miércoles, 22 de agosto de 2012

Aquello por lo que muero

Tras viajar día y noche, al fin di con vos, Harold. ¡Se suponía que nos reuniríamos para acabar con todo esto juntos! ¿Por qué os fuisteis dejándome atrás? Para colmo vuestra reacción al verme fue golpearme, como siempre habíais hecho cada vez que nos encontrábamos antaño.

- ¿Por qué quieres combatirlos cuando sabes que no tienes nada que hacer contra ellos? ¡Ni siquiera yo!

- ¿Y por qué queréis combatirlos vos entonces? – pregunté sin comprender la diferencia.

- Ellos mataron a todo lo que yo amaba, me usaron… ¿Por qué luchas tú? ¿Por qué vas a tirar por tierra toda tu vida? ¿Por qué vas a hacer sufrir a tu madre y a todos los que quieres? A mí no me queda nada y por eso te quiero dejar aparte. Dime, Marina, ¿por qué quieres luchar?

Reconozco que me ofendió esa pregunta. ¿Creía que era el único al que le habían arrebatado algo que amaba?

Comencé entonces a recordar lo último de lo que me habían despojado, hacía apenas unos días:
Estaba a punto de rozar lo que llevaba meses buscando, de recorrer de nuevo aquel lugar que conocía como la palma de mi mano. A punto de ver caras más que conocidas, de sentirme como en casa...A punto de estarlo.
Mis ojos se iluminaron, ¡ya se veía la Villa de Santa Elena! Por fin podría pisar la hierba sobre la que había caminado tanto tiempo, en definitiva, el lugar donde había crecido. Deseé que mi caballo fuese aún más rápido. “Paciencia, Marina”, me dije. “Ya falta poco”. Pero mi mirada se apagó al llegar a la campiña. “¿Pensabas acaso que se había acabado? ¡Al contrario! Ahora son más si cabe, y no me gusta. ¿Qué querrían ahora? Malditos cuervos.” Entré en mi casa lo más rápido que pude, tenía que saber que mi madre y Francesco estaban bien…mas era mi vida la que corría peligro.

- Por el Nuevo Orden Mundial – dijo uno de los tres hombres embozados que me sacaron a la fuerza de casa. – Estás apresada.

¿Y qué iba a hacer yo? Me encontraba cerca de todo lo que más quería: mi hogar, mis amigos, mi madre...Así que hui. Querían acabar conmigo, y no estaba dispuesta a que fuese junto a algo que pudiesen destruir después. Si esto era el final, lo sería solo para mí. Me anunciaron mi muerte, no sin antes mostrarme lo que habían estado preparando todo este tiempo: el principio del fin. El comienzo de un nuevo mundo más justo y equitativo a sus ojos, no obstante, aún quedaba convencer de ello a miles de personas. Esa era la tarea del Padre Morales. Infundía temor y caos y afirmaba que Dios caminaba ahora sobre la Tierra…¿Para qué queremos reyes, naciones y diferentes banderas si podemos ser todos iguales? Todo ello por un precio: someterse al Nuevo Orden o morir en el intento de conseguir una salvación que solo el nuevo Dios podía otorgar.
Una auténtica locura, mas eran muchos los ciegos que se unían a ellos por miedo. ¿Hasta dónde pretendían llegar? O, ¿hasta dónde habían llegado ya en este tiempo? Fuera cual fuese la respuesta, esto no podía seguir adelante, pero lo más probable era que Marina Oliván no estuviese esta vez para impedirlo. Ya me conducían a mi muerte aquellos hombres embozados.
Todo pasó muy deprisa. Aún no sé cómo conseguí evitar ese disparo y escapar trepando por los tejados de ese callejón para más tarde encontrarme con Alonso en las puertas de la Villa. “Este lugar ya no es seguro”, acordamos ambos. Habría que marcharse una vez más.
Algo interrumpió nuestra conversación: era el revoloteo de unas alas, no precisamente un par. Sabía que no me dejarían ir tan fácilmente, no iban a permitir que la luz de Atlante escapase. Empujé a Alonso antes de verme envuelta en una nube de cuervos que deseaban picotearme los ojos. No…yo no sería una ciega más. Intenté zafarme de los cortes que me provocaban las acuchilladas alas de los pájaros cuando alguien más intervino. “No, Alonso, tú no…No tienes ni idea de qué significa todo esto” pensaba. Comenzamos a rodar, sin decidirnos quien protegería a quién de los numerosos y afilados ataques. “Bastantes problemas nos has causado ya a los dos como para que encima te metas en esto y mueras. ¿Se puede saber qué haría yo después? ¿Qué hago yo si tú mueres?” Mis pensamientos de detuvieron un momento. “Marina, ¿de qué hablas? ¡Haz algo!” me dije antes de levantarme del suelo, aprovechando el cesar de los ataques.
“¡Basta! Si me queréis, aquí estoy. No nos haré esperar más a ninguno de los dos, Ojo.” Dirigí la mirada al centenar que cuervos, que al unirse, tomó aspecto humano. Ya lo había visto antes, pero nunca me había enfrentado a él, a uno de los Trece.
Tal y como pensé, no se andaría con rodeos. Comenzamos a lanzar ataques, a recibir heridas, sobre todo yo, para qué mentir, ya estaba maltrecha de antes y además no tenía mucho que hacer contra él. De pronto, agitó las afiladas alas, conseguí agacharme a tiempo y supe que era mi oportunidad para acertarle un fondo. Dolor. Trató de desvanecerse en cuervos, pero esta vez sería yo la que no le dejaría escapar y, aprovechando que seguía clavado en mi espada, asesté otro golpe. Ojo cayó al suelo, ya no podía moverse más…pero sí hablar lo suficiente como para ordenar a los guardias que me matasen.

- ¡Bajad las armas! – les grité mientras apuntaba con la pistola a mi principal oponente. – Os dejaré que os vayáis con él. – Me preguntaba por qué estaba diciendo eso, ¿dejarlos marchar después de ir tanto tiempo tras ellos? Sí…si se iban de la Villa, no le daría a Ojo un final. – Os dejaré ir si…

- No lo hagáis… - Interrumpió casi sin fuerzas el miembro de los Trece.

- ¡Matadla! – exclamaron los guardias.

Todos disparamos a la par. Ya no habría más cuervos extraños rondando a nuestro alrededor, el NOM no podría observar ya lo que ocurría al otro lado del continente. Yo tampoco veía nada…mi mundo se oscureció al recibir tal avalancha de disparos.

Entreabrí los ojos despacio, me pesaban tanto como las heridas. Alonso fue la primera persona que vi. “Está despierta”, dijo mirando a su lado. Mi madre y Francesco estaban allí, a caballo. Alrededor, la Sierra que conducía a Santiago. De nuevo, dejamos nuestro hogar atrás, esta vez iluminado por el fuego de cientos de antorchas que se podían ver desde donde estábamos.
Finalmente nos separamos. Mi madre fue a avisar a Allende de lo ocurrido, Francesco se quedó en Santiago, y Alonso y yo, tras alertar al Marqués, partimos hacia San Cristóbal. Allí debía contárselo todo al rey, y además Harold se dirigía a la ciudad, tenía que encontrarle. Tenía que saber qué había pasado y, como acordamos, juntos hacer frente al Nuevo Orden Mundial…

“¿Por qué luchas tú?” Preguntasteis de nuevo, sacándome de mis pensamientos. Ahora lo tenía aún más claro…
Lucho por Santa Elena, mi hogar, el que me fue arrebatado dos veces. Cada rincón de la Villa me trae recuerdos…El campanario, donde jugaba a confundir a los vecinos con Cintia tocando las campanas. La iglesia, asistía allí con mis padres todos los domingos para escuchar la misa del tartamudo Padre Merino. La granja abandonada, en la que me hicieron la pedida de mano más patética jamás vista. Mi casa, vecina a la de Mauricio “El Roñoso”, donde siempre había vivido. Fue lo último que perdí.
Lucho por Beatriz, mi madre, quien intentó protegerme con todas sus fuerzas del mismo camino que ella siguió hace años. Y es por ella más que por nadie, por quien he de seguir viviendo cuando esto acabe. Prometo que volveremos a estar juntas en casa, no volverá a sentirse sola.
Lucho por Harold, a quien perdonaría eternamente a pesar de haber causado de una de mis mayores heridas. Él sigue siendo mi familia, por la que me desvivo día a día. Sé por lo que ha pasado, y aunque no sea de mucha ayuda, me quedaré a su lado.
Lucho por Thomas, mi padre, a quien me arrebataron cruelmente. Es sobre todo por él por quien arriesgo hoy la vida. Terminaré lo que él empezó, cumpliré su última voluntad. Lo juro.

Por las cosas que destruyeron tiempo atrás y que yo amaba. Por los que a día de hoy, y después de todo, siguen apostando por mí. Por cambiar el sombrío futuro del mundo. ¿Seguís pensando que no tengo motivos por los que combatir, Harold? Mi razón sois todos a los que amo…y por vosotros muero.


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Pensamientos de Marina Oliván al encontrar a su tío junto a los Rosacruz en un caserón frente al frente Castilla-Montaigne, justo después de la anunciación del Cuarto Profeta sobre Théah, declararse el fin del mundo conocido y la llegada de una nueva vida...tal y como anunciaban las sagradas escrituras. Aunque nadie imaginaba un reino del terror...¿no? Solo los Héroes podrán impedirlo, pero ¿dónde están los Héroes?

PD: escrito por Sara (Aleera), mi jugadora de 7º Mar. Una vez mas, gracias por tus interesantes escritos y por crear una buena profundidad al personaje de Marina Oliván. Así da gusto narrar ^^

1 comentario:

  1. Porque al contrario de lo que pueda parecer, tener algo por lo que luchar es más un privilegio que una maldición.Es aquello que nos da fuerzas y aliento.

    Suerte, señorita Oliván, que el viento lleve a buen puerto sus pasos.

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