martes, 27 de septiembre de 2011

La sangre de dos héroes (I)

Beatriz se encontraba sentada en la mecedora de madera en el salón de su casa rústica afuera de la Villa de Santa Elena. Ella cantaba en el salón, observada por las espadas roperas cruzadas encima de la chimenea cuyo fuego ardía lentamente. Mientras, cosía y se balanceaba entre los crujidos del suelo ante su vaivén a la par que mecía una cuna, donde un bebé intentaba combatir con uñas y dientes (los pocos que tenía por entonces) contra su prisión de barrotes que tenía su lecho. Lo que Beatriz más amaba en el mundo estaba ahí, lloriqueando y forcejeando. Desde que nació siempre había tenido mucha energía y muchas ganas de ver el exterior. A ambos les había sorprendido la rapidez con la que había abierto los ojos de recién nacida.

Marina se llama ese bebé, en honor a la madre océano que había unido a sus padres durante tantos años. Además... era tan impetuosa y enérgica como los mares, su llanto era de tormenta y su paz sosegada. Era un nombre que le venía muy bien.

En ese momento específico, Marina lloraba como nunca y se deshacía en mares de lágrimas. El canto de su madre no la apaciguaba. Así que Beatríz optó por contarle uno de los cuentos castellanos que tanto le gustaban. En la que una mujer de las tierras de la Media Luna de origen humilde acababa siendo rescatada de innumerables peligros por un hombre apuesto que al final resultaba ser un príncipe. La mujer al final era rescatada de hechiceros y dragones y su héroe al final le proponía matrimonio. La protagonista aceptaba y eran felices y comían perdices, como se suele decir.

-Y entonces, después de derrotar al malvado hechicero y su dragón maléfico, el príncipe llevó a su amada Azhara en volandas a la torre abandonada donde se conocieron y le pidió que unieran sus destinos en un compromiso de amor eterno que trascendería sus cuerpos y haciendo eco durante siglos...

Thomas Owen, esposo de Beatriz y padre de Marina escuchaba siempre desde el otro lado de la habitación y negaba con la cabeza cuando escuchaba ese tipo de cuentos. Marina no parecía muy convencida con el final del cuento y sollozaba aún un poco. Beatriz, que no quería mimarla demasiado, dejó que llorara, pues acababa de darle el pecho. Al final cayó rendida con la aguja y el dedal en la mano, siendo vigía y centinela de su tesoro, su niña.

Thomas, que observaba desde la puerta toda la escena sin ser visto, se acercó a la cuna...

"Ah...sigue despierta" pensó. "No me extraña que el cuento la haya dejado disgustada con semejante final."

Marina lo miraba con ojos expectantes y enormes, totalmente interesada por el recién llegado.

Él sonrió, notaba el vínculo invisible que tenía con ella. La alzó de la cuna y la puso entre sus brazos y entonces, continuó el cuento.

-Pero Azhara descubrió que realmente su encantador príncipe era un tirano que sometía a sus vasallos a trabajar de sol a sol en los campo, los azotaba como si fueran animales de carga y torturaba a los campesinos para minar su voluntad y usarlos como ganado. Azhara, que ahora era princesa, se dio cuenta de esto y dejó de ser la princesa para ser una enmascarada que ayudaba al pueblo. Su amado príncipe que resultó ser sapo la descubrió y la condenó a galeras, pero ella, con gran astucia, acabó escapando de allí junto a sus nuevos amigos, gracias a que u navío pirata los sacó de allí. Viajó por todo el mundo, aprendió de los mejores espadachines, aprendió a leer y a escribir aunque su antiguo esposo le dijera que eso es solo cosas de hombres. Descubrió la amistad y el amor verdadero, sólo el verdadero. El malvado príncipe se enteró de la huída de su traicionera mujer y mandó sicarios en su busca ya que por su culpa el pueblo ya no se le sometía, incluso preferían morir antes que servirle, después de lo que hizo Azhara por ellos. Por todo el mundo, Azhara fue perseguida: sufrió cicatrices, heridas emocionales...y muchos, muchos amigos murieron por el camino. Pero por cada tajo que ella pegaba, todos sus amigos perdidos golpeaban con ella. Por cada espadazo que daba, hacía justicia. Por cada finta que realizaba, descubría que esa era ella de verdad... y no una mujer que pretendía engañarse siendo una princesa y pretendiendo creer que amaba a ese príncipe encantador que no era más que una fachada. Ella comenzó a luchar por lo que creía...

Marina empezaba a sonreír con los pocos dientes que le estaban saliendo. Parecía que la historia le animaba. Thomas concluía la historia.

-Azhara la enmascarada se encontraba en el palacio del príncipe tirano con el que se iba a casar tiempo atrás. Estaba allí porque había descubierto que el malvado príncipe quería asesinar a su padre para quedarse con la corona y tenía que impedirlo. Estaba en el salón de baile y se enfrentaba ella sola a docenas de guardias. Con rápidas florituras Azhara respondía a cada tajo con elocuencia, su espada era rápida como el viento y letal como una tormenta. El príncipe acabó atrapándola. "Ahora averiguaremos quién es este maldito enmascarado"...¡Y que gran sorpresa al ver que era su prometida tiempo atrás! "¡Tú! Es imposible...¡solo eres una mujer!" Ella se levantó y tirando la máscara dijo. "Soy más que eso...soy una heroína" Y entonces le dejó una cicatriz en la cara, para que él recordara para siempre que era una persona malvada cada vez que se mirara en su presumido espejo...

Marina quedó dormida después de estar sonriendo durante toda la historia. No podía entender nada, solo era un bebé. Quizás se enteraba de algo, quizás le hacía gracia que su padre se entusiasmara tanto. Quizás le alegraba escuchar su voz de barítono. Quizás...solo quizás, algo de sus palabras calaran en ella.

Besó en la frente a una Beatriz dormida. Estaban envejeciendo, pero ella seguía siendo terriblemente y peligrosamente hermosa. Le acarició el pelo azabache y después le rozó la cabeza a su bebé.

-Algún día tú tendrás su precioso y abundante pelo azabache, como una noche orlada de estrellas de rocío.

Dejó a Marina en la cuna frente a las ascuas de la chimenea. Marina parecía ahora satisfecha con el cuento. A pesar de que Beatriz era tan aventurera y había participado en guerras como él, habían acordado colgar las espadas y no tentar a su hija que siguiera los mismos pasos que ellos. Pues el camino de la espada es muy peligroso... y se pierden muchos en el camino. Habían acordado que tendría una vida larga y normal. Todo lo contrario a lo que había tenido él, un caballero de la Rosa y la Cruz y ella, un enmascarada de la Liga del Vagabundo, protectores del Rey y de los indefensos.

Y sin embargo, Thomas no podía evitar tener la esperanza de que su hija al final les desobedeciera y saliera a conocer mundo... y buscar su destino. No podía imaginar que la vida de su hija pasara alrededor de un molino y de un burro agonioso. En el fondo, él quería que le desobedeciera. Miró a la niña de sus ojos en la cuna y le acarició mientras veía como dormía.

-Tienes la sangre de dos héroes Marina Oliván...aprovéchala.


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Villa de Santa Elena. Un año después del nacimiento de Marina Oliván.

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