jueves, 13 de diciembre de 2012

Un desvío en el camino

Le Chateaû du Soleil estaba en calma esa noche. En el aire se olía los jazmines de los jardines laterales de la Reina Madre, y lo único que se podía escuchar era los pasos ahogados de alguien por debajo de las fuentes doradas del palacio. Ese jardín apenas era visitado, ya que se encontraba cerca de la capilla donde la anciana madre del Empereur se hallaba semirrecluida. La gente evitaba la mayor parte del contacto con la Reina Madre, pues se decía que seguía siendo ferviente vaticana y odiaba a su hijo. Sus jardines eran los más bellos y los más solitarios, bajo la luz de la luna las estatuas de ángeles y querubines se mostraban bohemias y románticas. Los únicos que se atrevían ir a esa zona eran los jóvenes enamorados que por razones políticas o de envidias y disputas familiares querían ocultar al mundo su amor prohibido.

"En la corte no se nos permite tener vida."

Un firme  y silencioso hombre caminaba solitario por los jardines de la Reina Madre. Estaba embozado hasta arriba por una casaca de combate de cuero cuyos abroches fueron víctimas de las prisas; la prenda le llegaba por encima de la nariz, mostrando sus escrutadores ojos azules, que iban dirigidos a las esquinas del laberinto de setos verdes. Obviamente, no quería que le vieran rondando por ahí, pero sus intenciones no eran las de ocultar un encuentro amoroso, como otros cortesanos.

Estaba allí para planear una venganza.

Bajo el ángel redentor de mármol se encontró con otra persona. Su informante.

-Messier, está todo preparado. El hombre de la Liga de Vendel ha firmado el contrato y su negocio prestamista será vuestro en cuanto deis el dinero. Con ello, la deuda de vuestro hermano menor pasará a vos. Os ha debido costar mucho reunir tanto dinero para plantear este paso de vuestra venganza, messier.

- No te imaginas cuanto, Gauvin. Cinco años reuniendo dinero, cinco años prestándome a servicios infames para ganar dinero y preparando mi regreso...

- ¿No hubiera sido mejor preparar unos asesinatos como venganza, messier?

- Cuando me dieron por muerto hace cinco años las cosas no estaban tan claras como ahora, Gauvin. No había contado con que el cruel viejo Angelier hubiera muerto, ni que mi hermano fuera el estúpido que le diera muerte. Ha cavado su propia tumba.

El jardín se quedó en silencio. Gauvin miró fijamente a su interlocutor.

-¿Messier? ¿Le pasa algo? Está todo listo, solo necesitamos su aprobación y empezaremos. Los aliados que ha comprado están preparados.

Le costó la vida arrancar lo que le pasaba, pero el hombre contestó:

-Aún...no puedo vengarme- susurró dubitativo-. ¡No! Aún no quiero vengarme- corrigió a sí mismo.

Gauvin lo miró atónito.

-¿De qué está hablando, messier?  Algunos miembros de la familia están deseando su regreso.

-Sí, porque ahora les van las cosas mal con mi hermano menor. Solo están asquerosamente interesados- gruñó detrás del cuello de la casaca.

-¡Pero lleva años preparando esto! ¡No puede parar ahora!-exclamó en voz baja Gauvin mientras miraba nerviosamente si alguien les escuchaba.

El hombre se levantó lentamente dejando caer todos los pliegues de cuero hacia el suelo. Miró el querubín de bronce de la fuente y recordó el encuentro amoroso que tuvo con una joven cantante de la corte hace mucho tiempo. Nunca olvidaría aquél encuentro nocturno, al igual que nunca olvidaría que la perdió a ella por un cruel chantaje, por política, por envidias familiares...la perdió por una estupidez. Al cabo de un rato agachó la cabeza apesadumbrado.

-Si tengo una maldita debilidad, es que no puedo contra una mujer que llora frente a mi. No puedo quedarme quieto esperando a que cometa una estupidez...

Gauvin frunció el ceño y ladeó la cabeza como si buscara alguna lógica en lo que decía ese hombre. Pensó que tantos años viajando por el mundo le había trastocado la cabeza.

-¿Messier Julius?

Julius no respondió. Sacó un pañuelo bordado y con el pulgar calloso recorrió las casi invisibles ("y un poco torcidas", pensó) iniciales bordadas en el filo.

-Esa niña tonta me necesita.
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Julius en los jardines de la Reina Madre justo después de ver a Marina Oliván llorando destrozada por aceptar el chantaje del Emperador para que no apoyara el plan secreto del Novus Ordum Mundi en la Santa Alianza. Charouse, Montaigne.

1 comentario:

  1. Tantos años esperando este momento para que ahora os echéis atrás por una estúpida decisión que llora...No lo dejéis pasar, Julius, no por mí; que esta niña tonta seguirá adelante, como siempre.

    Marina Oliván.

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