jueves, 19 de diciembre de 2013

Cogiendo la gran ola

La furia de los dioses del clima caía sobre el intrépido Finisterra, (una fragata de hombres libres sin causa) como si los dioses vesten hubieran urgado en lo más oscuro de las Runas Vivas de la creación para desatar un Ragnarok de sal, lluvia y rayos sobre los aventureros. Pero ni aunque los dioses se hubieran puesto de acuerdo con la Madre Océano para hacer el viaje imposible darían marcha atrás. El Finisterra no iba a volver a puerto.
Volver a puerto sería un error. El tiempo corría en contra de todos. Una gran ola se hinchaba por popa y amenazaba con convertirlos en coral. El desafío estaba planteado. Luchar o morir. Si vencían, habría un nuevo amanecer por el que luchar...si fracasaban, las sirenas estarían cantando sobre sus cadáveres antes del amanecer.

La bandera del Finisterra se alzó contra viento y marea, desafiando lo imposible y azotada por el desgarrador viento. Parecía que en cualquier momento saldría volando en mitad del caos.



Lúa Edahi, maestra de las alturas, se encontraba en la cofa del barco, soltando la cuerda que permitió alzar la recién nacida bandera del Finisterra: la nación de aquellos que se les acabó el mundo y vivir en tierra firme. Observó la ola que se avecinaba y se aterrorizó. Si alguien no mantenía el pulso firme en el timón, el barco podría zozobrar. Por suerte, el viento soplaba a su favor y el navío estaba redirigido.

-¡Lúa! ¡El trapo de la vela mayor se ha quedado atascado! -gritó un marinero con pánico desde el otro lado de la arboleda.

Lúa, de piel caoba, se quedó pálida como el marfil. Necesitaban ese trapo para ser más rápido que la ola.

-¡¿Qué hacemos?! ¡¿Por Theus qué hacemos?!- gritó el marinero desesperado.

Lúa pensó en sus años de experiencia. Lo mejor era una retirada a tiempo...

-¡Recoged todas las velas y proteged los trapos que tengáis! ¡Rezad conque Madre Océano sea clemente con nosotros!

Todos se pusieron a trabajar a punto de que cundiera el pánico. Sin las velas estaban a merced del mar.

-¡Capitana al timón!

El aviso autoritario del Contramaestre Gerard rasgó toda la tormenta como un trueno. El hombre que un día fue un experimentado capitán bajo los servicios del Empereur ahora no era más que una percha que se erosionaba elegantemente bajo la lluvia, siempre ataviado con una deshilachada casaca de la armada de Montaigne. Todo el mundo se quedó paralizado bajo la lluvia ante el aviso. La inexperta pero intrépida capitana Marina Oliván de Santa Elena se encontraba al lado de Gerard, consolando siempre la capitana a su temeroso contramaestre. La enorme ola estaba cada vez más próxima. Gerard había preparado el morro del navío de forma perfecta para coger la ola y le cedió el timón a su capitana. Marina Oliván aceptó el desafió...y en el momento que tocó la madera del mando.

Lúa sonrió mientras intentaba afianzar un nudo del trinquete. El contramaestre le ha dado el "honor" de coger esta ola a Marina. Lúa pensaba que Gerard no se atrevía a cogerla él mismo por miedo a fallar ¿le había dicho a la capitana que la ola era demasiado grande para ella? ¿Es que confiaba en ella o le quería cargar el muerto? Quizás no quería asustarla, pero la ola era más grande de lo que él quería admitir. En cualquier caso, Marina Oliván aceptó el timón. No sabían si por la vena temeraria que le salía de vez en cuando a la capitana, o por completo desconocimiento.

En el castillo de popa Gerard se cuadró ante su capitana y no miró la ola que se les avecinaba por la espalda, tapándoles la luz de la luna.

-Aquí se acerca la ola. Estáis preparada.

Y no era una pregunta. Su capitana le sonrió como solía hacerlo, como si él fuera un niño; pero no en un sentido condescendiente, sino como si por alguna razón ella comprendiera todos sus defectos y aún así le dijera "estoy orgulloso de ti". Aquí, en el final de todo, a pesar de todas las cosas.

Gerard se quedó tranquilo. No sabía si el podría con la nueva ola, pero sabía que Marina sí. La firmeza del timón no tenía que ver en este caso con la experiencia, sino con la voluntad. Y Marina era la Voluntad personificada. Si había alguien lo suficientemente tozudo para no soltar algo, ese alguien era ella.

Desde arriba, todos miraron como la capitana hablaba con Gerard y esta tomaba el mando. No sabían que pensar. Si se lo tomaban como un juego, o que simplemente Gerard se había acobardado. La novata capitana no tenía ni idea de gobernar el barco, pero por alguna razón ésta acción tranquilizó a Lúa. Gerard era un hombre experimentado, pero el miedo le corroía demasiado y le hacía temblar el pulso. Y eso era precisamente el fuerte de Marina. Ella se mantendría firme aunque el mismísimo Theus le tronara a la cara. Era la única loca que se mantendría firme y en el timón sin mirar la ola que les consumiría a todos por la espalda. No daría el paso atrás que todos temían.

"A veces la actitud puede más que la experiencia...", pensó Lúa.

Y cuando la capitana Marina Oliván se aferró al timón y en sus ojos brilló la decisión de que iban a coger la enorme ola de sus vidas, todos pensaron que debían hacer lo mismo. El miedo es el soplo de aire que nos hace volar.

Lúa abrió los ojos decidida y decidió que si la capitana no se acobardaba, ellos tampoco. Le daría un voto de confianza.

-¡No recojáis el trapo!-gritó Lúa contradiciendo su última orden- ¡Echadlo entero!

Los marineros la miraron incrédulos.

-¡Eso es...!

-¡La capitana lo necesita! ¡Cortad los nudos si son necesario!

Los marineros sacaron cuchillos.

-¡A la orden!

-¡¡Todo el mundo desplegando velas!! ¡Trapo al máximo gandules!

La ola estaba cerca, muy cerca. Lúa corría descalza por el fino palo del trinquete de popa como si de una funambulista rabiosa se tratara. Había visto como el trapo no se desplegaba por uno de los lados, así que fue en persona a cortar la cuerda para liberarlo. Cuchillo en boca, lo soltó y lo atrapó en el aire, cabalgando el trinquete. Rajó, rajó y rajó. La vela estaba a punto de caer pero la cuerda era demasiado gruesa.

-¡¡Rata vaaaaaa!!

Una figura se lanzó desde arriba y se agarró al paño. Rata (sus compañeros le llamaban así porque siempre se colaba en la bodega para robar algo de queso y por sus habilidades acrobáticas) había aprovechado la gravedad para ir lanzándose al vacío junto con el trapo con una fuerza que rompió los gruesos bigotes de la cuerda. Era una acrobacia peligrosa, pero les haría ganar mucho tiempo. Rata cayó al vació junto con la vela y con una pirueta aprovechó el impacto para girar en el aire y caer en la madera como la alimaña que era.

-¡Juanete mayor desplegado, pero la vela está suelta de una esquina!- gritó Rata desde abajo.

-¡Que alguien lo ate a los obenques!

Alonso Lara, joven y aventurero barón de la corona de Castilla, corrió a atar el cabo de la vela. Sin embargo, trastabilló y a punto estuvo de llegar hasta la borda. En el último momento el hocico asomado de un caballo desde la bodega le hizo caer del todo en cubierta en vez de caerse de la embarcación junto con la ola.


-Por Theus y los profetas...- exclamó Alonso en el suelo mientras intentaba liberarse de...eso

Ventisca lo miraba desde detrás de las enormes rejas y metió el hocico hacia el interior. Alonso se asomó y el caballo lo miró con una cara indescriptible. Si Ventisca hubiera podido hablar hubiera dicho furioso "¡deja de mirarme como un pasmao y recoge el maldito cabo! ¡Ya me darás las gracias!"

Alonso se levantó e intentó atar el cabo suelto a los aparejos. Pero no tenía la fuerza suficiente.

-¡Chicos, necesito ayuda con esto!

Los avaloneses corrieron al son de una canción marinera inglesa sobre las mujeres que les esperaban en la costa. Como siempre, William cantaba con su voz rasgada de barítono y el resto de los avaloneses lo coreaban. Andrew guiaba los tirones de cuerda con su particular acento:

-¡Unou, dous, trees!

Las velas estaban aseguradas y se hincharon orgullosas. El Finisterra cogió un enorme impulso que hizo tambalearse a toda la tripulación.

La ola estaba sobre ellos, y todos vieron sus miedos entre sus aguas

Ventisca, el corcel blanco con más mala uva de Théah, tenía pánico al océano. Pero desde su bodega pudo ver cómo la ola le robaba la luz de la luna en su prisión-hogar. Si la ola les alcanzaba se ahogaría allí por seguro. Pero no era momento de acobardarse. El caballo miró la ola y confió en la tripulación y en Marina, porque ella no era su jinete.

Era su compañera. Era su amiga.

"No te temo, gran ola. Si tú eres la tempestad que cae, yo soy el viento que te atraviesa. Intenta domar mi voluntad."

La ola cayó sobre ellos y todos lucharon con rabia.

Cada tirón de cuerda de Will era un acercamiento más a su prometida Marie. Cada trapo que deshacía Rata era un soplo más que le acercaba a su hogar en Ávalon. Cada nudo atascado que cortaba el escocés Bruce era una victoria para el derrotado clan de los McLane. Cada patada voladora del oriental Long a las cubas de achicar agua era un golpe a los villanos que retenían a Karl. Cada astilla que sacaba Kristen de los tripulantes heridos era una astilla de frustración sacada por no haber podido curar a sus seres queridos en el pasado. Cada cuerda de seguridad que ataba Bartolomé a los tripulantes era un lazo de sangre con la familia que nunca pudo tener. Cada hombre que salvaba Gerard con sus órdenes compensaba a todos los hombres que habían perecido bajo su mando. Cada ánimo que daba Valia a los marineros acababa con los insultos que recibió en los campos de concentración donde nació. Cada cañón que afianzaba el enano Polvorín a las troneras, afianzaba su confianza a pesar de su pequeño tamaño. Cada nudo que deshacía Lúa era una cadena menos de su pasado de esclava. Cada cabo afianzado en el bauprés por Alonso... era un día más junto a ella.

Cada segundo que Marina mantenía el timón sobre la fuerte tormenta los protegía a todos. Y Theus sabe que ese es su destino. Protegerlos a todos o morir en el intento.


NO PODÍAN FALLAR.

Entonces todos descubrieron que seguían siendo libres. Se enfrentaron a la ola y esta no les derrotó, sino que les mostró que la superación de los problemas podían llevarles muy lejos. Quien no arriesga, no gana. Quien no lucha, no es libre.

El Finisterra era su tierra y sus tripulantes sus compatriotas. El mar era su hogar y el océano la libertad de poder elegir a dónde ir. El Finisterra sobrevivió a la tormenta y todos miraron su bandera con orgullo. No servían a alguien a quien no conocían. No trabajaban para una ambiciosa corona, no servían a la avaricia de un mercader encadenado al dinero, su empresa no era la de explorar. No se trataba de cumplir una misión cualquiera. Se trataba de sus vidas. No era una causa cualquiera.

Eran sus causas perdidas. La causa perdida de todos.

La mejor causa perdida es la de uno mismo. Y ellos iban a luchar...hasta el final.


jueves, 31 de octubre de 2013

Duerme...

-Creo...creo que me muero.

Fue lo único que llegó a alcanzar a decir ella, entre suspiros y pesares, mientras descansaba en el charco de sangre que expulsaba, como si de una esponja se tratara. Estaba echada en la puerca choza, y los lánguidos dedos plateados de la luna arañaba el feo techo de paja para introducirse en la apestosa habitación.
Él rió, como siempre, hacia dentro de su pecho. Entraba como un muerto viviente en la casucha, pero mantenía un poco el humor. La sonrisa se le ensanchó bajo la enorme nariz, que aleteó alegre. Sus dientes se dibujaban blanquísimos y, por supuesto, esa piel tan negra como la noche ayudaba a destacar esos hermosos dientes. Ella tenía piel oscura, pero la de él era como una noche sin estrellas.
Escuchó su risa con mirada reprobadora. Nunca expulsaba una carcajada hacia fuera, lo retenía y se la guardaba en su pecho con un sonido grave que hacía sonar su nuez de forma suave y conciliadora. No sabía si había aprendido a retenerla para evitar los latigazos o para que no le castigaran, pero no quería saberlo. Quería pensar que su risa siempre fue así, nada escandalosa, cálida y sincera. Era el mejor sonido del mundo...por lo menos era mejor que el restallar del látigo.

-¿Se puede saber de qué te ríes? No es gracioso- suspiró ella señalándole con un dedo acusador

-Después de todo lo que has liado, no creo que te vaya a pasar nada, querida- él cayó junto a ella, casi desmayado, en el suelo de la choza. Las heridas de su espalda se abrieron ante el esfuerzo, dibujando multitud de sonrisas sangrientas. La sangre cayó por toda la paja y aguantó un grito desgarrador. Ella lo abrazó y le dio parte de la cuerda que ella mordía cuando no quería gritar demasiado fuerte. Él mordió con ansia mientras contenía el terrible dolor, hasta que se le pasaba.

-Me azotaron, Anám...- replicó ella entre indignada mientras los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras éste mordía la cuerda estallando de dolor por dentro- Nunca había sentido un dolor tan lacerante. Nunca me habían latigado...

Él la miró entre divertido y triste, pues en la inocencia en su situación era cruel. Alargó el brazo hasta acariciar una raja que cruzaba su mejilla.

-Bueno...nunca nadie se ha atrevido a replicar a nuestro señor.

Finalmente él volvió a morder la cuerda y expulsó lo peor del dolor. Cuando la oleada sanguinolienta pasó, su  mandíbula liberó la cuerda sucia. Se echó contra el único madero de la chabola y la recogió entre sus enormes brazos. Desde luego Anám era inmenso, probablemente por eso él trasladaba las enormes rocas desde la cantera hasta lo alto del montículo. Ella echó su cabeza en su pecho y derramó su maltratado pelo, quemado por el sol.

-Sin embargo-continuó ella agradeciendo el calor de su cuerpo- no me arrepiento de lo que he hecho. Te he salvado el maldito culo, casi te mueres deshidratado.

-Si...aunque eso nos haya costado casi la vida.- se quejó él mientras se acomodaban en el suelo y el madero- No me has hecho ningún favor, casi que preferiría haber estirado la pata a seguir viviendo esta puerca miseria...

-¿Cómo?-ella alzó la cabeza y lo miró- ¡Cochino agradecimiento el tuyo! Si tenías la cara más cuarteada que una bota hecha de piel de serpiente, estabas sufriendo...-le tocó una de las pequeñas heridas y él se quejó levemente-¡Dame las gracias ahora mismo!

-Va, va-sonrió él mientras le apartaba la mano con un manotazo de su enorme mano-.Gracias...esto...-dudó-va siendo hora de que me digas tu maldito nombre si vamos a pasar el resto de nuestra vida en este agujero.

Ella metió la cabeza bajo su brazo, escondiéndose como una avestruz. Anám no olía nada bien, pero todo apestaba en aquel zulo.

-No me gusta mi nombre...no quiero hablar de eso. Solo quiero dormir, ¿vale? Quiero olvidarlo todo y dormir.

Él la apretó cómplice.

-Me parece bien...Gracias bonita, tu enorme bocaza me ha salvado de morir deshidratado para casi morir desangrado. Nunca deberías callarte, deberías quejarte siempre que debas.

-No es eso lo que me enseñaron en casa...-recordó ella triste mientras se recogía para dormir.

El buen humor desapareció y, aunque él no la veía, notaba que su pecho temblaba, estaba llorando e intentaba que no se le escuchara.
Y sabiendo esto, Anám se puso a cantar para que ella no intentara contener su llanto. Espantando suavemente la resignada pesadilla susurró una cruel pero dulce nana:

"Duerme, duerme negrito,
que tu mamá está en el campo, negrito...

Duerme, duerme negrito, 
que tu mamá está en el campo, negrito...

Te va a traer codornices para ti,
te va a traer rica fruta para ti,
te va a traer carne de cerdo para ti
te va a traer muchas cositas para ti.
Y si negro no se duerme,
viene diablo blanco
y ¡zas! le come la patita,
¡chacapumba, chacapún!"

Dicho esto, Anám le dio un inocente mordisco para levantarle el ánimo. Ella, aún inundada de lágrimas, rió ante la imbecibilidad de él. ¿Cómo podía ser tan tonto? ¿Cómo podía tener ese humor con toda la que estaba cayendo? ¿Podrían algún día dejar de fingir que aun conservaban la esperanza?


"Duerme, duerme negrito,
que tu mamá está en el campo, negrito

Trabajando,
trabajando duramente, trabajando sí,
trabajando y no le pagan, trabajando sí,
trabajando y va tosiendo, trabajando sí,
trabajando y va de luto, trabajando sí,
pa'l negrito chiquitito, trabajando sí,
pa'l negrito chiquitito, trabajando sí,
no le pagan sí, va tosiendo sí
va de luto sí...duramente sí.

Duerme, duerme negrito,
que tu mamá está en el campo negrito..."

Ella quedó dormida y soñó con las alas de la libertad. Anám aprovechó que ella dormía para quebrarse y llorar en silencio, mientras las moscas les devoraban.
Miró el rostro de ella, dormido, tranquilo...la luz de la luna bañaba su tez café. Le sentaba bien el contraste de la luz de la luna y se le ocurrió una tontería.

-Que duermas bien...Lúa.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Los Mandamientos, los pecados y sus monstruos.

Es bien sabido en Théah que...

El pecado en la religión vaticana es un abuso de la confianza que Theus deposita en Sus hijos. Los Profetas enseñaron que Theus creó al hombre a su imagen y semejanza, y que quiere que alcancemos su propio estado de perfección resolviendo el Enigma, que no viene a ser más que tener el absoluto conocimiento del mundo y su significado en el esquema de las cosas. Sin embargo, los humanos siguen teniendo necesidades abyectas y deseos egoístas que indirectamente hacen que le pasen cosas malas a las personas buenas.

Los Nueve Mandamientos de los Profetas


1. Sólo existe un dios verdadero y su nombre es Theus. No inclinarás tu cabeza ante otro.

Recientemente la Inquisición ha definido a las ciencias empíricas como un nuevo falso dios, con lo que el Colegio Invisible (científicos, inventores, alquimistas y otra serie de hombres que harían lo que fuera por el progreso) ha sido condenados por la fe vaticana. La razón por la que se condena el empirismo es porque es una ciencia que defiende que la formación del conocimiento se basa en la experiencia y en la percepción...cosa que dejaría fuera a Theus, ya que Dios no es algo que se pueda ver ni tocar y su conocimiento sobre él solo se basa en la fe. 
Sin embargo, al contrario de lo que se pueda pensar, la Iglesia promueve el conocimiento, y ha creado un sistema de educación pública gratuita en Castilla (el ciudadano medio castellano es bastante culto) y promueve y funda Universidades por toda Théah. Para los Vaticanos el conocimiento y la razón están al servicio de la Fe, para resolver el Enigma del mundo.






2. Honrarás a los Cuatro Profetas de Theus.

Cuestionar la divinidad o el mensaje de uno de los tres Profetas reconocidos por el vaticano quiebra este mandamiento. Cualquiera que se escude en que los Profetas eran también hombres y podían equivocarse pueden ser condenados por herejía.




3. Honrarás a tu padre y a tu madre.

Este mandamiento realmente es para que los hijos acepten las exigencias de sus padres e impedir que se rebelen abiertamente.

4. No cometerás adulterio.

En Théah el adulterio consiste en mantener relaciones sexuales contraviniendo sus votos matrimoniales. Si no se está casado, no se puede cometer adulterio, sino que solo "engaña" a su esposa. En Vodacce se ha creado hábilmente un vacío legal para saltarse este mandamiento, ya que el marido solo promete no amar nunca a otra mujer...y las cortesanas (prostitutas refinadas) no son para ellos más que objetos con los que tener placer (no sienten amor por ellas), no es más que un servicio para ellos y las esposas lo consienten, muy a su pesar.

5. No hablarás con falsedad.

El Creador es verdad, por lo que hablar falsamente es manchar y negar la verdad de dios. Además no solo condena a la persona que miente, sino que además condena al que ha sido mentido, porque ya no podrá gozar de la verdad.

6. No codiciarás.

Este pecado es quizás el más comprensible, puesto que robar, engañar y mentir se hace de forma consciente y premeditada,  sin embargo, muchas veces uno no puede evitar sentir codicia o envidia de algo o de alguien. Por ello, es el pecado que más se perdona, y a Iglesia anima a sus fieles a luchar contra estos deseos inconscientes.

7. No matarás.

El Tercer Profeta formuló este mandamiento detenidamente y puede que a uno le parezca hipócrita por su parte, puesto que el Tercero declaró muchas cruzadas y casi se le puede considerar un carnicero (este comentario sería muy hereje, por ejemplo). Sin embargo, el Tercer Profeta matiza el mandamiento acorde a su comportamiento, ya que luchar contra infieles, como los Lunares (a los que prácticamente echó a punta de espada de Castilla) u otros fuera del ala de la Iglesia Vaticana no se consideraría como un pecado. Probablemente un sacerdote vaticano no considere pecado matar a un montaignense (sobre todo si es un noble excomulgado) a un Objecionista (el símil del Protestante)...etc.




8. No robarás.

Este mandamiento no es solo una norma moral, sino legal. El que roba no solo debe temer la desaprobación de la Iglesia, sino de la sociedad.

9. No permitirás que un hechicero siga viviendo.

Todos los Profetas han condenado categóricamente los peligros y maldades de la hechicería. Su misma existencia supone una afrenta a Theus y un peligro para la humanidad. Para luchar contra Legión, la humanidad primero tiene que deshacerse de todos aquellos que se benefician de hacer Pactos con ella (se cree que la hechicería surgió de unos señores que pactaron con el demonio, pero...¿a cambio de qué?) Desgraciadamente, la Iglesia rara vez ha tenido el poder de actuar contra la hechicería. La nobleza acumula demasiado poder. Pero los tiempos difíciles se han cobrado sus víctimas, y se ha conseguido eliminar enormes ramas de brujería como El Fuego Interior (hechiceros del fuego castellano). La mayor espina de la Iglesia son los hechiceros Porté de Montaigne, protegidos por el Empereur Leon Alexandre du Montaigne, que se ha declarado abiertamente protector y practicante de hechicería.
Este pecado es el más jodido a mi entender, sobre todo para pjs que buscan aventuras. Tarde o temprano un aventurero se acabará cruzando con un colega hechicero y seguramente pueda ser su mejor compañero de aventuras pero...¿qué haría un vaticano devoto temeroso de Theus en su caso? Ahí queda el dilema, pero normalmente los aventureros no suelen ser muy devotos, y los que lo son esto les crea un dolor de cabeza terrible (véase el dilema del caballero inquisitorial Domingo Villaverde con su colega de infortunios Julius, un hechicero de sangre Porté)


Los monstruos como los siete pecados capitales

En Théah todo el mundo conoce la existencia de los monstruos, aunque habrá algunos que crean inventados o exageraciones. Cualquiera sabe que en el continente vagan criaturas que está más allá de la compresión del hombre y no es un secreto que algunas de estas aberraciones existen. Lo que sí es cierto es que estas criaturas no se encuentran (o no suelen ser frecuentes) en lugares civilizados. Los monstruos reconocidos por un ciudadano cualquiera de Théah son el Zombi, los Fantasmas, el Kobold (una especie de gárgola), el Gul ( una criatura carroñera), el Terror Nocturno (la verdad es que este no es muy conocido por los habitantes comunes), el Drachen (un dragón, creídos extintos) y la Sirena. Eso sí, encontrarse con uno de estos monstruos es muy difícil para un ciudadano cualquiera.

La Iglesia ha identificado los monstruos más comunes de Théah con los siete pecados capitales. El siguiente poema es enseñado a los niños en catequesis o por sus padres para ayudarles a descubrir los pecados en su interior y a saber relacionarlos con las malvadas criaturas de las leyendas y cuentos. Estos monstruos no son necesariamente los más frecuentes, pero sí lo que las Iglesia ha identificado como mejores ejemplos de los siete pecados.

"El Orgullo del Zombi es su perdición
El Fantasma Envidioso acecha en el rincón.
La Avaricia del Kobold lo lleva a matar.
Y la Gula al Gul a hombres devorar.
La Sirena cruel engulle al Lujurioso,
Y el Terror Nocturno asfixia al Perezoso.
La Ira del Drachen en la tierra es ley
Pero un hombre puro sin duda es un rey"

lunes, 28 de octubre de 2013

Cargos en el ejército y la armada

Aunque los cargos del ejército están descritos de forma muy generalizada en 7º Mar, yo comprendo que el ejército de cada nación tiene sus peculiaridades históricas diferentes, igual que en la realidad. El tema de los ejércitos de Théah para mi gusto han sido descritos en los manuales de oficiales de forma extremadamente vaga, y me gustaría darle mi estilo personal, poniendo particularidades y singularidades del ejército, sus regimientos y sus mandos dependiendo de la nación. Sin embargo, como esta entrada es para cosas básicas que sabría cualquier ciudadano de Théah con un poco de cultura general, no voy a entrar en detalles inventados por mi (o basados en la historia)  y voy a describir los rangos básicos que hay en cualquier ejército:


Es bien sabido en Théah que...


Los rangos básicos de un ejército y una armada son diferentes (de menor a mayor):

Ejército















Cabo (soldado raso)
Los cabos son hombres alistados que han destacado de entre los soldados rasos y que está perfectamente integrado con éstos. Como es el rango del ejército más cercano al soldado raso, comprende mucho mejor el ánimo y la voluntad del regimiento. Los cabos están bajo el mando directo de los sargentos.
Salario: 8 gremiales/mes.

Sargento (suboficial)
Los sargento son suboficiales, por lo general coordina a un grupo entre 10-50 hombres.
Salario: 20 gremiales/mes.

Teniente (oficial)
Los tenientes son oficiales con varios sargentos a su disposición. Suelen mandar a unos 100 hombres.
Salario: 50 gremiales/mes.

Capitán (oficial)
Los capitanes son oficiales son oficiales con un teniente o dos como ayudantes personales. Suele tener mando sobre unos 500 hombres.
Salario: 75 gremiales/ mes.

General (jefe)
El general es un militar encargado de organizar y liderar un ejército y saber coordinar los diferentes tipos de regimientos a su mando: infantería, caballería y artillería. El general suele tener un séquito oficiales denominado Estado Mayor, encargado de aconsejar al general en la administración, logística y planeamiento del ejército. En batalla muchas veces hacen las veces de guardaespaldas.

Armada



















Estos son los rangos de una armada, en otra entrada especificaré los muchos cargos y labores dentro de un solo barco. 

Guardiamarina
Estos marineros son los miembros más expertos y mejor entrenados de la armada. Su rango es considerado equivalente a un cabo del Ejército.
Salario: 10 gremiales/mes

Oficial
Los oficiales son marineros con habilidades especializadas. Suelen estar bajo el mando directo del Primer Oficial. Estos incluyen a los artilleros, los encargados de las velas, los carpinteros, los reparadores de trapo, etc. 
Salario: 25 gremiales/mes

Primer Oficial
Los Primeros Oficiales son los hombres encargados de labores específicas y se rodean de los oficiales especializados en la tarea. Estos vienen a ser el Maestro Artillero, el Maestro de las Alturas, el Piloto y el Maestro Carpintero.
Salario: 60 gremiales/mes

Teniente
Los tenientes son los altos oficiales del barco. Cada uno está al cargo de un grupo determinado de hombres en diferentes zonas del barco. Los dos tenientes del barco son el Maestre (que se encarga del alcázar y de ser el brazo derecho del Capitán) y el Contramaestre (que se encarga de dirigir a los marineros en cubierta)
Salario: 90 gremiales/mes

Capitán
Máximo jefe de un navío en concreto. Gobierna y manda el buque, lleva el liderazgo y el rumbo, asigna las tareas y lleva a cabo las misiones de la armada.
Salario: 100 gremiales/mes

Almirante
Jefe de una flota, o sea, de un conjunto de barcos. El Almirante Jefe o Gran Almirante sería el jefe de todas las flotas de una nación, que normalmente suele ser Ministro de la Marina de su país.



domingo, 27 de octubre de 2013

Traición a la confianza (I)

El hombre, maduro, de pelo canoso, piel arrugada y expresión de continuo escrutinio inquisitorial, paseaba por los pasillos elegantemente alfombrados como si de su casa se tratara. Y así le trataban el resto de doncellas y criados de la casa, que agachaban la cabeza sumisos ante él sin abrir la boca. Eso agradaba a Donato Orsini, no le gustaba tener que esforzarse lo más mínimo en tener que articular un sonido de respuesta, por lo que los sirvientes habían aprendido a entornar los ojos y no dar ni los buenos días ...excepto el maldito vodacciano del que se había encaprichado su hija Alicia. Ese hombre saludaba a todas horas y a todo el mundo, rebosaba bienestar y derrochaba las palabras y el tiempo con cualquiera, aunque fuera hacia él mismo, lo cuál le sacaba de quicio. ¿Acaso no le imponía ningún respeto? Quien se iba a imaginar que ese hombre había servido al Príncipe Villanova como sumiller y degustador y que ya estaba curado de espanto de malos y viles señores. Quizás el vodacciano no se había dado cuenta que durante ese tiempo que viviera bajo casa de la familia Lara, Francesco era su sirviente y por tanto él era su temible señor. Quizás fuera asunto de lealtad, que seguía fuera. El cocinero podía ser un buen maestro de ceremonias, pero tenía la lealtad y la cabeza en otra parte. En el momento en el que viera algo raro en ese personajillo se lo iba a devolver a Marina Oliván troceado con su propio cuchillo de cocina. Últimamente pasaban cosas raras...como lo de aquella fiesta y la visita de unos bribones piratas.

La mansión Lara estaba ajetreada por aquella desgracia. Aquella "estúpida" desgracia, pensaba don Donato Orsini. Aquella era una maldita broma del destino: ¿cómo era posible que un grupo de errantes piratas entraran en la fiesta justo en el momento en el que le iba echar la correa al estúpido Barón de Santa Elena? Aquél movimiento hubiera sido el definitivo, pensó mientras entraba al despacho de su letrado Gálvez, al cual le había ordenado tomar contacto con su querido señor P. en los barrios bajos de la Villa. Orsini estaba especialmente inquieto: desde el secuestro de Alonso, los corchetes de la Ronda se habían metido a investigar tal injusticia a la casa noble y andaban por la mansión como si fuera su casa...pero lo que más le corroía era que Marina estuviera por allí asentada, fingiendo consolar a su estúpida hija y prometida del desaparecido, Alicia Orsini.

-Guardad bien vuestras cosas, no me fío de esos buitres de Ferrer y de Marina-ordenó a Gálvez mientras este escribía en su despacho al "señor P.".

Gálvez, el nuevo abogado de la familia Lara, aconsejado expresamente por Donato Orsini, le brillaron los ojos mientras escribía la carta.

-No se preocupe, señor. Lo guardaré en la caja del reloj de péndulo. Es imposible que averigüen cómo encontrar la caja. Es totalmente inamovible si se desconoce el secreto de las agujas de su reloj.

18:15, era la hora exacta. O lo que viene a ser lo mismo, marcar el 6 de hora y el 15 con el minutero pero en la vuelta de la tarde. Las manecillas eran la clave para mover el mecanismo y que el reloj se metiera en el raíl, deslizándose elegantemente hasta dejar al descubierta la caja.

- Es imposible que alguien encuentre nuestro correo incriminatorio-concluyó Gálvez, fascinado con el reloj de pared.

Orsini pensó en esto último y gruñó pensativo. "Correo incriminatorio"...

-Acompañadme.

-¿Señor Orsini?

Donato y Gálvez salieron del despacho, no sin antes cerrar con llave y ordenar las cosas más o menos.

-Temo que todo este embrollo haya sido orquestado por Alonso. Es más, juraría que Marina podría saber algo.

-¿Cómo es posible?- a Gálvez le pareció un poco estúpido que Alonso y Marina tuvieran algo que ver, es cierto que había algo irregular en todo lo pasado con los criminales, pero parecían tan reales...- Los piratas parecían algo más que actores...

-No lo sé, pero ya visteis cómo se las ingenió para que el baile fuera de máscaras, ¿no?

-Sí...¿y qué?

-Que nos ha tomado el pelo una vez, y puede que una segunda sin que nos hayamos dado cuenta.

-¿Y qué vamos a hacer?-preguntó el abogado mientras intentaba seguir el ritmo de Donato, que avanzaba implacable mientras los criados se abrían paso como las aguas ante Moisés.

-Si hay un plan, tiene que haberse organizado con alguien de fuera  para tratar con los piratas. ¿Y quién está más cerca de ser amigo de Alonso y cerca de tener compañeros piratas, según los rumores?

-¿Marina Oliván?

-Exacto. Marina Oliván es la única con la que podía haber orquestado esto desde fuera. Y se benefician de esto, está claro que han sido amantes. Pero eso se acabó...o no le quedarán más costillas al muchacho. Si alguna de mis sospechas de que todo estaba planeado desde el principio son ciertas, tendrán lo mismo qeu nosotros queremos ocultar.

Gálvez paró en mitad del pasillo.

-¿Y eso es...?

Donato lo miró, como si fuera estúpido.

-Cartas incriminatorias entre ellos. Venga conmigo.

Cruzó un pasillo y tras él fue Gálvez, como un perro sarnoso. Se dirigió al vestíbulo para cruzar al otro ala de la casa, mientras sonreía complaciente al ver que todos los criados con mantas limpias y haciendo sus quehaceres se abrían pasos con las cabezas gachas. Pensó en lo mucho que podía perder por ese estúpido incidente con los piratas. Su flota de navíos mercaderes y pesqueros había sufrido por la guerra, pero ahora tirando de favores de Umberto Lara, profesor mediocre (gracias a él) de una universidad mediocre de Castilla; y del orondo monseñor Lara, eclesiástico de oficio atascado en un puesto con pocas expectativas de futuro, podía llegar muy alto. Aquellos puestos que ostentaban los Lara se los había conseguido Orsini con su influencia y, por supuesto, sobornos. Umberto y monseñor Lara le debían mucho a Orsini, y él solo tenía que esperar al que el patriarca de la familia estirara la pata para poder ir a reclamar los favores a los hermanos pequeños de la familia. Hacía tiempo que esperaba este momento, desde que Alonso y Alicia jugaban con los guijarros de la playa de su hacienda. Donato sabía de sobra que los Lara gozaban de un privilegio por un maldito golpe de suerte, y él no era tonto, esperaba conseguir subirse a ese barco. Tenía dinero, tenía pequeñas influencias...conseguir sangre noble era lo único que le impedía poder subir a un peldaño más alto. Él tenía seguro que había nacido para mandar.

Divagando en lo mucho que podía ganar o perder, antes de finalizar el largo pasillo escoltado por puertas de lustrada madera, la pareja se encontró con el oscuro espadachín, vestido totalmente de negro. Fausto se encontraba justo delante de la puerta de la habitación de Alicia Orsini, y tenía una expresión de aburrimiento infinito. Hacía tiempo que Orsini se percató de que Fausto estaba deseando hacer algo. La única vez que lo vio satisfecho fue cuando le ordenaron darle una paliza brutal a Alonso tras enterarse que había hablado en el teatro con Marina...la única mujer que podía hacer tambalear la balanza del querer y el deber de su Excelencia. No tenía claro cuán fuerte eran los sentimientos del noble hacia la espadachina, pero debía cortarlo de raíz y para eso estaba Fausto. Él daba el golpe que ninguno se atrevería a dar. Y se quedó satisfecho, le destrozó las costillas con su propio bastón, hasta que este estalló en astillas.

-¿Qué nuevas hay?- interrogó al aburrido espadachín.

- Vuestra hija se ha tirado llorando toda la noche, de forma escandalosa, según los criados. La Ronda está abajo, interrogando a la gente presente del baile justo cuando secuestraron al chico.

-¿Y ella?- cuestionó Orsini, dejando claro que ahora su hija y los corchetes eran el menor de sus problemas.

-Ha ido abajo, creo. Según el criado de la puerta de Alicia, en busca de un chocolate caliente para su hija.

-Síguela. Que no haga nada extraño y vigila con quien habla. La ronda de por sí es estúpida, pero con ella por aquí capaz de darles una pista sobre nuestros asuntos.

Fausto apretó indignado la empuñadura de su estoque hasta que su guante de cuero se quejó. Estaba harto de seguir gente, escuchar asuntos ajenos y cosas que no le interesaban lo más mínimo. Él solo venía a escarmentar a los pobres idiotas enamorados, al noble y a la espadachina. Sobre todo a la espadachina. Había oído cosas de ella, y deseaba batirse con ella para saber cuánto era fama y cuánto realidad. Hasta entonces su decepción era máxima, solo le parecía una paleta más.

Fausto bajó y se encargó del vigilar a Marina en el vestíbulo. Orsini y Gálvez fueron a ver al profesor de historia Umberto Lara. Para ello atravesaron el vestíbulo por el piso de arriba, con lo que vieron a la docenas de guardias que trabajaban en el asunto de la desaparición de Alonso. Donato se fijó fugazmente de que Marina se encontraba hablando con Don Ferrer, el alguacil de la villa, pero Fausto había ido presto a interrumpirles. Donato gruñó satisfecho con la acción de su espadachín y entró en el ala oeste de la mansión. Umberto se encontraba allí, estaba pálido desde el asunto de los piratas.

-Umberto, la llave de la habitación de vuestro hijo, tanto la de la puerta como otras que puedan existir- indicó sin más Gálvez, yendo al meollo del asunto

Él profesor alzó la vista de su escritorio y abrió la boca para replicar quizás una protesta o una objeción, pero no contaba conque Donato se encontrara detrás del abogado.

-Ahora mismo- fue lo único que acertó a decir, sumiso.

Lo primero que habían hecho los Lara cuando el viejo Gregorio falleció fue hacer una copia de todas las llaves que había en la casa. Donato les pidió que también las hiciera de las pequeñas llaves, incluso de los cajones y llaveros, a pesar de que éstas guardan cosas íntimas, aprovechando que el nuevo Barón se encontraba de viaje por Theus sabía donde.

Umberto les abrió la puerta de la habitación de su sobrino como si de un autómata se tratara.

-¿Han descubierto vuestras mercedes el paradero de mi sobrino?

-En eso estamos, así que deja de hacer preguntas estúpidas y abre la puerta.

La puerta se abrió. Gálvez entró primero y exploró la habitación de su Excelencia Barón de Santa Elena, mientras que Donato se rezagó con Umberto.

-Vigilad la puerta, no dejéis que ningún guardia nos vea dentro de esta habitación.

-Sí. Lo que sea con tal de que los planes salgan como estaban previstos-dijo Umberto sin mucha convicción.

Dicho esto Donato entró y miró la habitación. No era excesivamente grande ni ostentosa, tal y como esperaba. La habitación estaba empapelada de un papel beis con adornos de mosaicos clásicos, con cortinas y columnas blancas regias. El suelo de madera apenas crujía y el espacio estaba bien aprovechado. Gálvez había comenzado a mirar en una mesita de pie que gobernaba el centro de la habitación, pero solo había una enorme copa y una botella de buen brandy, así que pronto se fue a la cómoda que había junto a la pared del otro extremo de la puerta. Encima de ella había un jarrón castellano caro, verde, sin mucho más que ofrecer, y a un lado una silla con ropajes desordenados. Comenzó a mirar en todos los cajones, pero solo había ropa interior, calcetas y ropa cómoda de algodón y lino, observado de forma inquisitiva por un retrato de la madre de Alonso, que descansaba encima de la cómoda.
Donato, por su parte, no pudo con su impaciencia y muy a su pesar se puso a rebuscar también. Cogió el tizón y rebuscó en la chimenea, en busca de papeles quemados entre los trozos calcinados de leño, pero no tenía pinta de haberse usado mucho. Rápidamente fue al escritorio, donde había un enorme espejo de pared, pero allí, aunque había un tintero, un quinqué y una pluma, no había carta alguna. Fue a una enorme mesita de noche mientras Gálvez comenzaba a quitar una alfombra, en busca de una madera suelta donde esconder cosas, pero no hubo suerte. Entonces Donato encontró un cajón con una pequeña cerradura, usó la llave que le había dado Umberto y se abrió.

Miró las cartas, por encima. Para su decepción, apenas había carta, solo unas tres. En todas ellas se escribía con un tal Julius, del que nunca había oído nada.

-¿Qué sabéis de un tal Julius, Gálvez?

Gálvez estaba entretenido mirando un juego de ajedrez que había en la mesita junto al brandy, por lo visto al Barón le gustaba jugar contra sí mismo. Alzó la cabeza e hizo ademán de negar. Como Donato sospechaba, no tenía ni la más remota idea.
Donato volvió a las cartas...que básicamente eran "hola, que tal estás, yo muy bien ¿y tú?". Estupideces y otras cosas referencias a hechos pasados del que él no sabía nada. Por lo visto el tal Julius le adelantaba unas cuantas lecciones de montaignense y de eiseno, e incluso ejercicios para mejorar la pronunciación.

Umberto Lara, golpeó en la puerta nervioso y asomó su redonda cabeza.

-¡Se ha declarado un incendio en el ala este! La ronda corre por toda la casa, es mejor que nadie les vea aquí.

Donato guardó las cartas furioso y cerró el cajón. Lo habían revisado todo, incluso Gálvez había mirado bajo la cama y comprobado que no había ninguna madera hueca. Salieron de la habitación con una sensación extraña, de desilusión. No sospechaban que el Barón guardaba con sumo cariño los retratos de Marina y sus cartas bajo un cajón secreto en la tapa de la cómoda, quitando el jarrón verde castellano, bajo la protectora visión del retrato de su madre. Algunas noches las releía, añorando el recuerdo de tiempos mejores, cuando las cosas eran más simples y no se encontraban tan alejados el uno del otro. Tiempos en los que podía decir lo que pensaba y se sentía libre de mostrarse a sí mismo y no lo que la sociedad esperaba de él. Tantas fueron las noches en soledad entre retratos y cartas que llegó a imprimir fielmente los retazos de su rostro dejando la huella en su corazón, mientras que la curva de sus palabras derramadas en el papel naufragaban en su mirada perdida y melancólica. Luego, jugaba al ajedrez consigo mismo con un buen brandy hasta que conseguía quedarse dormido, a solas, en silencio, en aquella solitaria, enorme, y fría cama, soñando con tiempos mejores en los que él vivía aventuras junto a ella.

Pero no habiendo descubierto Donato este secreto, suponía el comerciante que entonces lo de los piratas no estuvo previsto y que pudiera ser verdad que el Barón estaba ahora mismo preso por unos verdaderos criminales. Pero, ¿por qué no habían recibido ya una petición de rescate? La respuesta, decía Fausto, debía estar en esos dos personajes que estaban en la fiesta y de los que nadie sabía su identidad. Ordenaría a Fausto investigarlo...así que tuvieron que aceptar que no había nada raro en la correspondencia de Alonso Lara.

De momento...

viernes, 25 de octubre de 2013

Tipos de marineros

A fin de mejorar la comprensión de la época en la que se desarrolla Théah, he decidido comentar por encima aspectos y costumbres que creo que cualquier persona de la época (finales del siglo XVII) podría saber, para mejorar la comprensión de los jugadores (jugadora, en este caso) y enriquecer su pensamiento a la hora de moverse.

Nota: mi visión de ver el mundo de Théah puede ser drásticamente diferente a la descrita por los manuales oficiales de 7º Mar.

Tipos de marineros

Es bien sabido en Théah que...

Los mercaderes son los marineros que utilizan sus barcos para el comercio u otras actividades comerciales. Entre ellos se incluyen los hombres de negocios que transportan mercancías de un puerto a otro, así como los pescadores, balleneros y exploradores de los mares occidentales. Es cierto, que a pesar de que un barco pueda parecer mercader, éste puede realizar profesiones poco honradas como el contrabando (pasar mercancías sin pagar impuestos o que simplemente están prohibidas) o tener tratos con piratas. La mayoría de los marineros pertenecen a esta categoría, con lo cual vienen a ser un 70% de los navíos que uno se puede encontrar por el océano.

Las líneas blancas marcan las principales rutas mercantiles por alta mar. Es decir, "carreteras" por donde los mercaderes van de un puerto a otro llevando sus mercancías. En tierra también se pueden ver las principales carreteras y rutas terrestres.

Los reclutas navales pertenecen a la marina de guerra oficial de una nación, y sirven como oficiales o marineros de un buque militar. En resumidas cuentas, son soldados de una nación pero actuando en el mar, lo que es conocido como la armada de una nación. Patrullan las aguas de su país y protegen convoyes importantes, cazan piratas y luchan contra otros buques de guerra enemigos. La vida en un buque es notoriamente mala, aunque hay excepciones (por ejemplo, bajo un capitán competente).



El recluta no viene a ser más que un soldado de una nación que sirve en la armada, o sea, en el ejército de mar. Las condiciones en este tipo de barcos suele ser más dura que la de los piratas, ya que, mientras que los soldados solo deben cumplir órdenes y sobrevivir a las pésimas condiciones y alimentación de su barco, los piratas tienen voz (y a veces, hasta voto) para decidir qué empresa tomar el barco o incluso saquear algún barco para aprovisionarse. Por supuesto, el soldado cuenta de una soldada segura y de un buen puerto donde atracar sin problemas sin que te intenten colgar del cuello...suerte de la que los piratas no gozan


Los corsarios forman una categoría de mercenarios de mar. Son, básicamente "piratas de alquiler" al servicio de un gobierno para patrullar los mares. Los corsarios se aprovechan de los enemigos de su contratante, robando el botín de naciones rivales. Los corsarios también realizan también misiones de escolta, tienen deberes y otras misiones específicas. Los Perros Marinos, bajo la protección de la Reina Elaine de Ávalon, son los más notorios corsarios en los mares hoy día.


El corsario es la mezcla perfecta entre pirata y recluta de la armada, ya que permite al personaje dedicarse a la piratería y servir a su nación. Además, cuenta con la aprobación de un gobierno, con lo que cuenta con muchas más libertades a la hora de actuar. Por supuesto, las ganancias del saqueo serán menores, ya que tiene que dar una parte a la corona a la que sirva.



Los piratas son los lobos del mar y surcan las olas en busca de carga para saquear. No responden ante nadie y el único sentido de la obligación es robar a sus víctimas. Los peligros de una vida de pirata son incontables, pero tienen más libertad que cualquier otra clase de Théah. Como buscan saquear las bodegas de otros barcos, rara vez hunden otros barcos, prefiriendo abordarlos. La reputación de sanguinarios que se han ganado alguno de estos marineros ha hecho que los buques militares tengan órdenes de hundir todas las embarcaciones piratas a la vista, y que los que sean capturados sean generalmente ahorcados sin juicio. Sin embargo, no todos son malévolos. El famoso pirata Gosse, por ejemplo, fue reconocido por su caballerosidad, y la Hermandad de la Costa, aunque implacables, tienen una idea muy aproximada al honor- y son los primeros en dar el primer paso hacia una democracia- en los mares de Théah. Los piratas son la máxima expresión de la libertad en Théah...de hecho, es probable que sean los únicos hombres libres del mundo. 

En 7º Mar ser pirata puede ser una manera diferente de ser un héroe...una manera peculiar y puñetera de ver el honor. El ser bribones, pícaros, farsantes, mentirosos, violentos y un poco majarones no es incompatible con ser un caballero que lucha por la libertad (a su  manera). Un buen ejemplo de héroe pirata es el famoso Jack Sparrow que, a pesar de ser un canalla y un sinvergüenza, no deja de ser un héroe.

domingo, 25 de agosto de 2013

En víspera de una tormenta

-¿Excelencia?

Don Fernando Galán, segundo marqués de Santiago, levantó la cabeza penosamente y dejó que sus mechones ondulados se despejaran hacia los lados de su rostro. Antaño había sido un hombre sonriente, estudioso, romántico y tierno. Ahora parecía un deshecho humano vestido con ropas elegantes previas a su propia boda.

Vestido con una ropilla de tisú blanco de bordados dorados, Fernando se encontraba de pie sobre un pequeño taburete, con los brazos en cruz, mientras se dejaba medir por un ejército de sirvientes. Anabello, el estridente criado de su prometida, seguía llamándolo, pero Fernando apenas respondía a la llamada del criado, como si su mente se mantuviera en un mundo aparte.

Y en eso estaba. El ausente Fernando seguía recreando en su mente como su propio pueblo se sublevaba contra el dictamen de la corona de Castilla. El Rey había dado permiso al Duque de Zepeda Ciro López para poner bajo ley marcial toda su provincia y mandar una comitiva de recaudación de impuestos especiales por toda la región. Una región que ya lo había dado todo por continuar una guerra que casi no podían ganar.

Pero no había sido el duque quien había recibido la humillación de ser tiroteado por fruta podrida por su propia gente. Hacía una media hora Fernando estaba impregnado de la poca comida que le habían dejado a su pueblo...que era la incomestible. Él, que tanto había luchado por su gente cuando estaban invadidos por los montaignenses. A su lado estaba parte del pueblo, pero hambriento y dolorido, aparte de todos los estudiantes de la Universidad. El resto le odiaba, tenían hambre, y eso le destrozaba. Los grupos religiosos no le importaba, solo eran unos alborotadores; el Pater Morales por alguna razón seguía intentando reavivar el fuego que trajo el Falso Profeta con más o menos éxito. Pero lo que más le mataba de todo aquél asunto eran los nuevos grupos radicales que abogaban por la vuelta de su padre como verdadero Marqués de Santiago ¡Buscaban la vuelta del traidor Alfonso Galán!

Fernando se cayó del taburete pesadamente, sin que su ejército de criados pudiera hacer nada. Se echó a llorar desconsoladamente, hundido por la humillación, la frustración y el dolor.

Algo lo mataba por dentro. Una pregunta que se hacía una y otra vez

"¿Acaso mi pueblo estaba mejor con el tirano Mariscal Dupont que conmigo? "

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-Señorita Dupont. ¡Señorita Dupont!

Anabello corría como una loca por los pasillos del castillo. Al fin alcanzó a Jeannette Dupont, la prometida y futura esposa del segundo Marqués de Santiago.

Ella estaba vestida con un vestido de corte blanco, con capas de bello encaje, su habitual sombrero a juego estaba colocado a un lado de sus hermosos cabellos de oro pálido. Estaba escuchando charlar a sus damas de compañía bajo la sombra de un parasol de corte a juego con su vestido mientras jugaba distraída con el agua de la fuente lunar. Dirigió su mirada hacia la llamada y sonrió a Anabello como si con eso pudiera calmar al mundo.

- Anabello, no te esfuerces tanto. Quedan al menos un par de días para boda- intentó consolar con una sonrisa al estresado criado.

-Ay, mi señora, se trata del marqués...

A Jeanette le cambió la cara. Hacía días que las multitudes estaban inquietas, y sabía que el Pater Morales estaba convenciendo a los indecisos a rebelarse por la comida y sobre todo contra el marqués. Sabía que en cualquier momento podía pasar algo y que no le iba a sentar bien a su prometido. Arrojó el parasol, se arremangó el vestido sin preocuparse de si lo arrugaba o no y se tornó decidida.

-¿Dónde?

-Arriba, en en su despacho. Se ha echado a llorar como un chiquillo y no hemos sabido qué hacer. ¡En todos mis años de servicio hacia su persona nunca me había pasado nada parecido! Después parece que se ha calmado y lo metimos en su cuarto. Hemos intentado darle de todo, un té, una infusión...pero nada lo calma.

Entonces Jeanette supo que si ella no podía calmar a Fernando nada lo haría.

Ella lo encontró tirado en su cama, inconsciente. Le pasó un paño húmedo, le cambió y le puso ropas cómodas. Parecía que tuviera fiebre y se lamentaba en sueños.

-Fernando...

Él abrió los ojos vidriosos, pero su mirada se iluminó cuando la vio, toda vestida de blanco, con la hermosura de su actitud cándida y reconfortante. Por un momento creyó que estaba en el ansiado día de su boda...pero la realidad le cayó como un jarro de agua fría cuando recordó la realidad de las últimas tres horas y se derrumbó.

-Jeanette...mi pueblo me odia.

Ella sonrió como cuando un adulto sonríe ante la inocencia de un niño.

-Fernando, no puedes pretender agradarle a todo el mundo.

-¡No se trata de agradar, maldita sea!- gritó Fernando bruscamente, apartándose de su abrazo. A veces creía que Jeanette vivía en un mundo de algodón y eso empezaba a cansarle- ¡Se trata de que pasan hambre y que yo lo permito! ¡Eso es lo que pasa!

Pero Jeanette fue junco, y se dobló suave y firme ante la tormenta amarga de su prometido; cuando pasó volvió a abrazarlo, permitiendole que se desahogara.

-Creo que mi padre tenía razón en su política. Lo mejor que puede hacer Santiago es dejarse invadir por Montaigne. Estaban mejor con el Mariscal y mi padre. Estaban mejor con un tirano que conmigo...

-Fernando, no es cuestión de política. El pueblo no exige una política u otra: solo tienen hambre. Y este hambre lo está causando la guerra ¿Dices que la solución a sus problemas es dejarse invadir por la misma gente que causa nuestra desgracia? ¿En qué lugar deja eso a Castilla? Sería una solución cobarde. El remedio no puede ser lo mismo que la enfermedad.

Fernando abrió mucho los ojos. Era tan increíblemente razonable lo que decía su prometida. Sí, quizás viviera en un mundo de algodón, pero tenía una sabiduría natural que él no alcanzaría ni en mil años de estudios en su universidad.

-Tenéis razón. Pero eso no me excusa. Tengo que buscar una solución.

-Buscaremos una solución- dijo su prometida tomándolo de la mano.

-En cuanto me recupere me recluiré en la torre, hasta que encuentre una solución para mi gente.

Jeanette no quiso contradecirlo, pero no creía que recluyéndose pudiera solucionar algo. Si algo los diferenciaba a los dos, es que a ella le gustaba ver los problemas del pueblo en las calles, no desde una torre a oscuras, enloqueciendo en la oscuridad, devorado por sus fantasmas.

-Vamos a ir empezando- dijo Jeanette poniendo toda su iniciativa en hechos-. Anabello, quiero que envíes un mensaje a la corte real. Le exijo al Rey de Castilla que si no manda parte de los suministros de las tierras no asediadas a nuestras tierras levantaremos la ley marcial y se lo daremos todo al pueblo.

-Pero señora...habláis del Rex Castillium.

-He dicho lo exigimos.-dijo con contundencia la cortesana, haciendo hincapié en la palabra "exigir".

Fernando apretó la mano de su amada y sonrió débilmente  la temeridad de su prometida.

-Os pueden encarcelar por dirigiros de esa manera al Rey...

-Lo sé, pero mi lealtad no está ni con Montaigne, ni con Castilla...está con vos, Fernando. Siempre con vos.

A pesar de que sus dos patrias estaban en encarnizada guerra, su amor estaba por encima de todas las cosas.

El Buen Rey Sandoval no significaba nada para ella.

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-¿Majestad?

El Buen Rey Sandoval pegó un repullo en su asiento de terciopelo rojo.

-¿Qué? ¿Qué?- preguntó mirando de un lado a otro, sin saber muy bien donde estaba.

Vio que alguien le hablaba desde un ventanal enrejado de madera en forma de cruces. Pronto recordó que estaba en el confesionario real y que al otro lado del enrejado se encontraba Marius de Luna, el cardenal y encargado de tutelar al joven monarca.

La boca de Marius de Luna se movía en la penumbra del confesionario, lentamente y mascando las palabras como un rumiante.

-Me estabais contando que teníais dudas con respecto a vuestra boda.

-Oh...-fue lo único que alcanzó a decir el rey al recordar.

Fue una gran fatiga para él haberse quedado dormido en el confesionario, pero apenas tenía tiempo para dormir con el asunto de la guerra y la presión de la Inquisición por anular la boda real.

-Continúe- le invitó el cardenal.

-El caso es que no tengo nada claro esto de la boda con la princesa Layla. Está claro que con esto iniciamos un proceso de comercialización con el Imperio de la Media Luna y que eso beneficiará a Castilla soberanamente, pero...no sé, no lo tengo claro.

-Aham- aprobó su tutor, carraspeando como siempre hacía antes de darle un consejo real-.Políticamente, mi joven rey, Castilla sale beneficiada comercialmente con esta relación. Obviamente, con esta decisión habéis ganado como enemigos a la Inquisición y a muchos de los Príncipes Mercaderes de Vodacce. Son terribles enemigos que harán peligrar vuestra vida ¿El peligro es lo que os inquieta?

-No...no...enemigos siempre he tenido.

-Es algo más...¿espiritual?

- Sí...Todo me viene de Esteban Verdugo, mi anterior asesor, en paz descanse. Siempre me dejó claro en todo momento lo que era herejía. Lo recordaré siempre. Herejía es la hechicería, todo lo que provenga de los Syrneth y el Imperio de la Media Luna. Temo estar cometiendo una herejía. Los lunares asesinaron al Segundo Profeta, y después de las cruzadas el Tercer Profeta declaró impía la raza lunar y mandó hacerle el vacío comercial a sus tierras. Ahora con este nuevo tratado matrimonial...sí, salimos beneficiados, pero ellos también.

-¿Y bien...?- preguntó el cardenal Marius lentamente después de escuchar la clase de historia de su rey.

-Temo estar rompiendo la palabra de los Profetas. Temo estar cometiendo una herejía comerciando con herejes y que la Inquisición empiece a conspirar contra mi. Creo que me estoy haciendo un hueco en el infierno con mi nombre. Verdugo al menos me diría eso.

-Sí, exacto. Pero...Esteban Verdugo ya no está aquí- respondió Marius de Luna, carraspeando mientras pensaba lo que iba a argumentar-. Repasemos los acontecimientos, majestad. Con este casamiento habéis convertido a una joven princesa "hereje", como vos decís, a la fe del Vaticano; vais a fortalecer el comercio de vuestro pueblo y vais a mandar un mensaje de perdón y reconciliación entre dos pueblos enemigos. ¿Acaso el Primer Profeta no decía que amaramos a nuestro enemigo como a nosotros mismos?

-Sí, pero los otros Profetas...

-La palabra de los Profetas puede ser malinterpretada, incluso deformada por oportunistas. A veces incluso se contradicen entre ellos, a veces sus mensajes pueden no ser tan divinos como pretendían ser...

El Rey Sandoval se quedó estupefacto con lo que le contaba el cardenal Marius de Luna...incluso escandalizado.

-Ilustrísima ¿está intentando darme a entender que los profetas no son divinos?

-No, mi joven rey, estoy dándole a entender que las religiones están mayormente escritas y reescritas por hombres. Y todos los hombres pueden equivocarse. Está en vuestra mano encontrar el verdadero mensaje de la Palabra, no dejéis que os lo expliquen otros. Un cuento es doblemente satisfactorio cuando uno comprende la moraleja por su propio pie.

-Gracias, Ilustrísima. Vuestro consejo es como un faro para mi en mis muchas dudas e indecisiones.

-Podéis ir en paz- dijo el cardenal para iniciar otro tema- ¿Sabéis ya quién será el nuevo Sumo Inquisidor?

El joven Rey se levantó y se atusó el atuendo real.

-Me temo que la elección es demasiado secreta, incluso para el Rey de Castilla- dijo Sandoval casi divertido. ¡Para una cosa en la que no le pedían opinión no iba a meter las narices! Ya tenía bastante con dirigir un país sin tener ni idea- Sin embargo, me gustaría que fuera ese caballero inquisitorial de Verdugo....como se llamaba...

-Domingo Villaverde- le completó el cardenal-. Una lástima porque creo que no quiere saber nada de la Inquisición. Me temo que el prelado Domingo Villaverde está retirado..

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-¿Vos sois Domingo Villaverde?- preguntó el caballero que venía del exterior, guiado por Alejandro, un muchacho imberbe vestido de monje.

Recluido en el Monasterio de Santo Domingo, el ex-prelando y caballero inquisitorial Domingo Villaverde asintió. Iba vestido con una túnica simple dominica, con una cuerda alrededor de la cintura, descalzo, símbolo de voto de pobreza y diligencia.  El extraño venía cargado de libros y venía ojeando una vitela en la mano, como si fuera una lista de encargos. Domingo levantó una mano e invitó al caballero recién llegado del exterior a que se sentara junto a él en el húmedo y modesto salón de piedra del monasterio.

-Ese es mi nombre. ¿Quién le envía?

-No estoy seguro. Solo traigo un libro para vos de vuestro...padre, creo que me dijeron.

Domingo no pudo evitar sentir una punzada de dolor. ¿Su padre adoptivo? ¿Esteban Verdugo?

-¿Un libro?

-Aquí lo traigo- dijo el caballero soltando el resto de libros, dándole uno encuadernado de cuero rojo y letras doradas.

Era un libro simple, sin título. Estaba en blanco.

-No hay nada escrito- dijo silenciosamente Domingo-. ¿Dónde se encontraba este libro?

"En su despacho no estaba"

-Me temo que solo soy un mandado, monje- dijo el caballero-. Solo puedo llegar a saber que vuestro padre quería que lo vieseis cuando hubiera llegado cierto momento. O simplemente como herencia por haber fallecido. Lo lamento.

-No se disculpe, caballero- le dijo Domingo sin poder quitar la vista de las hojas en blanco.

Las hojas eran ilegibles, pero él conocía al fallecido Verdugo, sabía cómo leer aquello. Lo que no sabía era si quería leer aquél enigmático libro. Sabía que su padre murió obsesionado con el fin del mundo, con Legión y con preparar al mundo contra el Juicio Final. Creía que su cometido era ser el ángel de la muerte que destruiría las naciones que impedían que la humanidad pudiera enfrentarse contra el verdadero enemigo: Legión.

Aquella noche Alejandro preparó la cena, pero Domingo no salió de la biblioteca del monasterio. Estaba leyendo, encerrado en su habitación. Los ojos recorrían una y otra vez las líneas escritas por la indudable letra del Sumo Inquisidor Esteban Verdugo.

Estaba paralizado. Asustado con lo que acababa de descubrir.

No se arrepentía de haber derrotado a su padre. No se arrepentía de nada, Verdugo había intentado imponer su ley por encima de toda Théah y merecía el destino que le llegó.

Pero...si lo que acababa de leer era la verdad, Esteban Verdugo no estaba tan loco como creían todos.

Un viejo nombre fue dibujado por los labios de Domingo Villaverde. Era el viejo dilema, la antigua encrucijada...una vieja herida se reabría con más dolor que nunca.

-Julius...

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-Monsieur Jules Angelier.

Julius se giró sorprendido y rebosante de ira, lanzando una palmada abierta sobre el duro rostro de Gauvin, su informante. No fue porque le había sorprendido en mitad del oscuro callejón, sino porque lo había llamado por su nombre de noble. Su verdadero nombre. Los ojos de Julius relampaguearon desde las sombras del callejón, a pesar de que al final de la sucia calle brillaba un sol de justicia. Unas campanas sonaron a lo lejos, por lo que Julius aprovechó para alzar ligeramente la voz tras el cuello de cuero tachonado de su casaca de faena.

-¿Se puede saber por qué sois tan indiscreto, Gauvin?

Gauvin comenzó a tartamudear ante la ira de su informado, claramente desconcertado. Las campanas cesaron y bajaron la voz.

-Mi señor, no entiendo nada, hoy ibais a hablar con el hombre de Vendel, el prestamista al que le debe tanto dinero Frederik Angelier, vuestro hermano menor. Ibais a comprar la enorme deuda de vuestro espantoso hermano con todo el dinero que reunisteis...solo así podréis someterle y vos podréis reclamar vuestro derecho nobiliario como primogénito varón. La vendetta...

- Mi hermano pagará por matar al viejo Angelier y por su traición hacia mi persona. Mi pequeño hermano no es tonto, sabía muy bien lo que se hacía, consiguió deshacerse de mi...supo mi debilidad hacia la joven Leveque, consiguió poner al viejo en mi contra. Ahora no sospecha nada, por lo que puedo aplazar la vendetta.

-¿Qué? No es posible señor, ¡si teníais todo el dinero que pedía el prestamista por su negocio y por los intereses de las deudas de sus clientes! La deuda de vuestro hermano es la única oportunidad que tenéis de cogerle por el cuello...si fuera a vos a quien debiera el dinero...

- No es una opción. No tengo todo el dinero.

-¿Qué? ¡Pero si avisé hace un mes a los jóvenes nobles de la familia Angelier que era la hora de las espadas! Vuestra oportunidad fue cuando estuvisteis aquí, en Charouse, en la Chateau du Soleil, lo aplazasteis diciendo que una muchacha tonta os necesitaba, después escoltasteis a un noble castellano hasta Dios sabe donde y volvéis con una mano deforme- el informante agachó la cabeza, negando con esta lentamente mientras intentaba comprender los impulsos extraños de su amo-.Y ahora...¿Volvéis de Eisen y decís que ya no tenéis el dinero? ¿En qué lo habéis invertido, monsieur?

Las campanas volvieron a sonar. Julius se giró sin dar respuesta, dirigiéndose hacia el exterior del callejón oscuro, donde la gloriosa luz bañaba una enorme y bella plaza frente una hermosa iglesia. Una gran multitud salía de allí, claramente después de la celebración de un sagrado sacramento.

-En algo que está por encima de todas las cosas. En algo que está exento de ser valorado por el estúpido dinero...

Entre la multitud apareció una elegante dama con su vestido de novia. Piel pálida, aristócrata, pelo sedoso, pardo, con un par de bucles acariciando las líneas de su rostro, escoltando el brillo de sus ojos, resplandecientes de ilusión al ver a su recién declarado marido, un hombre joven, gallardo, con una cabellera rubia y sonrisa digna de uno de los mejores actores de la capital de Montaigne. Francine, el amor de su vida, y Denish, el soldado al que rescató de ser prisionero de guerra en Castilla con gran parte del dinero que había reunido para su venganza, se habían casado. Y todo gracias a él.

Un carruaje les recogía en la luminosa plaza, el arroz bañaba a los novios y los comensales gritaban el clásico grito de "vivan los novios".

-Vivan los novios...-susurró Julius entre las sombras mientras veía a la feliz pareja introducirse en la calesa matrimonial bajo la luz de un sol que les auguraba un resplandeciente futuro.

Cuando la calesa partió hacia su futuro, Julius sacó un papel de la casaca de faena que le habían pasado hace poco. Un trabajo sucio. Otro. Tenía que volver a empezar, aunque esta vez no le costaría otros cinco años. Miró la propuesta. Requerían de sus habilidades de espionaje y hechicería para destrozar una boda en Castilla, por algún tipo de venganza. Arrugó el papel y lo tiró al callejón.

A ese tal Farcon D´Artemise le podía partir un rayo. Él no destrozaba bodas.

Cadenas por corona

Los grilletes se cerraron sobre las muñecas de Leandro Vázquez de Gallegos. El Alguacil cerró las esposas duramente y apretando con malicia,...