fondo entre las estocadas de Harold. Trabaron acero y sus rostros se juntaron en una mueca de odio y en otra de piedad. El mar, por actuación de las piedras de las lágrimas de Calypso se hundió dejando ver la Atlántida y haciendo que el Finisterra prácticamente se tumbara parcialmente de lado. Harold perdió el equilibrio y cayó por la borda. Marina lo sujetó en el último segundo sobre un abismo insondable.

-¡¿Porqué haces esto?! ¡Suéltame!

-¡No !No quiero que muráis...

-Yo no puedo morir- rió él de forma insana.

-¡Capitana,los montaigneres se retiran! ¡Los seguimos!-interrumpieron los piratas de latripulación del Finisterra.

-¡Esperaos coño!

Los piratas ayudaron a subir al letal espadachín a bordo, a pesar de lo peligroso que resultaba tenerlo allí. Lo tumbaron en el suelo, pero no hacía más que gritarle a Marina, como si la considerara una amenaza:

- ¡Apártate de mi!

Sin previo aviso el Finisterra entró en la espiral del 7º Mar y fue descendiendo de forma veloz y devastadora. Las velas se rasgaban, la quilla reventaba y toda la tripulaciónse atenía a lo que podía para no salir volando por la ventolera del poder las lágrimasde Calypso.
La bondad deHarold seguía observando...sentía que cada vez estaba más cerca de su otramitad gracias a la acción de Marina. Sentía que podía tocar su alma...
Entonces pasó lo impensable. En mitad del todo el desastre, muerte y caos...Marina apareció de la nada y abrazó a Harold por la espalda. Él se lamentaba y negaba con la cabeza.

-Beatriz no os perdonaría esto. No fuisteis peor que nadie...simplemente nadie supo reconoceros. Y Eltanin no os está dando ningunaposibilidad. Sí, Eltanin es el Gran Maestre, quien empezó todo esto, quien provocó vuestro exilio...así conseguiría el Grial. Esa bestia, la de las cinco cabezas que habla el mapa, necesita esas piezas que tú buscas.
El demonio surgió de dentro de Harold con una voz de ultratumba.

- ¡NO LE DIGAS ESO! ¡¡¿Qué quieres?!! ¡¿Poder?! ¡Yo te lo puedo otorgar! Déjalo..
-No quiero poder...

-¡HAROLD ES MÍO!

-¡NO! Es mío...y es mi familia.

Marina le quitó el parche con delicadeza y él pudo volver a ver el mundo con sus ojos. Los ojos del maldito estaban en blanco...no había rastro de la runa demoníaca, pero su corazón agonizaba.

-Marina... hazlo. Ahora sí...soy libre.

El barco se inclinó hacia adelante y cayó hacia la ciudad hundida de la cuna de la civilización de los Syrneth. Las velas se rasgaban, todo caía, la quilla reventaba y el barco dejó de girar en el torbellino para caer a toda velocidad. Marina hizo acopio para no caer y clavar el puñal en el corazón de Harold. Él tomó la mano de ella y apretó la daga hasta morir.

-Por fin...he sido liberado de mi odio. Thomas, perdóname.

La sangre corrió y todo fue oscuro para Harold. Reconoció el lugar donde estaba. Estaba en el limbo, entre la vida y la muerte. El lugar donde su alma fragmentada se encontraría para por fin descansar en paz. No esperaba sobrevivir a encontrarse consigo mismo...nadie sobrevivía de una puñalada en el corazón. A menos que ocurriera un milagro. Harold se encontró consigo mismo, frente a frente.

-¡¿Quién eres tú?!-gritó el alma de odio de Harold recién liberado.

La otra parte de Harold, desde el claro de Luna, tocó su hombro.

-Soy tú, Harold...la parte de ti que has olvidado.

-No... yo no he olvidado nada. ¡Son los demás los que siempre se han olvidado de mi!

Su otra parte sonrió y habló con ternura. Entonces comenzó la verdadera batalla de Harold...que su alma se uniera. La luz de su corazón debía aplacar la oscuridad de su legendario odio...hasta convertirse en la luz gris que siempre había sido.

-Yo soy el olvido y el odio que sentía hacia Thomas-dijo la envidia

-Yo soy la admiración que sentías por tu gemelo, al que nunca le harías daño-respondió la hermandad.

-¡Yo soy el rechazo eterno de la mujer que siempre he amado!-dijo la tristeza.

-Yo soy el amor de Beatriz, a la que nunca le pondrías una mano encima.- respondió el amor.

-¡Soy el asesinato de mi padre ante mis ojos!- reprendió la culpa.

-Soy la sonrisa de tu padre jugando en los campos de Carleon- respondió la inocencia.

-Soy el desprecio de todo el mundo- gritó el rencor.

-Soy el aprecio de tus verdaderos amigos- suavizó la amistad.

-Soyla hija que nunca acunaré entre mis brazos...- susurró los sueños rotos.

-Soy Marina, la hija de tu amor verdadero, la que te ha liberado- respondió el perdón.

Y entonces...el alma de Harold se recompuso y pudo morir... en paz.

"Soy el amor de Beatriz, soy la sonrisa de mi padre, soy Marina, por la que me dejaría eternamente perdonar, soy mi odio hacia las injusticias... por fin he alcanzado la paz. Por fin tengo la mitad por la que tanto he vagado y me han manipulado. Por fin... soy Harold."

Y entonces ocurrió el milagro.

Harold despertó en la cubierta de un barco. Estaba vivo...¡cómo era posible! Lo único que le podía haber salvado era haber pactado con demonio. ¿Quién iba a pagar semejante cosa por él?

-¿Está Harold despierto?- preguntó una voz femenina, era Marina.

-No, no... aún debe estar recuperándose- respondió el cirujano Kristen, de la tripulación del Finisterra.

Harold cerró los ojos y fingió estar dormido. Una lágrima corrió por su rostro maduro. No quería estar despierto en este momento. Esto era quizás lo más difícil que tenía que hacer en su vida. Era la mayor batalla que tenía que librar...conseguir poder mirar a los ojos a la mujer que tanto daño había hecho y que le había perdonado una y otra vez. Porque ella siempre ha creído ciegamente en su bondad.

"Aúnno estoy preparado...", pensó cerrando los ojos y fingiendo estar inconsciente. Algún día...conseguiré reparar todo el daño que te he hecho...Marina. Lo juro."

sábado, 9 de junio de 2012

Si la campaña de 7º Mar fuera una novela de espadachines...


El continente de Théah es un mundo en el que los héroes son más necesitados. Tras un golpe de estado fallido por la Iglesia, Montaigne, la nación más arrogante y poderosa del momento, ha invadido Castilla. Tras el éxito de su política imperialista, los elegantes mosqueteros del Rey Sol también marchan por la fría Ussura y su armada ha bloqueado las islas del Glamour.

Marina Oliván es una campesina castellana que vive prácticamente al lado de la guerra, trabajando la tierra y su molino. Sin embargo, tiene un pequeño secreto: sueña algún día con ayudar a su pueblo del yugo del invasor imperial. Aunque sus padres se oponen a los deseos de aventuras de su hija, un día el fuego de la guerra llega hasta su pacífica Villa. Sus padres son secuestrados por un frío y oscuro espadachín con un parche en un ojo llamado Harold, que resulta ser su tío desaparecido y del que nada sabía; y que se convertirá en su peor pesadilla durante toda la aventura. Marina emprenderá un viaje intrépido por toda Castilla en rescate de su familia y por la salvación de su pueblo, mientras desvelará los secretos de la verdadera identidad de sus padres, las oscuras intenciones de su tío, y de un plan secreto para derrocar a la única persona que puede ayudar a su pueblo: Manuel Sandoval, futuro Rey de Castilla. Tras este velo de mentiras y traiciones se encuentra la conspiración de una logia secreta que intenta controlar el mundo desde las sombras. Nadie resulta ser quien es...

Estocadas mortales, persecuciones vertiginosas, respuestas ingeniosas, intrigas palaciegas, asesinatos magistrales, misterios inexplicables, rebeliones sangrientas, guerras devastadoras, amores imposibles y aventuras increíbles.

Esta es la historia de cómo la persona más inesperada puede mover el mundo gracias a la amistad, el sacrificio y la voluntad. 

Es la historia sobre cómo todos podemos cambiar el mundo.


Es la historia de la forja de una heroína. 

viernes, 20 de abril de 2012

La llama del recuerdo

Desde el inicio de los tiempos los humanos se preguntaron qué era lo que movía el mundo. Qué mueve a los humanos a avanzar, retroceder, luchar o morir...

¿Qué hace que sigamos avanzando cuando caemos en la más completa oscuridad? ¿Qué consigue que cuando caigamos sobre el suelo, apretemos los dientes, aferremos la tierra y nos levantemos? ¿Cuál es ese poder interior que hará que nunca, nunca nos rindamos?

¿El poder?, ¿la avaricia?, ¿la conquista?, ¿la fama?, ¿la supervivencia? ¿la victoria?...

Aún recuerdo cuando te tenía entre mis brazos. Llorabas con furia cuando naciste...y fue peor cuando creciste. La curiosidad mató al gato, pero a ti te salvó. Intentamos detenerte, pero cuando alguien está creado para el mundo...el mundo le reclama. Intentamos aislarte, pero fue inútil, y en parte lo agradezco. Los grandes corazones necesitan grandes lugares donde latir. El humilde hogar que te dimos se te quedaba pequeño.

Y así, con el pelo enredado, la sonrisa despeinada y la mirada salpicada de estrellas, te arremangaste las faldas y saliste en pos de rescatar lo que más querías en el mundo.

Y debo decir, que me salvaste. Me salvaste de creer que mi hija se quedaría atrapada entre el arado y el aspado indiferente de un molino. Me salvaste...porque en el fondo siempre quise que mi hija sintiera la sangre de sus padres. La sangre de dos héroes.

Y ahora vuelves a casa...después de haberte forjado como mujer.

Son las decisiones la que hacen que acabemos en un destino u otro. El capitán del Tercio Ramiro León entró en cólera con el Marqués Fernando Galán...ambos amigos tuyos. Llegaron casi a las manos y a punto de acabar en duelo. Casi imagino que pensaste que lo que te faltaba era que incluso tus amigos murieran en duelo, por muy noble que fuera. Y todo casi se desmorona por una mujer. Jeannette iba a ser enviada con el tirano de su padre por el tratado que firmasteis el Estado Mayor del Tercio a cambio del castillo de Santiago. Ramiro iba a cumplir con su promesa, por dura que fuera, pero el enamorado entró en cólera. Entraron en duelo mientras los guerrilleros y los hombres del Tercio se insultaban. Sin temor alguno entraste en círculo del duelo, entrando en el baile de espadas en el que se mataban dos amigos. Tuvieron que parar, le hiciste ver a Fernando que habíais dado vuestra palabra al enemigo de llevar a Jeannette con su padre. La palabra de un castellano es sagrada. Por mucho que le doliera, era lo justo, y se lo hiciste ver. Moviste su mundo para hacer lo que debía hacer, aunque no fuera lo que Fernando quisiera y amara más en este mundo. Fue lo justo, aunque a todos, incluso a ti, os rompiera el alma en mil pedazos la marcha de vuestra amiga. El marqués miró su corazón entonces. No debía poner a su amor por encima de todas las cosas, el pueblo contaba con él, pero no se daría por vencido: rescataría a Jeannete, se casaría con ella, sacarían su tierra adelante y lucharía contra todo el que se opusiera. Fernando soltó su espada, mirando tus ojos, y se dio cuenta de que su pueblo le esperaba, era lo justo. Supo que su mundo cambió en ese momento.

Un caballero es justo más allá de lo que ansía su corazón

Tras haber viajado por toda Castilla, siguiendo las pistas de una conspiración contra la corona del Buen Rey Sandoval, acabaste con tus amigos en la corte del rey, salvando su vida y la de la nación. Te torturaron, te chantajearon, te mandaron a galeras, te juzgó la Inquisición, te acusaron de asesinato, y salvaste a una persona que intentó venderte: Rivera. Tras haber pasado por mil y una aventuras y desventuras, salvaste a un hombre que estaba condenado por poderes mayores. Salvaste a un rey y a un desgraciado sin tener en cuenta su posición social...por partes iguales, aunque uno de ellos portara corona. Y tras ello, no pediste nada a cambio, ni siquiera esperaste que te dieran las gracias, ni siquiera esperaste a que despertara para ver su cara de agradecimiento. Simplemente inclinaste tu cabeza y les obsequiaste con una sonrisa portadora de la humildad.

Un caballero es humilde y no espera recompensa, a excepción de una verdadera y pura amistad.

El simple hecho de ver a la guardia de San Cristóbal correr de un lado para otro te hizo saber que debías saber qué pasaba. Y tu olfato no te engañó: se llevaban a la pobre gitana que hace unos momentos te había leído tu destino en unas cartas. La Inquisición allí mismo intentó azotarla públicamente, y sin embargo, sin desenvainar arma alguna excepto la palabra, les hiciste ver a los pueblerinos las injusticias de los fanáticos. Por ello, se te juzgó y se te condenó a latigazos en la plaza del pueblo... solo por piedad hacia esa pobre mujer que solo te adivinó tu futuro. La piedad movió su mundo y fue perdonada.

Un caballero es piadoso y su corazón puede escuchar el lamento del mundo


Tu amigo, el gran Capitán Barceló, quiso ajusticiar a uno de los vuestros, a Gerard, ahorcándolo sanguinariamente sobre los mástiles de vuestro barco. Podías haber apartado la mirada, irte a otra parte, preocuparte por tus asuntos. ¡Pero no! ¡Pusiste tu corazón entre la muerte y su corazón! Traidor o asustadizo, ¡era uno de los vuestros! decías. Fue perdonado por ti, una niña, Gerard Leblanc se sintió avergonzado. Se marchó a su camarote a emborracharse como siempre, para olvidar aquella vergonzosa actuación. Y sin embargo, la botella acabó rompiendo su espejo. La imagen de un borracho que no hace más que lamentarse de un pasado incierto. Vio algo en tus ojos... un atisbo de tu alma. Miró su reflejo duplicado en los pedazos de cristales.  Entendiste su miedo, te pusiste en su lugar, entraste en su corazón y comprendiste que sus intenciones no fueron malas, sino desesperadas. Su reflejo se había roto...y con él su alma. Se lavó, se aseó, sacó la casaca que representaba un pasado mejor para él, se recogió el pelo en una trenza de espigas, decidió cambiar. Gracias a un gesto gentil...un simple gesto que movió su mundo.

Un caballero es misericordioso y ve las faltas de los demás en sí mismo


Plantasteis cara al tirano invasor, os presentasteis en todas las trampas de vuestros enemigos voluntariamente para salvar a vuestros amigos de la horca; invadisteis una catedral para impedir una boda que destruiría vuestra tierra y el corazón de un amigo; os infiltrasteis en un castillo plagado de soldados en pos de liberar a los rehenes de guerra. Pero sobre todo, pusiste tu corazón delante del rifle mountaignere en la batalla de las estepas de San Juan. Pudisteis haberos retirados a las murallas y hacer guerra de guerrillas, pero no, avanzasteis con justa furia. El enemigo se confió, creía haber tenido la victoria en sus manos...pero no contó con el ardor de la valentía castellana. Cargasteis de frente a las bayonetas y recibisteis con corazones ardientes la salva desesperada de un enemigo superior pero confiado. La valentía os salvó a todos, aunque pagasteis el precio de la muerte de muchos amigos. La valentía hace que la bandera del furriel Mariano ondee con la gloria del Tercio Castellano sobre la estepa...su sangre derramada sembraría la libertad en aquél lugar. Los castellanos no dejarán de sorprenderme ¡Alzad vuestros corazones, hombres y mujeres de Castilla! ¡Mostrad vuestras garras de león! ¡Mostrad vuestros corazones con valentía! La valentía que mueve el mundo del pueblo castellano.

Un caballero es valiente, un hombre que lucha juntos sus amigos no debe temer ni a la misma muerte.


Caballero sin título, fuiste forjada con la sangre de los gentilhombres. Un título grabado a fuego en tu corazón y escrito con tu sangre. Una campesina que lleva el corazón de un héroe en su pecho. El título no hace al hombre.

Entonces Marina, ¿qué es lo que mueve tú mundo? ¿Qué te motiva mueve a los humanos a avanzar, retroceder, luchar o morir...?

¿El poder?, ¿la avaricia?, ¿la conquista?, ¿la fama?, ¿la supervivencia? ¿la victoria?...

No...soy yo desde tu corazón. Es mi fuego que vive en ti, gracias a ti. Porque mantienes la llama de mi recuerdo viva, a pesar de que mi corazón se apagó hace mucho.

Gracias hija mía, me salvaste al final...porque los héroes solo viven cuando los actos de alguien querido le recuerdan.

Y tú...me recuerdas a mi.
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Thomas Owen. Desde algún lugar donde los espíritus viven en paz, pero aún no pueden abandonar el mundo.

jueves, 5 de abril de 2012

¿Pensaban acaso que podrían cambiar algo con tal acto? ¿De verdad creían que con su muerte ella volvería? ¿O quizás suponían que sin Gerard a bordo tendríamos un viento favorable? ¿Acaso no se pusieron muchos de su parte cuando quiso huir? Y aun así, se lo harían pagar tan solo a un hombre. A un hombre con miedo, ¡maldita sea! Todos lo tuvimos al ver aquel navío errante que subsistía gracias a los cuerpos de los que podía alimentarse. Sus tripulantes eran parte del barco, y no se podía distinguir en qué punto comenzaba éste. A bordo, esqueletos y cadáveres andantes trabajaban, arriando velas, transportando pólvora o cualquier tarea que él les encomendaba. Él…la sola imagen de El Segador era escalofriante, se encontraba en la proa del barco con la misma macabra apariencia que la del resto de navegantes, pero éste, a diferencia de los demás, portaba una guadaña sobre la que se apoyaba. Y si pudiese una calavera tener algún tipo de expresión, juraría que una sonrisa triunfante y sádica figuraba en su rostro. Si él no era la muerte en persona, ¿quién entonces podría serlo?
Aun así, decidimos toparnos con el Arca de la Muerte. Éramos nosotros o ellos, no habría alternativa. Pero Gerard prefería tener una posibilidad de seguir viviendo, y siendo él el contramaestre de nuestro lamentable navío, Finisterra, aprovechó la ocasión para ello cuando el capitán y yo nos lanzamos a por la embarcación sin vida. Muchos apoyaron la decisión de marchase dejándonos atrás, pero a nuestro costoso regreso, alegaban que sólo él era culpable, que nos había traicionado y que por tanto debía ser ajusticiado con la muerte. Yo no podía permitirlo. Sí, había tomado el mando del barco para dejarnos atrás. Sí, se podía decir que nuestra causa estaba perdida cuando quedamos presos Barceló y yo en las entrañas del Arca de la Muerte. Sí, se podría entonces pensar que nos había traicionado. Pero, ¿a quién? ¿Qué somos para él? Y más aún después de que sus más cercanos habían creído que acabar con su vida era lo mejor para todos. ¿Es que Barceló no es capaz de pensar que no todos son tan leales como él? ¿O debería decir arriesgados e imprudentes? Nosotros teníamos mucho que perder en aquel conflicto y lo que más nos preocupaba eran ellos: nuestros compañeros, nuestros amigos. Mas Gerard allí solo podía perderse a sí mismo y era lo único que deseaba salvar. Lo entiendo. Por ello no podía dejar que tuviese tal final. Lo único que conseguirían sería un alivio por haber matado a uno de los nuestros. ¡Un alivio para ellos! Yo no podría cargar con ese peso, aunque no fuese yo quién sellase su destino, porque significaría que tampoco hice nada por impedirlo. Tenía que poner fin y no de esa manera.
Se propuso entonces dejarle marchar, no volvería a abandonarnos nunca más, puesto que no formaría parte de nuestra tripulación ni de nuestras mentes. Dejarle marchar… ¿con quién? ¿Con los que a pesar de compartir lengua y costumbres, le habían repudiado siempre? ¡Ellos no eran los suyos! No se sentiría parte de ningún lugar, si es que acaso había sentido algo parecido con nosotros. Intervine: “¿Qué es lo que realmente queréis hacer?”, pregunté. La respuesta era obvia si debía elegir entre quedarse, partir con quienes no encajaba o morir.
No sé si estuvo bien o mal lo que hice: pasar por alto la decisión de nuestro capitán Barceló y tomar la mía propia, permitiendo a Gerard quedarse con nosotros y perdonándole la vida…pero no me importa. Pienso que así las cosas se han tornado de un color diferente tanto para él como para mí y me siento bien al saber que quizás todo esto haya significado algo para alguien, aunque ni siquiera le conozca. Es posible que así empiece a valorar que lo que tiene no son solo un puñado de botellas de alcohol con las que ahogar sus penas, sino que hay alguien que apuesta por él y cree que las cosas pueden cambiar y que la suerte puede sonreírle. Y aunque no se modifiquen sus pensamientos ni sus actos, quería que tuviese la oportunidad de hacerlo. No me importa si nadie me toma en serio, o piensan que solo hice esto por compasión, pena, o simplemente por no ser capaz de asesinar a alguien que a ojos del mundo lo merecía. Mi visión de todo aquello era diferente…

Alguien me preguntó una vez en qué creía, y con mi crucifijo en la mano, el que antaño mi padre había portado, no supe responder. Al principio me pareció un simple interrogante cuya misión era buscar su solución, y que por más que intentaba hallarla, ésta parecía no querer ser encontrada. Mi respuesta fue entonces el silencio y eso me frustraba. Pero luego entendí que no tenía un tiempo limitado para contestar, pues a todo le llega su momento.
Ahora me aferro a mi crucifijo, miro al frente y dejo que la brisa me acaricie el rostro y juegue con mi cabello. Y creo. Creo en que puedo cambiar las cosas.

Marina Oliván

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Cuaderno de bitácora de la capitana del Finisterra, justo después del motín fallido de Gerard tras la batalla contra el Segador y el Arca de los Muertos.


PD: escrito por Sara (Aleera), mi jugadora de 7º Mar. Gracias por el escrito ^^

Cadenas por corona

Los grilletes se cerraron sobre las muñecas de Leandro Vázquez de Gallegos. El Alguacil cerró las esposas duramente y apretando con malicia,...