jueves, 5 de abril de 2012

¿Pensaban acaso que podrían cambiar algo con tal acto? ¿De verdad creían que con su muerte ella volvería? ¿O quizás suponían que sin Gerard a bordo tendríamos un viento favorable? ¿Acaso no se pusieron muchos de su parte cuando quiso huir? Y aun así, se lo harían pagar tan solo a un hombre. A un hombre con miedo, ¡maldita sea! Todos lo tuvimos al ver aquel navío errante que subsistía gracias a los cuerpos de los que podía alimentarse. Sus tripulantes eran parte del barco, y no se podía distinguir en qué punto comenzaba éste. A bordo, esqueletos y cadáveres andantes trabajaban, arriando velas, transportando pólvora o cualquier tarea que él les encomendaba. Él…la sola imagen de El Segador era escalofriante, se encontraba en la proa del barco con la misma macabra apariencia que la del resto de navegantes, pero éste, a diferencia de los demás, portaba una guadaña sobre la que se apoyaba. Y si pudiese una calavera tener algún tipo de expresión, juraría que una sonrisa triunfante y sádica figuraba en su rostro. Si él no era la muerte en persona, ¿quién entonces podría serlo?
Aun así, decidimos toparnos con el Arca de la Muerte. Éramos nosotros o ellos, no habría alternativa. Pero Gerard prefería tener una posibilidad de seguir viviendo, y siendo él el contramaestre de nuestro lamentable navío, Finisterra, aprovechó la ocasión para ello cuando el capitán y yo nos lanzamos a por la embarcación sin vida. Muchos apoyaron la decisión de marchase dejándonos atrás, pero a nuestro costoso regreso, alegaban que sólo él era culpable, que nos había traicionado y que por tanto debía ser ajusticiado con la muerte. Yo no podía permitirlo. Sí, había tomado el mando del barco para dejarnos atrás. Sí, se podía decir que nuestra causa estaba perdida cuando quedamos presos Barceló y yo en las entrañas del Arca de la Muerte. Sí, se podría entonces pensar que nos había traicionado. Pero, ¿a quién? ¿Qué somos para él? Y más aún después de que sus más cercanos habían creído que acabar con su vida era lo mejor para todos. ¿Es que Barceló no es capaz de pensar que no todos son tan leales como él? ¿O debería decir arriesgados e imprudentes? Nosotros teníamos mucho que perder en aquel conflicto y lo que más nos preocupaba eran ellos: nuestros compañeros, nuestros amigos. Mas Gerard allí solo podía perderse a sí mismo y era lo único que deseaba salvar. Lo entiendo. Por ello no podía dejar que tuviese tal final. Lo único que conseguirían sería un alivio por haber matado a uno de los nuestros. ¡Un alivio para ellos! Yo no podría cargar con ese peso, aunque no fuese yo quién sellase su destino, porque significaría que tampoco hice nada por impedirlo. Tenía que poner fin y no de esa manera.
Se propuso entonces dejarle marchar, no volvería a abandonarnos nunca más, puesto que no formaría parte de nuestra tripulación ni de nuestras mentes. Dejarle marchar… ¿con quién? ¿Con los que a pesar de compartir lengua y costumbres, le habían repudiado siempre? ¡Ellos no eran los suyos! No se sentiría parte de ningún lugar, si es que acaso había sentido algo parecido con nosotros. Intervine: “¿Qué es lo que realmente queréis hacer?”, pregunté. La respuesta era obvia si debía elegir entre quedarse, partir con quienes no encajaba o morir.
No sé si estuvo bien o mal lo que hice: pasar por alto la decisión de nuestro capitán Barceló y tomar la mía propia, permitiendo a Gerard quedarse con nosotros y perdonándole la vida…pero no me importa. Pienso que así las cosas se han tornado de un color diferente tanto para él como para mí y me siento bien al saber que quizás todo esto haya significado algo para alguien, aunque ni siquiera le conozca. Es posible que así empiece a valorar que lo que tiene no son solo un puñado de botellas de alcohol con las que ahogar sus penas, sino que hay alguien que apuesta por él y cree que las cosas pueden cambiar y que la suerte puede sonreírle. Y aunque no se modifiquen sus pensamientos ni sus actos, quería que tuviese la oportunidad de hacerlo. No me importa si nadie me toma en serio, o piensan que solo hice esto por compasión, pena, o simplemente por no ser capaz de asesinar a alguien que a ojos del mundo lo merecía. Mi visión de todo aquello era diferente…

Alguien me preguntó una vez en qué creía, y con mi crucifijo en la mano, el que antaño mi padre había portado, no supe responder. Al principio me pareció un simple interrogante cuya misión era buscar su solución, y que por más que intentaba hallarla, ésta parecía no querer ser encontrada. Mi respuesta fue entonces el silencio y eso me frustraba. Pero luego entendí que no tenía un tiempo limitado para contestar, pues a todo le llega su momento.
Ahora me aferro a mi crucifijo, miro al frente y dejo que la brisa me acaricie el rostro y juegue con mi cabello. Y creo. Creo en que puedo cambiar las cosas.

Marina Oliván

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Cuaderno de bitácora de la capitana del Finisterra, justo después del motín fallido de Gerard tras la batalla contra el Segador y el Arca de los Muertos.


PD: escrito por Sara (Aleera), mi jugadora de 7º Mar. Gracias por el escrito ^^

3 comentarios:

  1. Siempre, siempre, somos los dueños de nuestros destinos. Nuestro crucifijo no es nada sin un significado...en él reside nuestra luz, por lo que luchamos y por lo que morimos. Cuando yo lo portaba mi cruz era reparar el daño que había hecho a mis seres queridos... y ahora tú sabes que quieres y puedes cambiar las cosas, hacer bien en un mundo movido por el odio. Has encontrado tu razón, sigue el camino de bien que has creado con tu sudor, sangre y lágrimas... estamos orgullosos de ti- Thomas Owen

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  2. Ahora sabréis lo que significa domar un barco...capitana, ¡JO JO JO!- Capitán Barceló

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  3. Buena travesía, capitana Marina Oliván. Que no os asusten los acontecimientos de vuestro viaje.

    -Lalocadelassandías-

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