sábado, 2 de julio de 2011

Resumen de partida: El principio de algo nuevo...otra vez (Sesión introductoria)

Aquí empieza la vida tranquila de Marina Oliván, un campesina de 17 años de la villa de Santa Elena cuya mayor preocupación es recoger lo sembrado en el campo, hacer trabajar el molino de su familia y preguntarse cuánto les va a durar ese pollino que está ya para el arrastre.
Su aventura comienza como un día cualquiera cuando amanece en la campiña castellana. Marina, arrastrada por la mala influencia de su amiga Cintia Ruiz, espera al amanecer para robar unas frescas y jugosas sandías en el campo de Mauricio el Roñoso, su vecino. Mientras corren con el preciado tesoro, su vecino alza su hoz por encima de la hierba y las persigue entre las plantaciones, intentando identificar a los ladronzuelos que le roban. Para ello, con gran maldad, Mauricio suelta a Napoleón y a Salchichitas para que cace a los ladrones, pero el bulldog francés y el pequeño caniche no imponen demasiado, eso le pasa por creer que los perros del extranjero son mejores, a los roñosos son los fáciles de timar.
Tras su pequeña travesura, Marina y Cintia se reunen en la vieja granja abandonada, que hace las veces de granero alguna vez. La granja siempre ha estado así y no parece que nadie la quiera reparar. Marina y Cintia, amigas de la infancia, discuten sobre sandías y melones. Mientras mira intensamente las frutícolas, a Cintia le llega una duda existencial de sobre por qué algunos hombres llaman a los senos femeninos "melones". Tras una conversación amena entre chicas, la campana del pueblo suena, y la villa comienza a despertar. Cintia, con la excusa de que ahora trabaja para el herrero del pueblo Julián Montalbán, le da el resto de las sandias a Marina y se va hacia la villa. Marina, por otro lado, aun sospechando de las extrañas buenas intenciones de su amiga, acepta llevarse la fruta.
Marina llega a casa y se encuentra con que su vecino Mauricio el Roñoso está pidiendo explicaciones de quién le roba las sandías. Su padres, Tomás y Beatriz, pagan el coste de lo robado, sabiendo que su hija ha vuelto a hacer de las suyas bajo la mala influencia de la huérfana Cintia. Beatriz, queriendo ser educada (sólo, educada) le invita a tomar algo a su vecino como disculpa, pero Mauricio en vez de tomar la mano que se le tiende, toma todo el brazo y se queda a desayunar. Marina intenta entrar en casa con la sandía por el patio gallinero, y hace gala de una buena maña para no despertar a esas locas gallinas. Cuando entra en casa Mauricio no tiene más remedio que acabar enterándose que la que roba las sandías es Marina, sólo ella, pues entró en casa con las pruebas del crimen. Por otro lado, Cintia, mientras va hacia la forja del pueblo, se ríe malvadamente pues sospecha que su plan ha salido a la perfección y está libre de sospecha de robar sandías.
Tras el desayuno, el pueblo se viste para acudir a misa, y la familia Oliván no son menos. Allá en la villa, la misa se hace interminable, pues aparte de que son largas de por sí, más lo son si el cura es tartamudo. El pobre Padre Merino tiene problemas para hablar en público. De hecho, hay misa porque una de las monjas le empuja hacia el altar para que hable. La misa se hace interminable y las mujeres se abanican con aburrimiento. Llega el momento de consagrarse y las familias van hacia el pater para tomar la consagración. Marina y Beatriz van, mientras su padre las espera en el banco. Marina le pregunta a su madre por qué nunca va su padre a tomar la consagración, y ella le responde que su padre "no cree que el cuerpo de los profetas esté en una galleta". Algunas feligresas que chochean ya se escandalizan ante tal comentario en la iglesia, pero a los 5 minutos se olvidan y siguen abanicándose casi con furia. El primero en consagrarse es el Barón Lara y su hijo, Alonso Lara, el picha brava (o eso quisiera) de la villa. Tras tomar la comunión saluda a Marina en la cola de la misa, y la saluda como un caballero, tomándola de la mano y besándosela (todo un escándalo en una iglesia). Al retirar la mano, Marina ve como le ha dejado un papel donde le ha dejado escrito Alonso Lara que se encontraran después de la misa en la vieja granja abandonada, ellos solos. Las viejas vuelven a chismorrear escandalizadas, llamando a Marina de todo menos bonita, que si es una pelandrusca que hace que los hombres hagan cosas blasfemas en la iglesia, que las muchachas de hoy en día eran unas frescas y bla bla bla. Otra cosa que avivó los comentarios hacia Marina en el pueblo, era que se levantara para acercarse al altar para darle la paz del Señor al padre Merino, cuando éste siempre se muestra aparte en este tipo de cuestiones. Ni qué decir que se podía freír un huevo en la cara del pater, mientras la monja se reía inocentemente ante la situación, mientras los comentarios negativos hacia las hijas de los Oliván crecían por las chismosas: " va a por todos los varones, incluso se le insinua al cura, qué buscona" siguen diciendo más o menos las viejas. Al fin y al cabo, es un pueblo. Sus padres por el contrario les da igual, incluso aprueban que su hija lleve contraria a la gente (más que nada porque ellos eran igual a su edad)
Más tarde, Marina se reune en la granja abandonada con el futuro barón, el señorito Alonso Lara. Le esperaba tras la puerta, encerrándola justo cuando ella entrara. Allí declaró su amor (de forma muy patética) haciendo símiles de su persona con una estrella y chorradas varias y otros comentarios hirientes y pomposos como "deja tu burro y cásate conmigo", le dice mostrándole un anillo con el nombre de su amada Marina grabado (de todos los anillos que tenía acertó con el que correspondía). Marina, viendo que no había por donde huir, pues él estaba bloqueando la salida astutamente, se le abraza emocionada (para poder alcanzar el pomo del portón) mientras él no paraba de preguntar emocionado "¿eso es un sí?". Marina lo sigue abrazando y le da la vuelta, estando ahora ella cercana a la puerta, se separa de él y le responde "eso es un...¡tengo prisa!" dice locamente mientras cierra de un portazo la granja abandonada y sale corriendo como alma que lleva el diablo. Lo que nadie había previsto es que fue tal el portazo que pegó Marina que la granja se derrumbó parcialmente encima del hijo el barón. Cuando Marina vió que el hijo del barón estaba ileso mientras sacaba una mano entre las vigas con el anillo, todavía pidiéndola en matrimonio, salió corriendo hacia su casa.
Allá en casa lo primero que hacen sus padres es mirar la mano de su hija, y al ver que seguía desnuda respiraron con alivio. Con esto salió el tema de las pedidas de mano y su hija Marina pregunta cómo fue la suya, la de sus padres. Éstos se miran y misteriosamente cambian de tema con gran descaro, lo cuál le toca un poco la moral a su hija.
Tras preparar Marina las últimas piezas de alfarería, se dispone a secarlas y llevarlas a la feria del pueblo con su gran pollino valiente. Su padre Tomás sugiere vender el pollino pues ya está para el arrastre, pero su hija Marina se niega rotúndamente ¿le habrá cogido cariño al burro?
Allá en el pueblo hay un heraldo hablando encima del pozo, contando las nuevas, sobre cómo los cardenales han decidido disolver el Tercio Viejo de San Juan y que hay que racionar la comida porque Mountaigne está bloqueando los puertos castellanos. Marina se mete en la feria y consigue vender algunos botijos de barro cocido de forma extraña, pero curiosa. Allí se encuentra un puesto de metales forjados, donde está su amiga Cintia vendiendo materiales de la forja del pueblo. Se quedan charlando y Marina se da cuenta del poco arte y paciencia que tiene su amiga para vender productos. Al final acaban hablando del hijo del barón y Marina le cuenta que acababa de pedirla en matrimonio en el viejo granero. En ese momento Marina descubre que a Cintia también intentó "conquistarla" el susodicho, pero que ella no le dió bola porque esperaba a que lo hiciera de nuevo de manera menos cutre. También se dió cuenta de que Cintia está un poco encoñada de Alonso Lara, por lo que empezó a tirar de los pelos a su amiga por envidia en mitad de la feria. Al final de la conversación, Cintia le acaba vendiendo una daga que no corta, pero al desprenderse la hoja de la empuñadura, Marina decide quitarle una lima sin que se diera cuenta para compensar el timo.
Josué, Blas y Clara, los huérfanos del pueblo, le robaron la lima en la feria y persiguiéndolos conoció a Ramiro, maestro de escuela, aunque solo sabe impartir historia. Allí hablaron sobre el Tercio de San Juan, y Ramiro le pidió si veía a alguien del Tercio que le dijera que Ramiro León estaba allí.
Marina volvió a casa con el dinero y una lima, pero sus padres no se encontraban allí, así que decidió darse una vuelta. Allí en la posada "las castañuelas alegres" vió que estaba plagado de mercenarios, la mayoría eisenos imponentes. Allí había otro hombre enorme y barbudo, el Capitán Barceló, que se encontraba reclutando gente sobre un papel donde ponían precio a su cabeza por deserción. Marina estuvo hablando mucho tiempo (o más bien escuchándo a ese fantoche) sobre sus estúpidos planes de hacerse pirata para volver a la Armada Castellana y conseguir una patente de corso, el problema es que solo cuenta con un bote y una tripulación de 4 piratas...toodos locos. Mientras, su criado no hacía más que darle la razón o tocar el violín cuando Barceló se ponía dramático. Allí juntos llegaron a la conclusión de que su tierra podría ser liberada por mar, y con ésta idea fue a sus padres a contarselo. Pero sus padres no estaban en casa.
Más tarde tuvo otra travesura con Cintia, escalar el campanario y dar cinco campanadas, siendo las tres de la tarde, lo que confundió a todo el pueblo. El padre Merino las persiguió por el pueblo infructuosamente. Con el "cambio de hora" improvisado, aprovecharon para coger unos melones a Mauricio el Roñoso, para no ir perdiendo la costumbre. Volvieron a la granja abandonada y alli escucharon entrechocar de espadas. Los padres de Marina se estaban batiendo en duelo y rememorando viejos tiempos (¿qué tiempos? ¿acaso no eran campesinos?). Marina, escondida, descubrió que su padre es realmente avalonés y que no son precisamente unos campesinos muy normales. El duelo quedó en empate "como siempre" dice Tomás a su esposa Beatriz. Ya en el suelo de la granja, se echan un rato mirando desconcertadamente como un melón rueda por una de las vigas caidas hacia ellos.
Ya en casa Marina deja claro que se ha enterado del pequeño secreto de sus padres y su afición por matarse con floretes en el granero abandonado, así que le cuentan parte de su historia. Marina muestra intenciones de alistarse algún día al ejército o a la marina, lo cual no le hace mucha gracia a sus padres. Su padre le regala un crucifijo con una piedra de singular belleza, como regalo para que su hija no hiciera ninguna estupidez de alistarse en un ejército. Sus padres quieren asegurarse que su hija no van acabar en ninguna guerra absurda muriendo por un rey al que ni siquiera conocen. En cualquier caso, dejaron bastante claro que no querían a su hija en la guerra, de hecho hablaron de mudarse, pero...¿a dónde?
Al final pasa lo inevitable, la guerra alcanza la Villa. Durante la cena, la familia Oliván nota como sus platos vibran y forman olas en su sopa. No es una tormenta. Bueno sí, la de la guerra. Los cañones se escuchan a escasos kilómetros. Están asaltando la ciudad de Santiago al norte de la villa.
Durante la noche comienzan a llegar los primeros refugiados. Soldados del Tercio que se han retirado...pues dicen que hubo alguien de dentro que les ha habierto la puerta a los enemigos. No podían combatir con un traidor entre sus filas. Marina les dice a los soldados del Tercio, Castellanos, Mariano y Bianca que Ramiro se encuentra en el pueblo. Todos se reunen a la esperda de decidir si van a retomar la ciudad de Santiago, si hacer frente a los gabachos en Santa Elena o replegarse en el fuerte de San Teodoro. En cualquier caso, la participación del pueblo es decisivo.

Y así acaba un día relativamente normal para Marina Oliván. A la noche siguiente, todo cambiaría.

Su tío, Harold Owen, un espadachín con parche en el ojo ha reaparecido en sus vidas después de muchos años. No parecía conocer la existencia de su sobrina Marina, y no le importaba demasiado. Harold Owen iba con la intención perdonar a su hermano, después de que perdiera el ojo (y a una persona) por culpa de su hermano...aparte de que lo odiaba por haberse casado con la única mujer a la que había amado, Beatriz. Les propuso unirse a ellos en una nueva cruzada, como los viejos tiempos, pero esta vez...una más decisiva. Unirse a una organización con verdadero poder, no como los Rosacruces, dice. Poder real, poder controlar el mundo, acabar con las guerras, provocarlas...podrían aceptar a ser una de esas pocas personas que pueden cambiar el mundo. Harold había cambiado mucho en estos 24 años, hasta el pundo de ser irreconocible. Está consumido, agotado, nervioso, pedía constantemente un artefacto que guardaba su hermano y Beatriz. Thomas, al rechazar la oferta de su hermano hizo enfurecer a su hermano, sobre todo porque le miraban como si hubiera enloquecido. ¡Detestaba que le prejuzgaran! Claro...ellos eran felices en su pueblucho con su hija...con la mujer que él había amado. Le sacó de sus casillas. Pero estaba preparado ante la negativa de su hermano, había tomado una decisión y sus hombres estaban dispuestos a actuar.

Marina Oliván volvió a casa después de otro día de duro trabajo trabajo. Todo empieza a ir mal cuando se encuentra a Salchichas, el perro del vecino, degollado. Mariano, por su parte, solo estaba amordazado. Marina ve su casa en llamas y ve paisanos armados llevando a sus `padres fuera de casa hacia un carruaje celda para llevárselos. Harold les está dando órdenes. Escucha las voces de los soldados, de donde distingue acento mountaignés... ¿por qué hay mountaigneses al servicio de su cruel tío? ¿Qué demonios busca Harold con tanto ahínco?
Harold se toma un momento para aprovechar que Beatriz está presa para abusar de ella delante de su hija, mientras Thomas está insconciente en el carruaje prisión. No llega a abusar del todo de ella, pues su hija no hace más que tocarle las narices tirándole una piedra. Harold decide que la diversión a acabado. Se lleva a los prisioneros hasta conseguir lo que quiere de ellos. En cuanto a su sobrina, le ha dejado un hermoso corte de despedida en la clavícula, para el próximo encuentro. Cuando se marchan, encuentra una carta abierto, cuyo remitente es un tal Walter Ericson y va dirigida a su padre. Parece dar una pista que no parece tener mucho sentido...


¿Qué vas a hacer, Marina Oliván?

A partir de ahora tu camino lo haces tú. Hay miles de caminos y ningún hogar al que volver.